Ribadesella, Rebeca AJA
Primero fueron las «letizias» y ahora los «mingolates». Ángel Ampudia, confitero de Ribadesella, no aventura preferencias, pero no descarta que los segundos desbanquen a las primeras a la hora de llevarse a la boca un dulce típico de la villa riosellana. Si las nupcias de Letizia Ortiz dieron lugar a la elaboración de unos oportunos dulces bautizados con su nombre, ahora la historia de Ribadesella dibujada por el humorista Antonio Mingote ha dado pie a los «mingolates».
Seis chocolatinas con seis envoltorios distintos que responden a cada uno de los seis murales que narran la historia de Ribadesella a través de la mirada de Mingote: la Prehistoria, la Edad Media, el Renacimiento, la Guerra de la Independencia, la Emigración y la Modernidad. La idea partió de Ángel Ampudia, pero éste reconoce que buena culpa de la excelente aceptación que está teniendo entre los clientes se debe a la labor de «marketing» de su hija Cynthia, diseñadora gráfica y «alma» de la presentación del producto. Una labor de cartelería y un cuidado envoltorio aportan un valor añadido a la chocolatina.
Ángel Ampudia constata que se vende antes la chocolatina que la visita a los murales: «La gente pregunta qué es esto de los "mingolates" y cuando les explicamos que tiene que ver con los murales que están en el paseo de la Grúa de Ribadesella se animan a visitarlo», explica Ampudia. Así que, en parte, reconoce que los «mingolates» se han convertido en una nueva fórmula de promoción de la obra de Mingote en la villa riosellana. «La forma más dulce de recordar la historia» es el eslogan de presentación de los «mingolates», elaborados artesanalmente y puestos a la venta en tres variedades: chocolate negro, con leche y blanco. Cada chocolatina ronda los cien gramos de peso y cuesta algo menos de tres euros. Así que, si usted pasa por Ribadesella, pida un «mingolate» y, a ser posible, cómaselo recorriendo el paseo de la Grúa, para complacer al paladar pero también a la curiosidad.