15 de agosto de 2012
15.08.2012

Luis Bardales, plusmarquista de la amistad

Premio a un riosellano y ciudadano ejemplar

15.08.2012 | 02:00
Luis Bardales, plusmarquista de la amistad

«En reconocimiento a una historia viva del piragüismo riosellano, a su colaboración en la fundación de la Asociación Cultural «Amigos de Ribadesella» y al reflejo de su buen hacer tanto en su faceta deportiva como personal». Así reza el acta del jurado que otorga a Luis María Díaz Bardales el galardón «Farín 2012» que nos ha reunido para rendir homenaje a este riosellano ejemplar y a este «ejemplar riosellano».


Permitidme que pase de puntillas por sus numerosos éxitos y hazañas deportivas para centrarme en sus méritos personales. Si los primeros, los que le han convertido en historia viva del piragüismo riosellano y español, son muy prolíficos, los segundos, los de su buen hacer en su faceta personal, son mucho más profundos, convirtiéndole en un auténtico plusmarquista de la amistad.


Luisín Bardales nació en El Cobayu, dos décadas antes del gran desarrollo urbanístico que dimensionó este popular barrio riosellano. Nació en el seno de una humilde familia con profundas raíces en el oriente asturiano, siendo el cuarto de seis hermanos: José María, Ana y Ángel, que le precedieron, y Javier y Tere, que llegaron después. Su madre, Ana, era originaria de Alevia, en Peñamellera Baja, y ya bastante tarea tuvo con criar a sus seis hijos mientras su padre, José María, natural de Calabrez, ejercía como secretario del Juzgado de Ribadesella.


Del Cobayu, la familia se trasladó posteriormente a vivir a otro emblemático barrio riosellano, el Portiellu, en la casona que hoy ocupa el Bar Volante y desde la cual disfrutaba de una privilegiada tribuna sobre el campo de fútbol de Las Rollas, que le animó a practicar este deporte llegando a jugar en el equipo del Colegio San José y colgando las botas luego como fino interior en el equipo de San Martín de Collera en 1964.


Además del Colegio San José, Luisín estudió en las Dominicas y se marchó interno, junto con sus hermanos, al colegio de los jesuitas en Carrión de los Condes (Palencia), para estudiar el Bachillerato. Allí fue donde surgió la vocación sacerdotal de su hermano José María, que nos dejó recientemente aunque su memoria y su legado permanecerán siempre vivos entre todos aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerle ya que su trayectoria vital fue un fiel ejemplo de dedicación a los demás y de implicación en trabajar siempre por los más desfavorecidos socialmente.


El primer contacto de Luisín con la piragua no contó con la bendición paterna. Su padre, José María, no entendía qué hacía aquel «rapacín» de apenas quince años corriendo a las ocho de la mañana para subir a la ermita de la Virgen de Guía. Participó por primera vez en el Descenso del Sella en 1960, remando en K2 junto con Álvaro Llano en una embarcación llamada «Estela» por el equipo de la Sociedad Cultural y Deportiva de Ribadesella y llegando en el puesto 38 de la clasificación general y el primero en categoría de juveniles, logrando así en el roto puente de Toraño su primer título nacional como campeón de España junior en descenso de río.


Al año siguiente, en 1961, renovó el título y llegó a la meta del puente de Ribadesella en el puesto 16, que mejoró en 1962 al ocupar el 12 tras haber volcado en la salida de Arriondas. En 1963, esta vez formando pareja en K2 junto a Elías Sánchez, alcanzó la novena posición. En 1964 Luisín pasó a remar en K1 y ocupó la primera posición como español y el vigésimo segundo en la clasificación general. En 1966, con Juan Montes como compañero, alcanzó el séptimo puesto, posición que mejoró en 1967, al lograr la segunda posición junto con Juan Manuel Feliz, otro histórico piragüista riosellano que llegó a ser seleccionado para participar en la Olimpiada de México de 1968.


Todo esto que les he contado han sido sus éxitos en el Sella, pero donde Luisín tuvo mayor gloria deportiva fue en aguas tranquilas. En 1961 consiguió en Avilés tres campeonatos de España, en 500 y 800 metros con Álvaro Llano en K2, y en 800 metros en K1. En 1962, en Santoña, fue subcampeón de España junior en K1 en ambas distancias, y en 1963, en Madrid, que no tiene mar pero sí varios pantanos, consiguió todos los títulos en juego -cuatro- al proclamarse campeón en K1 y K2 con el gijonés Mario Argüelles.


En 1964, en Sevilla, logró el campeonato en K1, K2, y K4. Y en K5 porque no existía. En 1965, ya dejó de ser juvenil y pasó a competir en categoría senior no dejando de subirse al podio. Ese mismo año, en Valencia, se proclamó campeón de España en 1.000 metros en K2 junto al avilesino Cueto y quedó subcampeón en la misma distancia en K1. Al año siguiente, en 1966, en Bañolas, junto con Juan Montes, que le doblada la edad, se proclamó campeón de España K2 en 1.000 y 10.000 metros y también consiguió ser primero en K1. En su último año compitiendo, en 1967, consiguió otro subcampeonato, dando ejemplo de saber retirarse en el momento oportuno.


