03 de agosto de 2018
03.08.2018
Cronista de Piloña

En torno a la festividad de San Roque en Areñes

El esfuerzo de los vecinos de la localidad de Piloña por recuperar la historia no escrita de Asturias

03.08.2018 | 02:07
En torno a la festividad de San Roque en Areñes

A pesar del progresivo deterioro que las sociedades industriales han ejercido en el medio rural al transformar este espacio en un ámbito "semiurbano", ajeno a las coordenadas vitales que marcaban la vida campesina y que venían definidas por el tiempo y el espacio, aún perviven en nuestros pueblos manifestaciones folklóricas y fiestas tradicionales cargadas de rituales a veces desprovistos del significado que tuvieron en su momento.

No ha sido este proceso de deterioro fácil ni rápido, entre otras cosas porque nuestra población rural era reacia a este tipo de renovación, a renunciar o atender a otras explicaciones, por ejemplo, de los fenómenos naturales que ocurrían a su entorno que no fueran aquellas que conocían por la transmisión oral de sus mayores. No querían abandonar sus creencias religiosas cargadas de mitos, leyendas y ritos que daban sentido a su vida y a su muerte; prefieren la organización de su actividad laboral de acuerdo a los ritmos cíclicos del tiempo, de las estaciones, de esos espacios que marcan y giran en torno al proceso de siembra-recolección, los ciclos vegetativos que, en definitiva, marcan el ritmo de la vida.

La actividades festivas de estas sociedades tradicionales también se encuadran dentro de esos ciclos, precisamente marcando los espacios de descanso o aprovechando el final de las tareas agrarias. Así lo supo incorporar el calendario litúrgico cristiano de las antiguas religiones paganas en un proceso de asimilación, que garantizó la pervivencia de rituales ancestrales en ciertas manifestaciones sociales de las que en la mayoría de las ocasiones no somos conscientes, pero que están presentes en muchas de las actuaciones socio-religiosas y culturales de nuestra sociedad actual.

Esta realidad puede observarse en el variopinto calendario de celebraciones festivas que inundan el mapa de nuestra geografía regional en esta temporada veraniega. Como es obvio, no pretendemos hacer un análisis profundo del mismo, tan solo, y a modo de ejemplificación, atender con ojos de curioso investigador y con el ánimo de dejar constancia de esa "historia no escrita" al caso de la celebración de san Roque en el pueblo de Areñes (parroquia de Belonciu, Piloña). Aunque conocemos otras localidades piloñesas (Biedes, Borines) en donde esta festividad aún perdura con rasgos de su antigua riqueza etnográfica, nos ocuparemos en esta ocasión de la celebración de Areñes aunque no sea más que por difundir el meritorio trabajo de investigación que la asociación vecinal ha llevado a cabo para recuperar la celebración de San Roque, y el ritual de las velas encendidas que acompañan al santo en la procesión nocturna.

La advocación de San Roque en Areñes está vinculada al antiguo solar y señorío jurisdiccional de los Nava, manteniéndose actualmente con capilla titular, aunque de factura moderna, en el lugar conocido como La Trapiella. La expansión por Asturias, al igual que en Piloña, de esta devoción viene de la mano de las peregrinaciones jacobeas en donde el santo concitaba gran admiración por su labor a favor de los pobres, de los peregrinos, por sus curaciones milagrosas y salvación de las almas. Nada impide la propagación de esta devoción, ni el declive de las peregrinaciones a partir del siglo XVI, y parece que es en esta temprana fecha cuando se erige en santo protector de la comunidad de Areñes. De hecho, a mediados del siglo XVII en la cofradía de la Virgen de la Cueva aparecen inscritos varios vecinos de Areñes en calidad de "communeros" y algunos identificados como cofrades de San Roque, lo que nos indica la organización de los vecinos en torno a esta institución y lo que nos asegura el ceremonial litúrgico que debería desarrollar la cofradía en honor de su santo patrón.

