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Clamor por la verdad

La cuestión ya no es solo qué ocurrió en Ceuta, sino por qué el Gobierno se empeña en contarnos que sucedió otra cosa. El informe de la Policía Nacional remitido a la Audiencia Nacional –Interior no se molestó parece ser en solicitarlo– apunta a la intervención de gendarmes marroquíes, uniformados y de paisano, que habrían guiado a los invasores hacia determinados puntos de entrada en una operación destinada a colapsar la frontera española. El documento refleja una acción planificada y aporta imágenes, testimonios y material de redes sociales que no ofrecen demasiadas dudas. Y, sin embargo, Pedro Sánchez seguía hasta ayer mismo instalado en el relato de la cooperación marroquí. Hace apenas unos días aseguró que no existía información de los servicios de inteligencia que alumbrase participación de las autoridades de Rabat y elogiaba una supuesta "cooperación instantánea" de Marruecos una vez desencadenada la crisis.

Y es aquí donde surge la pregunta incómoda: ¿qué sabe el Gobierno que desconocemos los demás? Si Marruecos fue, como mantienen Sánchez y sus ministros, un socio ejemplar en la devolución de quienes invadieron Ceuta, eso no borra la posibilidad de que determinados aparatos de su Estado facilitaran previamente la entrada. Una cosa no desmiente necesariamente la otra. Más bien podría formar parte de la misma estrategia, que consiste en abrir la compuerta y después ayudar a cerrarla.

Lo verdaderamente desconcertante es que el Gobierno parezca más preocupado por no incomodar a Rabat que por aclarar qué sucedió en territorio español. Quizá porque desde el giro de Sánchez sobre el Sáhara Occidental la relación con Marruecos se ha convertido en una pieza demasiado delicada de su política exterior. Puede que por otros motivos inconfesables. Si el informe policial acaba acreditando que agentes marroquíes participaron en la operación, habrá que explicar por qué durante un mes se sostuvo lo contrario. España, mientras tanto, es un clamor contra Sánchez.

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