13 de agosto de 2014
13.08.2014

Llau, refugio de la cuenca del Sella

Una cueva de la localidad sirvió de cobijo a vecinos de Arriondas y Cangas de Onís durante la Guerra Civil

13.08.2014 | 02:06
Por la izquierda, Soto, Laria, San Martín y Cándido Nava, en Llau.

A 7,8 kilómetros de Arriondas y a 6,6 de Cangas de Onís, una cueva de la localidad parraguesa de Llau sirvió a los civiles de ambas poblaciones de refugio durante la Guerra Civil. Lo recuerda Belarmina Laria, nacida en Llau hace 83 años y refugiada más de una vez en la gruta, hoy empleada por el propietario de la finca para curar quesos que elabora con leche de sus ovejas.

"Cuando íbamos para la cueva y oíamos los aviones zumbando echábamos a correr", rememora Laria antes de añadir que cuando llegó el "ejército moro" enviado por Franco, los marroquíes reclutados por el dictador, "no dejaban una gallina, las robaban y se metían por las tierras para robar patatas". En Llau se vivía de cultivar la tierra y de la ganadería, una actividad de la que hoy quedan dos profesionales entre los cuarenta vecinos que viven en las 22 casas habitadas todo el año.

Más de 70 años después de la contienda, la localidad escribió hace unos años otro capítulo de la historia local, mucho más afortunado que el anterior. Los actuales reyes de España (entonces príncipes de Asturias), Felipe VI y Letizia, estuvieron por la zona visitando la capilla de los Mártires, en la vecina San Martín de Bada. "Vi un coche y dije '¡pero si é Felipín!'", exclamó Ángel San Martín, quien entonces no dudó un instante en coger su furgoneta y bloquear, a propósito, el paso de los príncipes a su regreso de un paseo por los montes cercanos. "Así por lo menos los vi ventanilla con ventanilla", relata el parragués, de 73 años, antes de añadir que la actual reina Letizia les ordenó que se apartasen, mientras Felipe VI les sonrió. Tamara Soto, nieta de Belarmina, escucha divertida la historia real y apunta que le encantaría vivir en Llau si pudiera. "Nos criamos aquí toda la vida y si pudiera viviría y trabajaría aquí, encantada", relata la bióloga. Desde Llau se ven "más de cincuenta pueblos", destaca San Martín, que ha visto cómo la localidad cambió "un abismo" en las últimas décadas. Él mismo trabajó hace 55 años en la construcción de la carretera, donde le pagaban "trece duros diarios". La luz llegó después, hace menos de cuarenta años, y la traída del agua la construyeron los vecinos hace menos todavía.

Con todo, hay un servicio que aún no ha llegado, el del saneamiento. "No lo hay ni tenemos esperanza de que lo haya", afirma el parragués, antes de explicar que cuando comenzaron el de Vallobil en el Ayuntamiento les dijeron que "no era imposible, pero al estar las casas muy dispersas cuesta mucho y eso no hay quien lo financie". Otra de sus reclamaciones es la reparación de la capilla de San Pachu, como cariñosamente llaman a San Francisco de Asís, cuya fiesta celebran el 4 de octubre. El templo está en una finca privada y aunque su dueño no pone impedimentos para que se oficien los festejos, no da permiso para repararla.

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