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Cumpleaños de plata de la gran riada

Las intensas lluvias del 25 de agosto de 1983 causaron graves pérdidas en Cangas y Llanes

Aspecto de Cangas de Onís el 25 de agosto de 1983, anegado por la lluvia.

Aspecto de Cangas de Onís el 25 de agosto de 1983, anegado por la lluvia. / archivo

Marta F. SARMENTERO

Oviedo,

Puentes arrasados, bajos inundados, fallos en los servicios eléctricos y telefónicos y pueblos totalmente devastados. Éste era el panorama del norte de España hace hoy 25 años. Unas terribles inundaciones asolaron la costa cantábrica el 25 de agosto de 1983, dejando 35 muertos y daños superiores a 500 mil millones de pesetas. «Pensamos que nos íbamos a quedar sin nada. Por la cocina flotaban el televisor y la nevera y nosotros veíamos que no podíamos hacer nada por salvar nuestros enseres. Menos mal que ocurrió de día, ya que sino se podía haber producido una auténtica desgracia», declaró a LA NUEVA ESPAÑA una anciana de Benia, capital del concejo de Onís, tras la catástrofe.

Las lluvias azotaron especialmente la zona oriental del Principado, donde llegaron a caer setenta litros por metro cuadrado. Desde el mediodía hasta las cinco de la tarde los intensos chubascos provocaron numerosas inundaciones e incomunicaciones. El desbordamiento de los ríos causó graves daños en el oriente de la región. Las crecidas del Bedón y el Güeña dejaron sin nada a muchos vecinos de Cangas de Onís y Llanes, los concejos más afectados por las inolvidables inundaciones del 83.

En Cangas de Onís, 250 personas tuvieron que ser evacuadas, las lluvias dejaron a los vecinos sin suministro eléctrico ni telefónico y las carreteras fueron cortadas, por lo que muchos quedaron totalmente incomunicados. Dos piscifactorías de la zona oriental fueron arrasadas por el agua causando a sus propietarios pérdidas de más de cuarenta millones de pesetas.

En Llanes el desbordamiento del río Bedón causó grandes pérdidas en la ganadería y la agricultura. Los vecinos hicieron todo lo posible por salvar su ganado, pero en muchos casos no fue posible. «Las cosechas no las vamos a recuperar, ni el forraje, ni las gallinas, ni los cerdos», se lamentaba un damnificado. Las aguas arrasaron un camping, llevándose a su paso una caravana y 15 tiendas de campaña. La crecida del río despertó el pánico.

El pueblo de Rales fue uno de los más sacudidos por las inundaciones, la riada destruyó el puente que comunicaba las dos partes del municipio, que tuvo que ser reconstruido.

La capital del Principado también sufrió lo suyo. Varios establecimientos comerciales y hosteleros de la ciudad sufrieron importantes pérdidas económicas, pero las inundaciones, que llegaron a los 24 litros por metro cuadrado, quedaron controladas a primera hora del mediodía en Oviedo.

Las inundaciones ocasionaron más de 1.500 millones de las antiguas pesetas de pérdidas en Asturias: 500 millones en Cangas de Onís, el concejo más afectado por la catástrofe. Entre 200 y 300 familias sufrieron las consecuencias de las lluvias en el oriente de la región. La riada permitió al entonces concejal Antonio Trevín, actual delegado del Gobierno en Asturias, ganarse el sillón de la Alcaldía de Llanes. Durante aquellos días se calzó las botas, recorrió los pueblos y se entrevistó con las víctimas. En 1987 los llaniscos lo eligieron regidor.

Pero la peor parte se la llevó el País Vasco. Durante varios días Bilbao sufrió una de las peores inundaciones de su historia, que estos días se recuerda en sus calles con carteles y fotografías. El 26 de agosto fue la jornada más trágica, el agua arrasó con todo lo que pillaba a su paso en una ciudad que quedó destruida.

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