15 de julio de 2019
15.07.2019

Fiesta por todo lo alto en Celoriu

El pueblo llanisco logra levantar su hoguera, de 37 metros de altura, tras largas horas de trabajo comunitario

15.07.2019 | 00:23

Por la mañana, todo eran indicios de niños, ocultos bajo toallas con capucha, una tendencia veraniega. Como la hoguera, que se erguiría ocho horas después a escasos metros, en la entrada a la playa de Palombina, en Celoriu. Esta es más tradición que tendencia, aunque también llega con el periodo estival, en el que veraneantes del Principado y turistas, son testigos de la plantación del palo mayor.

Uno de los turistas era José Montero. Su tránsito desde hace una década es de costa a costa, de la del Mediterráneo a la altura de Alicante a la cantábrica en Celoriu. "Nosotros por San Juan quemamos cosas para eliminar los malos pensamientos. Aquí plantan el palo como símbolo de fertilidad... Ya se ve cuál es la preocupación de cada uno", decía.

Al final, es difícil digerir que la planta de un palo de 37 metros (los que tenía el de ayer) pueda generar tal algarabía a su alrededor: "El novio americano de una amiga vino hace unos años y no entendía nada, pero confesó que había sido uno de los días de su vida en el que mejor lo había pasado", relataba Carlos Mallada, de la Sociedad de Festejos.

En la jornada de ayer, el retraso a la hora de bajar la hoguera del monte dio pie a revivir todas estas anécdotas y más. Un grupo de chavales jugaba un rondo a base de virguerías que no acababan de salir, mientras la Policía Local vigilaba atenta a pie de grúa, sintiendo próximo el calor de las brasas del parrillero.

Sonaron los voladores y también las gaitas. "Ya están bajando", se oía cerca de la barra, donde fluían los cacharros.

Acabaron por llegar allí con más de dos horas de retraso los esforzados porteadores, que por la mañana habían tardado seis horas en conducirla desde el monte hasta un lugar franco. Otra historia fue plantarla. Deshidratados los valientes, así como los festivos, pero por diversos motivos, el palo acabó erecto, dando paso a una fiesta larga, de sonidos latinos sobre el asfalto frente a la iglesia, a la luz tenue y nublada de la luna.

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