03 de octubre de 2012
03.10.2012

La casa del queso en Cangas

La tienda almacén Quesos Aquilino lleva más de 145 años dedicada a la venta de un producto que contribuyó a prestigiar

03.10.2012 | 02:00
Clientes observando los productos del interior de la tienda canguesa.

Cangas de Onís,


Alba SÁNCHEZ R.


Vender los afamados quesos de gamonéu, cabrales y beyos es común actualmente en pequeñas y grandes tiendas en cualquier rincón del Principado, incluso en las grandes ciudades del territorio español. Pero es un producto muy nuevo para la mayoría de esos establecimientos. Sin embargo, hay quien puede presumir de haber sido uno de los impulsores de la venta y distribución de estos productos y pocos pueden llevar ese mérito tan a gala como la tienda Quesos Aquilino, de Cangas de Onís, que lleva más de 145 años ofreciendo los productos más representativos de nuestra región.


Quesos Aquilino tuvo unos inicios muy rudimentarios, pero cuidando mucho el producto, allá por medidos del siglo XIX, cuando la parraguesa María Alonso, de la localidad de Bada, viajaba de un lado a otro en carromato, comprando quesos y mantequillas que luego vendía en su propia casa y a las mantequeras de Gijón, Villaviciosa, Oviedo y Arriondas, y, cómo no, en el mercado dominical de Cangas de Onís. Más tarde, su nieta, Avelina Vázquez, nacida en el año 1900, se casó, a los 18 años, con Aquilino Sánchez, natural de la localidad pongueta de Sobrefoz, y se instaló en el barrio cangués de El Fondón, donde continuó con el negocio de María, que cambió su nombre inicial por el de Quesos Aquilino.


La tienda resultó destruida en 1938, durante la Guerra Civil, y fue reabierta en su ubicación actual, en la avenida de Covadonga. El matrimonio vendía en los mercados y es en esa época, en los años cuarenta del siglo pasado, cuando Aquilino Sánchez decide, junto al entonces alcalde cangués, Antonio González-Capitel, poner en marcha un concurso de quesos, considerado hoy como uno de los más antiguos de España, con más de 70 años de historia. La idea era resaltar un producto de categoría que hasta ese momento no gozaba de prestigio en la cocina por ser considerado demasiado artesanal y quizás algo falto de higiene. Para echar por tierra esas ideas preconcebidas, se deciden a montar el concurso en un segundo plano junto a la feria de ganados que se celebraba en la ciudad, muy afamada en toda Asturias y en el norte de España y en la que el Ayuntamiento ofrece premios por valor de 1.000 pesetas para los mejores sementales de ganado y para el mejor queso del puerto.


Hacia 1958 coge las riendas del negocio el hijo de Aquilino, Aquilino Sánchez Vázquez, en un momento en el que se empiezan a conocer más los quesos de Asturias. Por aquel entonces pocos se atrevían a distribuir productos perecederos.


La misma sucesión de generaciones se produce, en paralelo, en los elaboradores, que siguen confiando en la casa para que distribuya sus productos. Aquilino instruía sobre los quesos de manera desinteresada y, ante su fama de ser una de las personas con mayor conocimiento de la materia y la falta de documentación al respecto, era reclamado en todos los rincones del Principado. A su muerte, su viuda, Berta Cayarga, siguió con el negocio; en mayo de 2008 recibió el reconocimiento a toda su trayectoria de mano de la Cofradía de Amigos de los Quesos de Asturias, que le concedió el premio «Excelencia Gourmet». Hoy es Maria Jesús Sánchez Cayarga, tataranieta de María, la que sigue con un negocio que conserva el encanto tradicional de otros tiempos.

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