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Una nonagenaria en el mercado

"Si me quitan de venir, me quitan la vida" explica la parraguesa Maruja Amieva, la vendedora más veterana de los puestos ambulantes de Cangas de Onís y Arriondas

Maruja Amieva, en el mercado de Cangas de Onís. C. CORTE

"Si me quitan de venir a vender al mercado, me quitan la vida". Lo dice Maruja Amieva Concha, que con 90 años recién cumplidos (el 16 de enero) no quiere "ni oír hablar" de soltar la fesoria. Esta vecina de Arriondas lleva más de tres décadas sin faltar a su cita con el mercado de la capital parraguesa los sábados y con el de Cangas de Onís los domingos. Y lo que le queda. "Vine siempre salvo un mes que estuve de baja porque me operé de la cadera y fue horrible, casi me muero del aburrimiento en casa", matiza la mujer, que presume de ser la más veterana en el mercado.

Maruja cultiva con esmero una huertina en Caiñanes, al lado del cementerio de Arriondas, donde crecen fabes de la granja y verdinas y cebollas que ella misma enriestra, entre otras joyas gastronómicas. "Ahora en invierno hay menos pero en primavera sale pimientu, cebollín, arbeyos...", explica la mujer, inmune a las condiciones meteorológicas. "Al mercado de Cangas de Onís voy siempre, truene, nieve o haga calor porque se está muy a gusto a techo debajo del edificio de Hacienda", apunta.

Antes de empezar a vender los excedentes de su huerta en el mercado, tarea que inició allá por los años setenta del pasado siglo, Maruja tenía una línea de pan en Arriondas. A las cinco de la mañana ya se levantaba para repartir desde la calle del Aipol hasta la carretera de El Fitu. El fallecimiento en accidente de tráfico de su hijo Juanito Villaverde cuando sólo contaba con 22 años, hizo que abandonara esta actividad, que combinaba con la de varear los antiguos colchones de lana de oveja por las casas. Su huerta fue entonces su refugio y su otro hijo, Francisco, un pilar en el que apoyarse. Él es quien la traslada en furgoneta a los mercados. "Ella nunca quiere faltar a su cita con el mercado. Se levanta temprano para preparar todo y hasta hace poco iba a recoger castañas", relata el descendiente.

Curiosamente nunca tuvo ni un catarro y no toma medicamentos. Creo que es porque el emberzáu y el gamonéu le da fuerza", aseguró este exbatería de la orquesta "Dominó". Ni la llegada del euro cuando ya contaba con más de 70 años echó para atrás de los negocios a la nonagenaria. "Utilicé un par de días la calculadora transformadora de pesetas a euros pero luego ya no me hizo falta", presume.

Lo que más le gusta a Maruja es relacionarse con su clientela fija en el mercado. "Me encanta hablar con la gente que viene de Madrid y de todos los sitios y para a verme. Se hacen fotos conmigo y les llama la atención la balanza romana" , explica la nonagenaria, que ve "complicado" el futuro de la agricultura en Asturias. "El campo es sacrificado, tiene que gustarte mucho y la gente joven prefiere empleos más fáciles", concluye.

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