En efecto, el culto a San Roque está muy vinculado al ritual con velas encendidas que se hacía en su honor. En las capitulaciones de la cofradía del santo que a finales del siglo XVI existía en la catedral ovetense figura la conmemoración de esta festividad con misa mayor y procesión por la iglesia y claustro en la que los cofrades portaban velas encendidas.

Tal costumbre también se conoce en Piloña; en el caso concreto de Areñes sabemos que el acompañamiento del santo cuando salía de su capilla en procesión se hacía del mismo modo, y tal circunstancia se hacía en dos ocasiones y con dos motivos: por las rogativas que propiciaran la lluvia en veranos de especial sequía y con motivo de la celebración de la festividad. En ambos casos el ritual se celebraba al caer de la tarde, si bien difieren los motivos de esta procesión. La virtualidad de las rogativas es evidente; sin embargo, en la procesión de la festividad se compendia un nutrido y complejo mundo de creencias relacionadas con el más allá, el mundo de los muertos y la salvación del alma.

Sabido es que en Asturias la devoción a Santiago ha generado una serie de creencias referidas al destino del alma tras la muerte. El peregrinaje post-morten, ciertamente, era una manifestación de la religiosidad popular muy arraigada en nuestra región y respaldada por el asenso de que Santiago mostró en una ocasión al Señor su descontento por lo lejano que se le había levantado su sepulcro, y el Señor sonriente le tranquilizó con esta frase:

"El que no vaya a visitarte en vida, ya irá después que se muera".

En la mentalidad popular de la época el camino que seguían las almas para ir a Santiago, decían, era el de la Vía Láctea, un camino marcado por la luz de las almas que a modo de estrellas resplandecían en el universo, aunque algunas mostraban una luz más tenue e incluso llegaban a desprenderse como consecuencia del acecho del diablo, no pudiendo por consiguiente salvarse. Tampoco se salvarían aquellas otras almas que en el trayecto no son capaces de atravesar "el puente de Santiago", estrecho y difícil paso que permite al alma, si es capaz de atravesarlo, reunirse con el cuerpo para ser enterrada y recuperar la Paz.

Esta "sabiduría popular" estaba muy generalizada en los ambientes jacobeos y transmitida por caminos y centros hospitalarios, que actuaban a modo de correas transmisora de estas creencias. Como anteriormente se dijo, la devoción a San Roque estaba estrechamente vinculada al culto a Santiago, y la presencia de vecinos de Areñes en el santuario de la Cueva, en donde desde el siglo XVI se había levantado un importante centro hospitalario y una cofradía para socorrer a los peregrinos, confirma el conocimiento de los vecinos de Areñes de estas creencias. Para ellos, la figura de San Roque era la del santo protector, el intercesor de las almas de sus difuntos, por ello en su festividad le acompañan con cirios encendidos, simulando el alma peregrina de sus antepasados, representada en esas velas encendidas, que alumbrarán la noche a modo de Vía Láctea, en su difícil y tortuoso camino de búsqueda de salvación y eternidad.

La interpretación de esta creencia se mantuvo presente en la mentalidad popular hasta las primeras décadas del pasado siglo, según he podido recoger del testimonio de algunos vecinos de la zona conocedores, asimismo, de ciertos romances referidos al alma peregrina, temática, por otra parte, muy abundante en la literatura peninsular, pero que en este caso están vinculados a la devoción a la Virgen de la Cueva y al entorno del santuario piloñés.

El olvido y consiguiente pérdida de este bagaje cultural de apariencia ingenua y hasta inocente permite la desaparición de unos valores y modos de vida que configuraron nuestra historia en la etapa preindustrial de la región. Es una página de la historia rural asturiana que a pesar del interés que suscita y de los múltiples e interesantes estudios que sobre la misma se están llevando a cabo, aún necesita un profundo análisis y rigurosa investigación. El empeño de la Asociación de vecinos de Areñes, por tanto, cabe enmarcarla en este interés con el fin no sólo de recuperar sus propias raíces, sino con el ánimo consciente de contribuir a la historia no escrita de Asturias.

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