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El principal centro sanitario de la comarca cumple veinte años (4)

Los primeros bebés del hospital son pastores

Carlos Soberón nació el 19 de junio de 1997 frente al puente "romano" en la ambulancia que trasladaba a su madre, y Coral Asprón el 5 de agosto, en la sala de partos del Grande Covián

Los primeros bebés del hospital son pastores

Los primeros bebés del hospital son pastores

Varios cientos de vecinos del Oriente -y algún visitante- han nacido en el hospital comarcal Francisco Grande Covián en los veinte años que han pasado desde que abrió sus puertas, el 2 de junio de 1997. ¿Quién fue el primero o la primera en nacer en el centro asistencial? Podría hablarse de dos bebés, hoy ya jóvenes a punto de convertirse en veinteañeros. Carlos Soberón Lozano fue el primer recién nacido que recibió atención en el hospital de Arriondas, el 19 de junio de 1997, pero no nació en el centro, sino frente al puente "romano" de Cangas de Onís, en la ambulancia que trasladaba a su madre hacia el centro. Así que la primera persona que nació en el hospital fue Coral Asprón Suero, el 5 de agosto de 1997. Se da la circunstancia de que ambos son pastores -ganadero él, quesera ella- y que los dos encuentran la felicidad soñada en el monte, alejados del mundanal ruido. Han oído hablar mucho el uno del otro, pero no se conocen.

Carlos Soberón Lozano vive en Alles, en el barrio de Llomberu. Su madre, Lola Lozano, vio en la mañana del 19 de junio de 1997 que había llegado el momento. Tras sentir fuertes contracciones llamó a los servicios sanitarios y partió a bordo de una ambulancia hacia el hospital del Oriente, por Cabrales y Onís. Justo al pasar por delante del puente "romano" -el "Puentón" le dicen los cangueses- nació el bebé. Madre e hijo permanecieron en el hospital un par de días, y a casa. Carlos era el segundo de los hijos de Lola Lozano, murciana de Jumilla. Y tampoco dio tiempo a que el primero naciera en un hospital: lo hizo en el consultorio de Panes, con la ayuda de un médico y un guardia civil. Carlos tiene una tercera hermana, nacida hace seis años. Esta sí: nació en el hospital de Arriondas, donde la madre quedó ingresada cuando iba a hacerse unas pruebas.

Carlos Soberón estudió en Arenas y en Cangas de Onís, donde hizo un módulo de Formación Profesional de grado medio. Pero desde el primer momento supo que lo suyo era el monte. Es un enamorado de la sierra del Cuera, adonde sube prácticamente a diario para atender el ganado. Se levanta temprano y se encamina hacia el Cuera para soltar las cabras que tiene recogidas durante la noche. Luego atiende también a sus ovejas. Se pasa toda la mañana en el monte, donde encuentra "la tranquilidad" que tanto le gusta. "Soy de monte", presume el peñamellerano, que por las tardes ayuda a atender a las vacas de la ganadería familiar. Lo dice con conocimiento, porque conoce la ciudad donde nació su madre, con más de 25.000 habitantes: "Allí hay más jaleo, más coches, más gente, no me gusta tanto como esto", destaca.

Tras aquellos dos primeros días de su vida, Carlos Soberón no ha estado ingresado nunca en el hospital. Tampoco ha acudido a consultas externas y solo ha pisado el Grande Covián para visitar a algún familiar enfermo. "Y espero no volver en muchos años", resalta con gracia. Le gusta residir en Alles. "Se vive bien y trabajo no falta", señala. "Vida sana y natural", añade. Suele salir con su novia y sus amigos los fines de semana, a Arenas de Cabrales o a Unquera, principalmente. Y también a la mayor parte de las "fiestas grandes" de la zona. Carlos Soberón tiene una "buena imagen" del hospital de Arriondas. "Nunca oí una queja", dice.

Coral Asprón Suero fue la primera bebé que vio la luz en la sala de partos del hospital de Arriondas, un mes y tres días después de su apertura. Su madre, Cristina Suero Sánchez, califica el parto de "normal". Vivía entonces en Mestas (Cangas de Onís) y acudió al Grande Covián en ambulancia. Aunque hacía un año que se había implantado en el centro la epidural, no se la pusieron. La madre y su pequeña -segunda de sus cuatro hijos- pasaron un par de días en el hospital y regresaron a casa. Coral Asprón estudió en la escuela y el instituto de Cangas de Onís, hasta cuarto de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Vive a caballo entre la localidad de Bobia Baju y la majada de Soñín de Arriba, en Onís. Reside la mayor parte del año a más de 1.000 metros de altitud, donde elabora queso.

Le encanta el monte. Ya subía a los puertos de Onís de pequeña, a Belbín, con su familia. Y ahora lo hace con su novio, Nel Cañedo. En Soñín, en una coqueta cabaña, residen desde mayo hasta noviembre, diciembre o incluso enero, como este año. Justo al lado está la cabaña de su tío Alberto Asprón. Las dos ganaderías suman más de doscientos animales, entre vacas, cabras, ovejas y gallinas. No faltan un perro, "Corchu", y un cachorro de gato, al que, a falta de saber si es macho o hembra, llaman provisionalmente "Guadalupe".

Coral Asprón aprendió a elaborar queso de Gamonéu (los más veteranos del lugar pronuncian "Camonéu") con sus tíos y su abuelo. Siempre le encantó el monte. Y asegura que siempre supo que quería ser "pastora y quesera". Es verdad que se escapa de vez en cuando y vuelve "a la civilización". Lo hace cuando le entra "papitis" (ganas de ver a su padre), dice su tío Alberto, o para ver a sus amigas. Pero le tira más el monte que la vida del pueblo. ¿Por qué? "Por el mozu, por la tranquilidad...", destaca. Su idea es seguir en Soñín, en una cabaña que cuenta con agua corriente (aunque hay que bombearla desde un depósito cercano) y hasta con electricidad, gracias a unos paneles solares.

Esta joven pastora de Onís, a diferencia de la mayoría de sus colegas, no suele madrugar. La prisa no va con ella. Se levanta en torno a las diez de la mañana y se dedica durante la mañana a hacer queso. La comida suele llegar a la una y media o las dos de la tarde. Y después de la sobremesa, a "llendar" el ganado y a disfrutar de las fantásticas vistas que ofrece Soñín de Arriba, una majada situada a un paso del límite del parque nacional de los Picos de Europa, cercana a las vegas de Comeya y Las Mantegas y a Belbín, y a la que se accede por una pista ganadera que parte de las inmediaciones de la localidad de Demué o Demués.

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