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Pendás, museo abierto de la Guerra Civil

La localidad parraguesa, que clama por el saneamiento, conserva dos nidos de ametralladora de los años de la contienda

María Teresa Sordía y Carlos Suco, en Pendás. P. M.

Un paseo por Pendás bien pudiera servir a un profesor de Historia para explicar a sus alumnos algunos aspectos de la Guerra Civil española. En la localidad parraguesa se conservan dos nidos de ametralladora y una cueva que sirvió de refugio para civiles y "fugaos". Carlos Suco es vecino y nacido en Pendás y rememora cómo cuando eran críos entraban a jugar en uno de los nidos, que formaba parte del cordón defensivo en el que el pueblo estaba inserto.

Una de estas construcciones está en el interior de una finca cuyos propietarios no quisieron desaprovechar este elemento de arquitectura bélica y lo habilitaron como bodega. El otro nido está enfrente, pero no guarda nada más que la memoria silenciosa de lo que allí sucedió. En la finca "Val de la cueva", apuntan Suco y su esposa, María Teresa Sordía, se refugiaron primero los civiles de la aviación y, finalizada la guerra, los "fugaos" que continuaron por el monte.

En aquel tiempo, principios del siglo pasado, vivían en Pendás casi un centenar de personas, muchas más de la treintena que residen en la actualidad. "Había mucha gente mayor que fue muriendo y ahora hay pocos que sean de aquí", explica Sordía antes de añadir que en la última década se construyeron bastantes casas nuevas en el pueblo.

Los nuevos vecinos llegan atraídos por la imponente vista que se tiene de Arriondas desde Pendás. Sin embargo, la localidad dista a tan sólo 1,8 kilómetros de la localidad parraguesa, una distancia que Suco recorría en apenas cinco minutos cuando era joven y transitaba por los atajos. Hoy buena parte de estos caminos están cerrados, pues pocos los frecuentan desde que a finales de la década de los sesenta construyeron la carretera a Arriondas.

La media de edad en Pendás es elevada, pues entre la treintena de habitantes tan sólo hay cinco jóvenes y niños. Antes, cuando las voces infantiles eran más frecuentes en el pueblo, sus habitantes se dedicaban al campo y a la ganadería y alguno ganaba un sueldo en industrias locales como la antigua fábrica de Arias o la tejera que estaba tras la factoría.

Traída propia de agua

Eran otros tiempos y las circunstancias obligaron entonces, hace más de treinta años, a que los vecinos construyeran su propia traída de agua, una obra que financiaron con la venta de la escuela. Todavía hoy se surten con esta traída, que les lleva el agua desde Picu Moru, más allá de Collía. En el pueblo existen dos fuentes, pero están "perdidas y abandonadas" y, a pesar de que tienen agua, no se utilizan. Con todo, los vecinos no tienen quejas sobre el servicio del agua y destacan que "incluso con la seca que hubo este verano, no faltó".

Sí tienen, sin embargo, una necesidad perentoria: el saneamiento. "Es lo que más falta hacía", subraya Carlos Suco antes de explicar que ahora se arreglan con pozos negros, pero salen a las alcantarillas de la carretera y a veces sí notan el olor, sobre todo si hace calor. La falta de este servicio se aprecia bien en la carretera que une Pendás con Arriondas, por donde se vierten desechos que debieran estar canalizados a través de un sistema de saneamiento. "Es lo más necesario", concluye el vecino. No estaría de más, añaden, algún punto de alumbrado público, pues "lo poco que hay sale de las casas, no es público", apunta Sordía.

Son cabeza de parroquia, la de Santiago de Pendás, y en el pueblo tienen una iglesia que se retejó hace unos cuatro años, quedando en muy buen estado. En ella celebran dos fiestas al año: el patrono local, Santiago, el 25 de julio, y Nuestra Señora de Fátima, el 13 de mayo. Hace muchos años que ninguno de los festejos cuenta con romería y verbena (la primera y más importante suele coincidir con el Bollu de La Peruyal), pero en la localidad parraguesa son fieles a ambas misas. A la primera en el año, la de Fátima, acuden muchos vecinos y feligreses de Arriondas.

Pendás no es un pueblo especialmente turístico, pero sí recibe las visitas frecuentes de visitantes, sobre todo extranjeros que recorren la "senda La Verde". A través de algo más de dos kilómetros, un hermoso trayecto -con inmejorables vistas- les une con la vecina localidad de Collía, con la que también están conectados a través de la carretera que se abrió para que varios pueblos del Sueve tuvieran salida durante la celebración de la subida al Fitu.

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