17 de diciembre de 2014
17.12.2014

El futuro de Soto de Dueñas está en el río

Los vecinos creen que la apertura de una piscifactoría para esturiones generará empleo y atraerá a la juventud

17.12.2014 | 02:08

Los vecinos de Soto de Dueñas, en Parres, miran con esperanza al río Piloña. En el está, dicen, su futuro. La apertura de la antigua piscifactoría para criar esturiones y fabricar caviar pondrá freno, defienden, a la despoblación que azota a la localidad, que en las últimas dos décadas perdió a la mitad de sus habitantes y que ahora cuenta con 45 vecinos frente a los 91censados en 1986.

"El 90 por ciento tiene más de 70 años, los jóvenes se marcharon a Arriondas o a trabajar en la Nestlé a Sevares porque aquí no podían labrarse un futuro", explica Aurelio Ferrero. "Esta iniciativa dará muchos puestos de trabajo y como hay alguna casa deshabitada igual se instalan parejas jóvenes que den impulso al pueblo", apunta. Su mujer, Dorita Villaverde, coincide con él. Ambos destacan las buenas comunicaciones que tiene el pueblo, que goza de parada de bus y de tren. El matrimonio vive en lo que antes se conocía como Casa Emilio Villaverde, uno de los cuatro bares que había en el pueblo junto a El Puente, el Bar de Nicho y Casa Allende. En este último, situado a pocos metros de la antigua escuela, se celebraban grandes bailes los domingos a los que acudía gente de Villar, Castiello, Prunales y Llames de Parres, según cuenta Pacita Martino, de 85 años. Aunque la traída del agua llegó al pueblo en 1964, esta vecina mantiene la costumbre de ir a por agua al lavadero de La Fuentina, que en abril de 2009 fue restaurado por miembros del taller de empleo Parres IV. "Hace medio siglo era también bebedero para vacas, pero ahora no queda ni una en el pueblo", explica esta vecina, que reconoce que la tradición ribereña de Soto de Dueñas viene de lejos. El coto de pesca de la localidad siempre gozó de popularidad por la abundancia de truchas, reos y salmones en sus aguas, según relata Javier García. "La presencia excesiva de cormoranes, nutrias y garzas hizo que disminuyera el número de ejemplares", lamenta este pescador.

Ángel Escandón siempre tuvo fama en el pueblo por las madreñas y angazos que hacía por encargo. En su cabaña del monte Carbayón daba forma a la madera de cerezo y haya. Su hija María del Mar, de 53 años, que perdió a su padre con sólo 16, aún guarda sus herramientas. No era el único artesano. Ramón el ferreru trabajaba en su fragua de la Quintana de Arriba, barrio también conocido como La Bolera.

El pueblo está dividido por la transitada carretera nacional N-634; por eso una de las reclamaciones de los residentes es la instalación de un paso de cebra. "Hay un límite de 70 kilómnetros por hora pero no lo respeta nadie y deberían rebajarlo a 50 porque aquí hay muchas personas mayores", explica Javier García.

Donde sí se pueden alcanzar velocidades de hasta 140 kilómetros por hora es en el karting de Soto Dueñas, propiedad del famoso piloto Javi Villa, situado en el límite con Piloña y uno de los principales motores económicos, junto a varias casas rurales y el merendero de La Huesal, regentado desde hace 38 años por José Manuel Escandón. "Al karting vienen hasta japoneses y chinos, y últimamente hay un repunte de mexicanos", explica Fermín Busto, que trabaja en él desde su apertura, hace 15 años. "Ayudó a poner el pueblo en el mapa", argumenta Adela Escandón, que vive encima de Les Escueles. Allí, a falta de una capilla, derribada hace más de 35 años por un coche, se refugian las imágenes de la Virgen del Carmen y de San Martín, por quienes se dice misa el 16 de julio y el 12 de noviembre, respectivamente. "Antes había bollos preñaos y gaita pero desde que murió el cura José Antonio Cernuda se perdió todo".

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