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Personajes de Cangas de Onís

Tere, la modista de todos: curas, monjas, novias y carnavaleros

Teresa Gutiérrez tiene el récord de confección de disfraces: "Me gustaba mucho, pero se acabó; ya no merece la pena con los 'chinos'"

Tere Gutiérrez, yendo a la compra en Cangas de Onís.

Tere Gutiérrez, yendo a la compra en Cangas de Onís. J. M. C.

No da puntada sin hilo. María Teresa Gutiérrez Meré, 60 años, natural de Triongu (Cangas de Onís), lleva más de media vida dedicada a coser. Ha hecho de todo en el mundo de la costura, desde vestidos de novia hasta sotanas para sacerdotes o hábitos para las monjas. Incluso tiene el récord de confeccionar trajes de Carnaval en una sola temporada: nada menos que 156 disfraces. Eso era mucho antes de que hicieran su incursión en ese terreno "los chinos". "Me gustaba mucho, pero se acabó. Ya no merece la pena hacerlos. Están los 'chinos' y para un día tan señalado, están de sobra", asegura.

Hija de Josefina Meré Dago y Ramón Gutiérrez García, éste operario del Ministerio de Obras Públicas (MOPU), ambos fallecidos, tiene otros dos hermanos varones (Ramonín y Toño). "Tere la modista", como la conocen sus convecinos cangueses, cursó sus estudios de Primaria en la Escuela Pública de Triongu. Le hubiese gustado hacer Magisterio, pero su familia no podía permitirse costearle una carrera universitaria. Le encantaba coser -su madre solía hacer pantalones- por lo que se decantó por aprender y perfeccionar los pormenores de esa actividad con Ludy Prieto, una modista de Arriondas (Parres).

Cogía el tren de FEVE a primera hora de la tarde en Fuentes, tras cruzar la pasarela sobre el río Sella, para trasladarse a la capital parraguesa a las clases de costura. Y, el regreso a Triongu era en el autobús de Económicos, ya bien avanzada la tarde. A base de tesón y fuerza de voluntad fue dominando todas las facetas de la que, a la postre, se convertiría en su profesión. Hubo en tiempo, a principios de los 70 en los que pudo compatibilizar un trabajo de dependienta en un comercio de Cangas de Onís, propiedad de Raquel Alonso -hija de Luís Díaz-, en la calle San Pelayo.

Había acudido "a por botones", como solía hacer bastante a menudo por encargo de Ludy, y surgió la oferta que le planteó Raquel Alonso, encargada de la tienda de ropa y complementos "BBB", uno de los comercios con más solera y tradición de la urbe canguesa. No tardó en darle la respuesta y acabó siendo contratada como dependienta. Allí estuvo durante casi una década, hasta principios de la década de los 80 del siglo pasado. "Ganaba 4.500 pesetas al mes, que era dinero de aquella", recuerda Tere. Además, todos los lunes, seguía acudiendo puntualmente a coser a Arriondas.

En 1977 contrajo matrimonio con Juan Manuel Redondo Fernández, "Juani", en la iglesia parroquial de San Vicente de Triongu. Fruto de ese enlace son los gemelos Pablo y Rubén, que tienen 34 años, estos durante mucho tiempo ligados al mundillo del piragüismo en las filas del Club Sirio, en el que, igualmente, da paladas el patriarca familiar. "Gracias a ese deporte hemos viajado mucho por España", asevera Tere, a la que le encanta descubrir nuevos sitios y lugares. "¿Mi sueño? Me gustaría conocer Mónaco, es mi gran y única ilusión que tengo", añade la modista canguesa, nieta de Alfonso Meré, que fue un reputado sastre cangués.

Hubo una época, en los años 90, en la que montó y regentó una conocida lencería ("Nivter"), junto a su cuñada Nivia Diego González, en la zona del parque municipal de Cangas de Onís. Una, la atendía por las mañanas; y la otra, hacía el turno de tarde. Todo marchaba sobre ruedas, pero llegó un momento en el que Tere hubo de reorganizar su vida laboral para compaginar el horario del negocio, con la costura -nunca dejó de coser- y atender a sus hijos y esposo. Al final, tras una década, decidió que lo mejor era dejar la tienda. "No podía con todo, por lo que decidí seguir cosiendo en casa y así tenía más tiempo para dedicar a los críos", señala Tere.

Desde hace poco más de un lustro, además de arreglar ropa, también da clases de costura básica. Primero en la asociación "La Pontiga" y ahora en la asociación artesanal "Conarte", en Cangas de Onís. En uno de esos cursos fue donde aprendió a dar sus primeras puntadas la canguesa Triana Martín Valdés -"No sabía ni coser un botón", matiza Tere-, de la que está muy orgullosa, dado que el pasado 4 de noviembre, en Oviedo, se alzó con el premio del Certamen de Jóvenes Diseñadores del Salón de la Moda de Asturias con su colección 'Two Be' sobre la dualidad humana y opta en estos instantes al premio nacional. "Resultó un día inolvidable. Empezó conmigo y la pienso ayudar mientras pueda", asevera.

"La experiencia es la madre de la ciencia", dice con rotundidad Tere, quien es autodidacta en esa profesión de costura y moda. No tuvo la oportunidad de estudiar diseño, no ninguna otra especialidad. Pero, se siente dichosa y orgullosa de haber impartido su buen hacer a esas alumnas que se abren camino en esa difícil profesión, pues, otra de sus discípulas, Sara, también se encuentra estudiando fuera. "Aquí estoy en esta habitación, que es solo para coser, con mi televisión. Y me dan las 12 todas las noches cosiendo. Me encanta y espero seguir así hasta que me jubile", comenta. Eso sí, todos los días recorre, siempre con una sonrisa en su rostro, la ciudad canguesa con su carrito -forma parte de su personalidad- recogiendo, o bien entregando, los trabajos que le encomendaron sus clientes.

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