21 de octubre de 2019
21.10.2019

Vibañu vence a la lluvia por el Rosario

Erma Sánchez ofreció los ramos de pan y flores a la Virgen, que estuvo arropada por medio centenar de aldeanas

21.10.2019 | 00:56

En Vibañu (Llanes) no le temen a nada, y mucho menos a la lluvia. Por eso ayer los vecinos se echaron a las calles del pueblo para festejar por todo lo alto a su Virgen del Rosario como han hecho "desde siempre", cada tercer fin de semana de octubre. Un momento en el que el pueblo recibe a vecinos de todo el concejo, atraídos por una fiesta con una honda historia, mucho color y más folklore.

La lluvia dio una tregua a media mañana y, al son de los tambores de Erma Sánchez y Cristina Fernández Zapatero, comenzaron la procesión las aldeanas, medio centenar. Partieron de la casa de José Sánchez, en el barrio de Santoveña, donde su hija Erma Sánchez ofreció el ramu de plan y flores que más tarde se cantaría, se bendeciría y se subastaría.

Las mozas se dispusieron para dar forma a un colorido pasacalles que las llevó hasta Junta la Iglesia. Allí, con la danza propia de Vibañu, el Caracol, entraron en la iglesia para "recoger a la Virgen" y sacarla en procesión por el Cantu La Vega hasta volver a la Iglesia, donde el párroco Aurelio Corral ofició la misa. Una eucaristía "siempre emotiva" que lleva a las aldeanas a cantarle, y tocarle, a la Virgen de rodillas.

A la salida de la ceremonia religiosa una danza prima hizo partícipes a todos los que acudieron a la fiesta, que, unidos por las manos, entonaron las estrofas características del momento. Fue el preludio a la sesión vermú. Y al festival folklórico que protagonizan las mozas y los mozos del pueblo (los grandes y los pequeños) bailando, siempre, al son de la gaita y el tambor de los hermanos Jose y Ángel Rey, también de Vibañu. El Saltón, el Chiringüelín, la Carrasquina, el Fandango y el Chiringüelu de Naves fueron algunos de los bailes que precedieron a la estrella de Llanes, el Pericote.

Y así, los vecinos se despidieron, para comer, hasta las seis de la tarde, cuando de nuevo se unieron en la Junta la Iglesia para despedir a la Virgen hasta el próximo año y para recoger los ramos de pan y comenzar la subasta fuera.

En Vibañu las tradiciones son intocables. Y ancestrales. Tras la rifa popular, las aldeanas llevaron los dos ramos a casa de quien logró hacerse con la puja. Éste, en agradecimiento, repartió el pan y ofreció una merienda a todos los que hasta allí se acercaron. Y, de nuevo, frente a su casa, bailes tradicionales.

Y aunque las fiestas en Vibañu acabaron ayer con el día grande, los actos en honor al Rosario ya habían comenzado el sábado, cuando tuvo lugar la plantación de la tradicional "joguera".

La intensa lluvia que anegó parte de los caminos y desbordó algún que otro cauce en el concejo no fue motivo suficiente para amedrentar a los mozos de Vibañu. Pasaban las ocho de la tarde cuando alzaron, al fin, un eucalipto que supera los 30 metros y que habían cortado previamente en la zona de El Allende. Como cada año, desde su ausencia, el palo que marca el inicio de la fiesta del pueblo, estuvo dedicado a la memoria del joven Cristian Santovecha. Y allí luce erguido, hasta el próximo año, a la entrada de Vibañu, que también es la salida.

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