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Una historia de amor que dura 77 años en Vallobil

José Cuadriello y Laudelina García celebran su aniversario con una comida en el monte a la que asisten familiares de Estados Unidos

La familia de José Cuadriello y Laudelina García reunida en el monte de Vallobil (Parres).

La familia de José Cuadriello y Laudelina García reunida en el monte de Vallobil (Parres). C. C.

El amor no tiene fecha de caducidad. Lo dicen los nonagenarios José Cuadriello Castaño y Laudelina García Pandiella, que se dieron el "sí, quiero" en la capilla de Nuestra Señora de Los Remedios de La Roza Parres en 1941, hace ya 77 años. Para celebrar tan reseñable efeméride su hijo, José Antonio, les preparó este domingo una fiesta en los montes de su Vallobil natal, en la que no faltó una misa campestre oficiada por el cura de Cangas de Onís, José Manuel Fueyo. Al convite posterior, celebrado en una cabaña familiar en el "Jortigosu", cerca del picu La Cogolla, asistieron más de una treintena de familiares, algunos llegados desde Los Ángeles (EE UU) especialmente para la ocasión.

El matrimonio se conoció durante la etapa escolar, cuando José Cuadriello regresó a Vallobil con 11 años, tras una estancia con sus padres en la isla de Cuba. El flechazo fue casi inmediato. Cuando Laudelina cumplió los 17 y José los 19 decidieron pasar por el altar e irse de luna de miel a Santander con 1.000 pesetas en el bolsillo y mucha ilusión.

A la vuelta impulsaron juntos el bar-tienda "Casa Cuadriello" de Vallobil, abierto hasta su jubilación en 1986 y criaron algo de ganado. Tuvieron dos hijos: Guadalupe (ya fallecida) y José Antonio, que a sus 71 años sigue cautivado con la historia de amor de sus padres. "Me los traje a vivir conmigo a Gijón y me sorprende ver como todavía hacen manitas. Ella lo anima por las mañanas porque el tiene miedo a sentir dolores y siempre están pendientes el uno del otro", destacó.

El matrimonio agradeció el homenaje de los parientes, en el que se les hizo entrega de un ramo de flores y un brindis con bebidas espirituosas. Los nonagenarios pidieron salud para seguir celebrando una "paellada" anual juntos en Vallobil y revelaron el truco de su amor eterno: "aguantarse en lo bueno y en lo malo, siempre".

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