Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

El curso que Asturias no puede perder

Las próximas batallas financieras y presupuestarias europeas que se avecinan

Susana Solís es eurodiputada del PP

Septiembre siempre tiene algo de comienzo. Vuelven las rutinas, las aulas recuperan el ritmo y la política inaugura un nuevo curso. Pero para Asturias este no será uno cualquiera: tenemos a la vuelta de la esquina unas elecciones decisivas para el rumbo de nuestra región.

Y, al mismo tiempo, en Bruselas se tomarán decisiones que acabarán notándose aquí, en una explotación ganadera de Tineo, en una fábrica de Avilés, en El Musel o en una cofradía del occidente. Por eso Asturias no puede limitarse a mirar mientras otros deciden por ella.

La primera gran batalla será el próximo presupuesto europeo para 2028-2034. Puede parecer una discusión de cifras, pero detrás están las ayudas a nuestros agricultores y ganaderos, los fondos para la pesca y las inversiones que llegan a nuestros municipios y empresas. Hay motivos para estar alerta: la Comisión propone concentrar buena parte de los actuales fondos europeos en grandes planes nacionales gestionados por los gobiernos. Nuestra posición es clara: no aceptaremos recortes ni que Asturias pierda capacidad de decisión sobre unos recursos que hoy cuentan con garantías europeas.

Y aquí Pedro Sánchez no puede esconderse detrás de Bruselas. El presupuesto europeo exige la unanimidad de los Estados y España debe negociar sin tibiezas, incluso estando dispuesta a bloquear un mal acuerdo si fuera necesario.

Pero defender Asturias en Europa no consiste solo en proteger fondos. También significa conseguir las condiciones para que nuestra industria pueda competir. Necesitamos una política industrial de verdad, no una sucesión de anuncios que rara vez pasan del titular. Mientras nuestras empresas pagan una energía más cara que muchos de sus competidores, Francia y Alemania movilizan ayudas y pelean por inversiones estratégicas que también queremos aquí, como las de ArcelorMittal.

Y competir exige algo tan básico como disponer de energía suficiente y de una red capaz de llevarla hasta las fábricas. No podemos pedir a nuestra industria que se electrifique mientras infraestructuras esenciales como el Anillo Central siguen inacabadas. Tampoco podemos afrontar la descarbonización desde la ideología. Hace falta pragmatismo: utilizar todas las tecnologías disponibles -también la nuclear, como ahora reconoce Teresa Ribera desde Bruselas- y dar a las empresas tiempo para transformarse sin dejar fábricas y empleos por el camino. Si producir aquí resulta más caro mientras fuera se compite con menores costes y exigencias, no estaremos reduciendo emisiones: estaremos trasladando la producción fuera de Europa.

Y de poco sirve tener una industria competitiva si después no puede sacar sus mercancías al mercado. Ahí entra otra de nuestras grandes asignaturas pendientes: las infraestructuras. Pocas cosas resumen mejor nuestros problemas que el Corredor Atlántico. Si el tramo León-Oviedo-Gijón no está plenamente adaptado en 2030, Asturias volverá a quedar discriminada por la falta de ejecución del Gobierno de España. Bruselas debe exigir que se cumpla y yo seguiré presionando para que así sea. Porque un corredor europeo se mide por trenes que circulan y mercancías que llegan a puerto, no por planes que se anuncian una y otra vez ni por mapas coloreados.

La nueva política europea de defensa abre además otra oportunidad industrial que Asturias no puede dejar pasar. Europa está aumentando su inversión ante una amenaza creciente de sabotajes, ciberataques y una guerra a nuestras puertas, y nuestra región tiene capacidades en sectores como el naval, los materiales o la fabricación avanzada que pueden y deben formar parte de ese esfuerzo.

Ahora bien, atraer inversión, modernizar industrias o aprovechar nuevos fondos será mucho más difícil si seguimos ahogando cada proyecto entre trámites. Por eso dedicaré buena parte de este curso a otra batalla menos vistosa, pero fundamental: simplificar las normas europeas. A la izquierda parece molestarle incluso la palabra, aunque Europa se ahogue en burocracia y complejidad. Nosotros no vamos a tener miedo a simplificar porque eso significa evitar que una empresa presente tres veces la misma información, que una inversión se eternice entre permisos o que un ganadero dedique más tiempo al papeleo que a su explotación.

Como negociadora en el Parlamento del paquete de simplificación ambiental, esta será una de mis prioridades: mantener los objetivos, pero con normas más claras, proporcionadas y eficaces. Europa tiene que volver a facilitar que las cosas ocurran.

Al final, todos estos debates hablan de lo mismo. Asturias tiene industria, puertos, energía, recursos naturales, universidad y talento. No estamos condenados al declive. Pero recuperar el liderazgo exige bastante más que gestionar la inercia. Hace falta un Gobierno de España dispuesto a defender nuestros intereses en Europa y un Gobierno asturiano dispuesto a defenderlos ante Madrid, en lugar de callar para no incomodar a Sánchez. Estar en las reuniones no basta, hay que conseguir resultados.

Ese será también mi compromiso durante el curso que empieza: defender en Europa a quienes producen, emprenden, trabajan y quieren construir aquí su futuro.

Asturias tiene mucho que ganar en las decisiones que vienen. Y demasiado que perder si vuelve a llegar tarde.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents