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Un "emburrión" hacia la felicidad

La canguesa Mari Carmen Fueyo se ha convertido en la primera usuaria del colectivo del Oriente que se ocupa de personas con diversidad funcional que se va a vivir sola

Fueyo, en la cocina de su apartamento, en el barrio cangués de Contranquil.

Fueyo, en la cocina de su apartamento, en el barrio cangués de Contranquil. P.M.

Cuando Mari Carmen Fueyo Tomás contó su historia ante más de cien personas el sábado, en el decimocuarto cumpleaños de "Emburria", a alguno se le escaparon lágrimas de emoción. Y no es para menos. Esta vecina de Cangas, de 50 años, se ha convertido en la primera usuaria del colectivo, que trabaja con la diversidad funcional, en vivir de forma independiente. "Ahora me doy cuenta de que, con ayuda, puedo". Esto, tan breve como complejo, es lo que nutre la vida de Fueyo y un sueño que tiene la suerte de cumplir a diario.

"Sueño con poder ayudar a otras personas, animarles a que tomen decisiones. ¿Que se equivocan? A la segunda o la tercera vez no lo harán", apuesta, plenamente convencida del cambio que ha experimentado su vida en el último año, cuando decidió irse a vivir a un apartamento del barrio de Contranquil, desde el que ve el huerto ecológico en el que trabaja de martes a viernes y el aparcamiento de la estación de autobuses, en el que cobra el parking los domingos de mercado. Quiere que sus compañeros "avancen, que no se queden estancados, que se den cuenta de que pueden defenderse y vivir por sí mismos, con ayuda", apostilla siempre la canguesa, eternamente agradecida a "Emburria" y a los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Cangas, que a través de la Ayuda a Domicilio y la educadora social hacen posible el mágico giro que ha dado su vida. "Vivía con una familia que me llamaba inútil, me decía que no servía para nada y que nadie me quería", relata la canguesa, a quien el calificativo todavía se le atraganta.

Reconoce que le costó mucho olvidar un maltrato que está curando, también, con ayuda, pero en este caso de sus propias palabras. "Me siento útil, me muevo, no paro de hacer cosas. Los viernes salimos a cenar con los compañeros y elegimos a dónde queremos ir. Luego vamos a tomar algo", narra Fueyo poniendo el acento en la posibilidad de elegir.

Fueyo es voluntaria de "Emburria" y miembro de la junta directiva, donde traslada las inquietudes y necesidades de sus compañeros, como "hacer otro tipo de gimnasia". Tiene tantas ganas de hacer cosas que hasta le gusta hacer las tareas del hogar. "Hago la cama, suelo barrer y fregar y con las trabajadoras de Ayuda a Domicilio limpiamos más a fondo la casa", enumera antes de concluir que le gusta "todo. Me siento una persona diferente, útil", reitera mientras calienta la comida que un servicio de catering le dispensa semanalmente. "Yo me hago, con ayuda, el desayuno y también la merienda", explica, antes de apuntar que, con las trabajadoras municipales, hace la lista de la compra y administra la medicación, mientras que la educadora social la acompaña en la gestión del dinero y en las visitas al médico.

Con ayuda, todo se puede. Y con el cariño que su nuevo entorno le está demostrando. "Me decían que adelante, que siguiera así", asegura Fueyo, quien continúa la cadena y pregunta a quien, como ella, tiene algún tipo de diversidad funcional, "qué pasará el día de mañana, cuando falten los padres. Tienen que darse cuenta de que se pueden defender y vivir por sí mismos, con ayuda". En "Emburria" ya funciona un alojamiento de fines de semana que en la actualidad usan seis personas, dos fijas y cuatro que cambian. "Es un descanso muy bueno para los padres", reconoce la canguesa antes de que la directora gerente de la entidad, María Hórreo, subraye la sobreprotección de las familias como uno de los obstáculos, comprensibles, por otra parte, para que no haya más casos como éste. De momento, hay tres solicitudes para un alojamiento permanente y, de existir más, Bienestar Social está dispuesta a habilitarlas.

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