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El dueño del gallinero de Sotu Cangues que se pasa de decibelios se niega a quitarlo

Villarroel dice no tener sitio para sus aves: "Entiendo que molesten los animales a los de ciudad, cuando yo voy me pasa lo mismo con el tráfico"

Fernando Villarroel, en su gallinero, ayer. EMILIO G. CEA

"Entiendo que cuando viene una persona que no está del entorno rural el ruido de los animales le incomode un poco para dormir, pero cuando yo voy a una ciudad me pasa lo mismo con el tráfico y no lo paro". Fernando Villarroel, vecino de Sotu Cangues, en Cangas de Onís, se defiende tras la denuncia que el propietario de unos apartamentos rurales contiguos a su gallinero interpuso contra él por el alto ruido que sus animales generan durante la noche, por culpa del cual, asegura, se quejan sus clientes.

Un ruido que el denunciante incluso llegó a pedir que se midiera, elaborándose así un informe por parte del Laboratorio Asturiano de Calidad en la Edificación (LACE), un organismo dependiente de la Consejería de Servicios y Derechos Sociales, que refleja que en la noche del pasado 5 de ferero, desde las 22.00 hasta las 8.00 horas, los decibelios registrados fueron 72,4, cuando el máximo permitido en ese horario es de 45.

Por eso, el Ayuntamiento ha instado ahora a Villarroel a clausurar el gallinero, algo a lo que no está dispuesto su propietario, que ya tiene claro que va a presentar alegaciones para evitarlo. "Voy a pedir una licencia al Ayuntamiento para poder tener el gallinero; debo de ser el único de todo el concejo que la va a solicitar", afirma este vecino de Sotu Cangues, quien lamenta que, en caso de que le obliguen a sacar de allí a sus gallos y gallinas, "tendría que sacrificarlos porque no hay otro sitio en el que puedan estar".

Además, Villarroel afirma que no quiere deshacerse de sus animales por los muchos años que lleva encargándose de ellos, los cuales destinan en su casa al consumo propio, por lo que no recibe "ningún beneficio económico" por tenerlos allí.

Por otra parte, sobre las quejas de otras personas, Villarroel afirma que en los 23 años que lleva con los animales en su finca "ningún vecino tuvo ningún problema" y explica que tampoco le consta que los clientes de los apartamentos del denunciante, abiertos "hace más o menos un año", hayan tenido quejas de forma generalizada. "Todavía esta Semana Santa hubo gente allí alojada con la que estuve y nadie dijo nada".

Villarroel considera que sus animales se encuentran en el entorno rural, donde es normal encontrarlos, y que hay otros ruidos, como el aullido del lobo, que también se dejan escuchar por las noches, sin que se pueda hacer nada para evitarlos.

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