30 de enero de 2015
30.01.2015

La primera cara que vieron muchos parragueses

"Era muy buena y culta", destacan de Esther Gutiérrez del Valle sus vecinos, tristes por el fallecimiento de la matrona

30.01.2015 | 02:34

Durante años, en Parres, la mayoría de los bebés al nacer vieron la cara de Esther Gutiérrez del Valle, la popular matrona de la zona. Ella se estrenó con Luis Íñiguez Vega, el primer niño al que ayudó a venir al mundo: el 19 de noviembre de 1950. Ese niño, ahora con 64 años, es uno de los muchos que lloran la muerte de Esther, enterrada ayer en Arriondas, justo el día en que cumplía 97 años. "Era una mujer muy buena y adelantada a su tiempo", señala Luis Íñiguez Vega.

La matrona acudió asistió por primera vez un parto en la casa de sus padres, en el barrio de la Peruyal. Allí ayudó a dar a luz a Vicenta Vega. Desde entonces y hasta las años 80, fue la primera en ver la cara de la mayoría de bebés que nacieron en el concejo y alrededores. La nómina es larga y muchos estuvieron ayer presentes en su funeral. El alcalde parragués, Marcos Gutiérrez Escandón, es uno de los bebés de Esther Gutiérrez, junto al portavoz socialista Emilio Longo; el concejal de Obras, Álvaro Palacios, o la edil de Desarrollo Rural, María López. Todos destacan la excepcionalidad de esta mujer "que podía estar cuatro días sin pasar por casa en una época en que las comunicaciones no eran como las de ahora y la única manera de llegar a los pueblos era andando o en burro".

Hija de el maestro Ramiro G. Paniagua, maestro en Arriondas al frente de la Academia Cervantes, Gutiérrez recibió una educación privilegiada para la época. Su elevado nivel cultural hizo que ejerciera como profesora sustituta durante un tiempo en la escuela de Llerandi, donde enseñó a leer a decenas de niños. Allí vivió en el barrio de La Teyera. Gutiérrez cursó sus estudios de practicante en Valladolid y después se especializó como comadrona. Pablo el practicante y René el médico fueron algunos de sus compañeros de trabajo. Trabajó en una época en la que lo habitual era que los niños nacieran en casa. Cuando tenía que asistir algún parto de noche, la acompañaba Roque, "el serenu de Arriondas", ya fallecido.

Su única hija, Ana Esther Sánchez, psiquiatra que coordina el área sanitaria de Mieres, habla de su madre como "una persona muy culta". Ayer recordó algunas de las anécdotas que le contaba, como cuando se quedó dos días atrapada por la nieve en Ponga tras asistir a un parto en Viboli.

Esther Gutiérrez deja viudo a Ramón Sánchez, con quien regentó la tienda de electrodomésticos "Radio Ciclo" , todo un icono comercial en Arriondas. "Fueron los primeros en traer vinilos y casetes a la villa", recuerda Toni Somoano, cuya afición por la radio lo llevó a establecer una gran amistad con Ramón. "Cuando iba a su casa siempre la encontraba leyendo la 'Gran Enciclopedia' que le dieron de premio por participar en el concurso televisivo 3x4 y que ocupaba un armario de más de dos metros. Tomaba notas y sacaba conclusiones. Era muy inquieta. Siempre buscaba el porqué de las cosas", apunta este joven que vino al mundo en 1974 gracias a Esther Gutiérrez.

Que su memoria era prodigiosa lo corrobora Ana Cuadriello, a quien hace 64 años Gutiérrez ayudó a nacer. "Yo nací el 12 de febrero y nunca se olvidó de felicitarme por mi cumpleaños. Todavía el año pasado, con 96 años que tenía, pidió a su hija que me telefoneara para felicitarme", cuenta orgullosa esta carnicera que sólo tiene palabras de agradecimiento para la matrona.

La primera en coger en brazos a sus dos hijos, Javier y Alberto Gutiérrez, que nacieron en 1971 y 1973, respectivamente, también fue ella, que mantuvo una gran agilidad mental hasta el final. Prueba de ello es que el pasado 10 de diciembre leyó con atención el artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA por el cronista de Parres, Francisco Rozada, sobre su labor como matrona. "Le prestó mucho", dice su hija.

La mujer era muy querida en el concejo de Parres, donde hay gran tristeza por la pérdida. Fueron muchos los que acudieron a dar el pésame en el tanatorio a la familia. Otros lo expresaron a través de las redes sociales, donde se aprovechó para rememorar innumerables anécdotas. Una prueba del cariño y aprecio que le tenían sus vecinos es que en 2011 le dedicaron una calle en Arriondas, concretamente la que va desde el tanatorio hasta la urbanización de al lado del hospital.

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