Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Balmoriano a flor de piel

Homenaje en Balmori al dermatólogo José Sánchez del Río

José Sánchez del Río.

José Sánchez del Río. / nacho orejas

Higinio del Río

Aunque ya casi ni nos acordamos, hubo un tiempo en el que los políticos, aún lejos de la inquietante degradación que arrastran actualmente, tenían buena prensa. José Sánchez del Río (Caborana, 1944) se metió en política de la mano de Adolfo Barthe Aza y Emilio García Pumarino, en uno de los momentos cruciales de la historia reciente de España, y vivió una experiencia ilusionante. Ocupó la secretaría de organización de la Unión de Centro Democrático (UCD) en Asturias y auscultó la anatomía de la región. Sin la menor aspiración a perpetuarse en aquello, actuó con la eficacia que exigían las circunstancias de la transición. Pateó caleyas, escuchó a la gente, maniobró y templó en un ring en el que todavía funcionaban códigos éticos, que hoy tanto se echan de menos en el gallinero político.

En UCD convivían familias de variopinto plumaje, y él pertenecía al ala socialdemócrata, que lideraba Francisco Fernández Ordóñez. Fue concejal en Aller, y contribuyó después a fundar en Asturias el Centro Democrático y Social (CDS), el último baluarte de Adolfo Suárez. En 1977 se produjo un episodio que habla a las claras de cómo se las gastaba el doctor: se iba a constituir la mesa de edad en el Palacio de la Diputación Provincial, y el Grupo Socialista daba por hecho que la Presidencia, por edad de uno de los suyos (Paniceres, de Gijón), no se le iba a escapar de las manos. Pero apareció Sánchez del Río, ágil de reflejos, introduciendo en la palestra a un octogenario de Caldueño que acabaría siendo presidente durante un mes. A aquel buen señor, José Puerta, le pusieron al lado un asesor y cumplió un digno y discreto papel, haciéndose notar lo justo y prácticamente sin decir esta boca es mía.

Balmoriano a flor de piel

Balmoriano a flor de piel

Sánchez del Río habría sido un buen director general de algo, pero prefirió limitar su aventura política a unos diez años. A diferencia de Gaspar Llamazares, por ejemplo, siempre antepuso su bendita profesión de médico a cualquier otra vaina. El doctor, que tiene raíces llaniscas (su abuelo materno era de Llamigo), ha alcanzado en la medicina prestigio y reconocimiento. Jefe del servicio de dermatología del Hospital de Cabueñes, socio fundador y presidente de la Sociedad Asturiana de Dermatología Médico-Quirúrgica y Venerología y profesor asociado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo, en junio presidió el comité organizador del 40.º Congreso nacional de dermatología y venerología, celebrado en el Palacio Calatrava. De él no nos paran de llegar advertencias para encauzar nuestros hábitos de vida: «Una exposición excesiva al sol adelanta en 20 años el envejecimiento de la piel y causa lesiones precancerosas», nos dice; «el bronceado es el primer síntoma de alarma»; «de 10 a 14 horas no debe tomarse el sol, porque la incidencia de sus rayos sobre la piel es mucho más fuerte»; «meterse debajo de una sombrilla no nos protege, debido a la reflexión de los rayos ultravioleta sobre la arena»; «la sífilis aumentó un 30 por ciento en cinco años».

A este hombre se le escucha y se le quiere. Hace tres décadas que los llaniscos le tenemos entre nosotros, en un tranquilo microcosmos del concejo, metido en la dermis de Balmori, disfrutando y participando de un mundo lleno de alicientes: un itinerario jacobeo, una arquitectura indiana, unas tradiciones conservadas con esmero, una imponente joguera levantada hasta la puerta de los dioses, la feria de Santa Dorotea y un alcalde pedáneo imprescindible que se llama Juan Antonio González Blanco. Allí tiene su segunda vivienda el médico. Es un balmoriano más. Hace unos días, sus vecinos, con González Blanco a la cabeza, le homenajearon con motivo de su jubilación. Todo el pueblo estaba allí para agradecerle, a flor de piel, su vecindad y su amistad.

Tracking Pixel Contents