14 de diciembre de 2018
14.12.2018

Los ganaderos piden en Posada de Llanes mano dura contra el lobo y menos burocracia

"Nos cuentan que hay que emprender, pero llevo tres años de papeleo para poner una quesería", dice el ganadero Micael Montes en la feria local

14.12.2018 | 01:17

La tradicional feria de Santa Lucía -que pasó por mejores épocas y ha quedado reducida con el paso del tiempo a una cita casi exclusiva del ganado menor- se celebró ayer en el recinto de la rectoral de Posada pasada por agua. Los ganaderos no perdieron la ocasión de reclamar a la administración mano dura contra el lobo, que está mermando con dureza al sector, según cuentan, y una reducción de la burocracia para acceder a las ayudas y a la puesta en marcha de explotaciones.

Manuel Peláez Traviesa, de la localidad de Piedra, cerró la venta de sendos carneros con Enrique Remis y su hijo Rubén, de Sirviella, en Onís, por 260 euros. "Tenemos ganado para hacer queso gamonéu. Me ha gustado la cabeza y el color de los animales", señaló Rubén sobre su adquisición. "El lobo nos tiene acribillados. Yo subo al monte muy poco ganado. La gente tiende a quitar el ganado por esto", sostiene Manuel Peláez.

El veterano Ángel Gutiérrez vendió las ocho ovejas que llevó de la explotación que sus hijos regentan en Ardisana por 70 euros cada una. "A Santa Lucía vengo todos los años. Ahora no hay casi nada, pero en su momento aquí venía todo tipo de ganado", precisó. Para este ganadero jubilado, el futuro del sector no está nada claro. "El lobo es nuestro mayor problema. Va acabar con todo", destacó.

A la feria de Posada acudió por primera vez con ganado propio Diego Sánchez Fernández, joven de 19 años de la localidad llanisca de Vibañu. Lo hizo con ocho cabras. En su cuadra cuida con mimo a 29 cabras, 4 ovejas y 37 vacas. "Hay que luchar, no queda otra. Yo tengo mucha ilusión por este trabajo", señaló el joven ganadero. Rosendo Noriega, de Lledías, exponía en el recinto ferial cinco vacas de la raza parda alpina en compañía de su hijo de seis años, también de nombre Rosendo. Al filo del mediodía cerró la venta de dos vacas, una por 1.300 euros y la otra por 800. Las adquirió Micael Montes, ganadero de Areñes, Piloña.

"Vengo para que todo esto no se pierda", subrayó Noriega. Montes busca aumentar su cuadra para poder poner una quesería. "Llevo casi tres años con el papeleo. Dicen que hay que emprender pero no se dan facilidades y todo son trabas", se quejó amargamente.

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