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Belén González marca estilo en Parres

"Apuesto por una marca personal y sostenible", dice la ingeniera parraguesa, que sorprendió en la exposición de jóvenes diseñadores de Arriondas

Belén González, junto al diseño que se muestra en la Casa de Cultura de Arriondas en la I Exposición "Jóvenes Diseñadores de Asturias", ayer. C. CORTE

La "crisis de los treinta" y un viaje de cooperación a Honduras en 2012 hicieron que la ingeniera forestal parraguesa Belén González cambiara sus prioridades vitales y apostara por lanzarse "de cabeza" a conseguir su sueño: ser diseñadora.

Lo acaba de conseguir con creces pues su vestido de neopreno de punto y organza, inspirado en mariposas, ha sido uno de los más visitados en la I Exposición "Jóvenes Diseñadores de Asturias" que la asociación de comerciantes clausuró ayer en Arriondas con un gran desfile. "Es la primera vez que expongo y me prestó por la vida que fuera en casa. A la vez me daba apuro que me conocieran pero en general yo creo que gustó" contó la joven minutos antes de que comenzara el evento, en el que también participaron las diseñadoras Isabel Arango o Alba María, ganadora del concurso de jóvenes diseñadores de España en el año 2015.

González, que ya prepara la colección que presentará el 16 de junio en Oviedo para obtener el Grado de Diseño de Moda de la Escuela Esne de Oviedo, ya apuntaba maneras de pequeña, cuando en vez de jugar con las Barbies empleaba su tiempo cosiéndoles vestidos. La habilidad para manejar con desparpajo aguja y dedal la aprendió de manos de su abuela Pilar Peláez. Ya en la adolescencia prefería "experimentar" y vestir ropa customizada propiedad de su hermano o de su abuela. "No me gusta vestir igual que nadie, creo que la moda es algo muy personal", apuntó la joven que a pesar de su interés por la moda, optó por estudiar una ingeniería. "Mis padres querían que hiciera una carrera seria así que me metí en forestales, donde me queda por hacer el proyecto, pero no era lo mío", contó. Sus estudios los costeó trabajando en el Decathlon, sin abandonar nunca su pasión por la moda.

"Iba a casa de la abuela de mi amiga Marta Fernández en La Tenderina para aprender patronaje y a clases de costura después de comprarme una máquina Singer de pedales en un rastrillo", explicó. "Al volver de Honduras (donde trabajó como voluntaria para Cáritas durante dos meses) no encontraba mi sitio. Me dije: necesito otra vida para ser diseñadora. Mi novio contestó: pues no la tienes así que ponte manos a la obra ya. Y así entré en Esne. Al principio ni dormía porque tenía que compaginarlo con aprobar matemáticas que tenía pendiente en la ingeniería y con el curro".

Para la colección que prepara se inspira en el surrealismo de Frida Kahlo. "También me gusta lo vintage. La ropa de los ochenta estaba muy cuidada, con detalles en pliegues y solapas. A veces te encuentras ropa de hace treinta años en el rastro del Campillín que es una pasada y pienso que ojalá la mía perdure tanto y alguien la quiera comprar después de tanto tiempo allí", dijo. "Miro los escaparates para ver lo que se lleva pero no soy fashionista, no vi Sexo en Nueva York y la ropa que compro es de segunda mano", confesó la joven, de 32 años, que tras un periodo de prácticas apostará por crear su propia marca "personal y sostenible".

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