Santander, Agencias / R. DÍAZ

«Güela» no quiere morir sola. Esta osa, vieja, desdentada y casi ciega, prefiere el calor humano a la libertad. Su comportamiento inusual -buscaba la compañía humana- ha obligado a capturarla en los montes de Liébana, en Cantabria, donde había sido soltada unos meses atrás. «Güela» -es el nombre que le han puesto en Cantabria- pasea de nuevo sus 120 kilos de peso por el parque de la naturaleza de Cabárceno, aparentemente bien de salud, pese a los achaques propios de su edad, tranquila y relajada, aunque en permanente estado de alerta. Su futuro es incierto. Dentro de ocho o diez días, cuando haya metabolizado por completo la anestesia que se le suministró para capturarla, será dormida de nuevo y sometida a un chequeo para conocer en profundidad su estado de salud, explicó Santiago Borragán, coordinador de los servicios veterinarios del parque de Cabárceno.

Borragán destacó que la osa es «muy vieja», por lo que el hígado y el riñón no eliminan los efectos de la anestesia con la rapidez con que lo harían los de un ejemplar joven. «Güela» ronda los 24 o 25 años (correspondientes a casi 100 años en un humano), de modo que ha superado la esperanza de vida que tienen estos animales en libertad, ya que en cautividad viven más.

Una vez examinada, serán los responsables de la empresa pública que gestiona Cabárceno, Cantur, o de la Dirección General de Biodiversidad cántabra los que decidan sobre el futuro de la osa; esto es, si se queda en Cabárceno o se devuelve a su hábitat natural. De momento, permanece en la zona de cuarentena del parque de la naturaleza, una instalación «segura», por lo que no precisa ningún tipo de vigilancia, ya que no hay riesgo de que se escape, ni de contacto directo con otros osos.

Los cuidadores sólo la ven una vez al día para no molestarla y para que siga tranquila, pues llegó a Cabárceno «un poco nerviosa y excitada». Aprovechan las visitas para limpiar el recinto y echarle comida. El veterinario que la atiende ha señalado que en el parque recibe la misma alimentación que tenía en los bosques lebaniegos: principalmente, frutos secos, como nueces, castañas o bellotas de roble.

Según el veterinario, «Güela» es una «superviviente» y su avanzada edad «demuestra lo lista que es». No han podido con ella ni los cepos, ni los lazos, ni los disparos de los cazadores furtivos, tan habituales cuando nació, en los años ochenta. El veterinario de Cabárceno ha reconocido el «cariño» que se tiene a esta «anciana» osa, que representa un «valor enorme» para la especie. Las pruebas de ADN que se le practicarán permitirán conocer, por ejemplo, el número de hijos y parientes que tiene.

La osa fue capturada entre los montes de Bárago y Lomeña, en Liébana, en las inmediaciones del parque nacional de los Picos de Europa, tras haberse observado un comportamiento «inusual» y «anómalo», distinto al del resto de osos pardos silvestres, pues no rehuía la presencia del hombre y tampoco se llegó a mostrar «agresiva» en ningún momento. Además, apenas ve y ha perdido casi por completo su olfato, debido a su avanzada edad. «Güela» tuvo en los últimos meses «encuentros casuales» con excursionistas, senderistas y ganaderos.

«Güela» ya había sido capturada el pasado verano en Palencia, en muy mal estado, y se recuperó posteriormente en Cabárceno. Entonces caminaba con mucha dificultad y estaba muy enferma. «Se estaba dejando morir», señaló el veterinario. Pesaba sólo 52 kilos y tras su recuperación en Cabárceno alcanzó los 106. Ahora ronda los 120 kilos.

Esta vez, la captura, que concluyó el pasado miércoles por la noche, se ha desarrollado tras tres semanas de seguimiento y control, con la participación de efectivos de los gobiernos central, de Cantabria y del Principado.