En resumen, este paisanín que tenemos aquí sentado se proclamó campeón de España de piragüismo en 18 ocasiones, 13 en categoría juvenil en aguas tranquilas y 5 como senior en descenso de río, sin contar los primeros puestos logrados en las competiciones de San Vicente de la Barquera, en el parque del Retiro, en el río Manzanares, en la ría de Foz (Lugo), en la ría de Villaviciosa o en el lago Enol con motivo de la Fiesta del Pastor.


En competiciones internacionales, cabe destacar que Luis participó en 1964 en el Campeonato de Europa celebrado en la extinta Yugoslavia consiguiendo el hito de clasificarse para la final formando pareja con el sevillano Alonso. Ese mismo año participó en París en el match España-Francia alcanzando la segunda posición y en 1967 participó en el Campeonato de Europa celebrado en Duisburgo, en Alemania. Su condición de atleta con proyección le hizo estar enchufado para hacer la mili en el Cuartel del Ejército del Aire, en Getafe, donde coincidió con futbolistas de renombre como Grosso y Pirri y algún que otro torero famoso, y le llevó a defender los colores de la Región Aérea Central cuando compitió en el Sella con Juan Manuel Feliz en 1967 alcanzando el segundo puesto de la clasificación general.


Cabe señalar que Luis estuvo seleccionado para participar en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964, pero España decidió eliminar la hípica y el piragüismo por falta de presupuesto. Asimismo, también fue preseleccionado para asistir a los JJ OO de México 1968, pero se retiró un año antes.


La vida de Luisín está claramente marcada por el agua, ya que nació en El Cobayu, a la vera del río Sella, fue un destacado piragüista y, por si fuera poco, cuando cuelga la piragua, se dedica a la pesca y es entonces cuando pesca o se deja pescar por Conchita Collín, su esposa, gracias a la cual se convierte en un experto pescador de trucha y salmón, ejerciendo esta actividad en países como Noruega y Canadá, donde llegó a pescar en 1995 un total de diecisiete salmones.


Ahora, a sus 67 años, sigue en contacto con el agua practicando una hora diaria de natación para mantenerse en forma y, asimismo, sigue sacrificándose, en este caso desde el sofá, madrugando y trasnochando para no perderse ninguna retransmisión deportiva por televisión, y muy especialmente los partidos de Rafa Nadal.


En 1964 LA NUEVA ESPAÑA le concede el galardón de «Asturiano del año» por su carrera deportiva y por ser un ejemplo de «fair play», posteriormente, también fue premiado por la Fundación Municipal de Deportes de Ribadesella.


En 1986, fue uno de los fundadores de la Asociación Cultural «Amigos de Ribadesella», junto con Adolfo Casero y Juan Sánchez París, en torno a una botella de anís de guindas de Los Serranos que le había regalado su amigo José Luis Serrano. El objetivo inicial era crear unas becas para investigar la historia de Ribadesella. El apoyo de su hermano José María fue fundamental para crear una comisión conjunta que agrupase a vecinos del pueblo con los veraneantes para poner en marcha la asociación. Con el apoyo del Banco Herrero, entidad en la que trabajaba Luisín, se publicó el libro «Ribadesella ayer», que significó la puesta en marcha de la asociación.


Su humildad y sencillez, siempre dispuesto a hacer un favor y ayudar a los demás, le hizo ganarse el cariño no sólo de sus vecinos y clientes de la librería que la familia regentaba en la Gran Vía, que le bautizaron para siempre como «Luisín, el de los periódicos», sino también el de sus compañeros del Banco Herrero, de las decenas de ahijados que apadrinó en Ribadesella durante su etapa como monaguillo y de todos sus amigos de Oviedo y Ribadesella.


En definitiva, todos sus éxitos deportivos no son comparables con el amor y cariño que ha desprendido hacia los demás y que le convierten en el plusmarquista de la amistad. Ya es hora que reciba un poco de todo lo que ha dado. Y nada mejor que esta entrega del «Farín 2012» para recompensarle con el fruto de todo lo que ha sembrado a lo largo de tu vida.


Su esposa, Conchita; sus hijos, Mercedes, Marta y Luisín; sus otros hijos Fernando, Ramón y Esther, y sus nietas Lola, Marta y Luis, deben estar muy orgullosos de que este marido, padre, suegro y abuelo ejemplar sea reconocido también por sus cualidades humanas como un ciudadano también ejemplar que ha contribuido, en silencio, sin ningún afán de protagonismo, a formar parte de la verdadera intrahistoria, que diría don Miguel de Unamuno, de su villa natal, Ribadesella, que es su gran amor incondicional junto al de su familia.


Enhorabuena a la Asociación de Amigos de Ribadesella por esta acertadísima elección de reconocer los méritos personales de Luisín y animarles para que sigan trabajando desde la sociedad civil en esa labor altruista que, desgraciadamente, no siempre es debida ni suficientemente reconocida.


Y a ti, Luis, desearte mucha salud para que sigas disfrutando de tu familia y de tus amigos, y que también nosotros podamos disfrutar contigo. Una persona muy cercana a ti me comentaba días atrás que una de tus principales virtudes era que siempre se podía contar contigo. Quiero que sepas que tú también puedes contar con todos nosotros, plusmarquista de la amistad, para devolverte una parte de todo lo que nos has dado. Sigue haciendo el bien y no mires a quién. Felicidades por este merecido premio que, me consta, para ti es muy especial.

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