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JOSÉ ANTONIO FIDALGO | Cronista oficial de Colunga e hijo predilecto del concejo

"En Colunga todo se perdió para dar paso al auge turístico, y tampoco ha repuntado"

"Vivo en una nube por mi nombramiento: trabajé por el concejo con muchísima ilusión, todo lo que pude, y seguiré haciéndolo con el corazón y con la cabeza"

José Antonio Fidalgo.

José Antonio Fidalgo. REPRODUCCIÓN EVA SAN ROMÁN

José Antonio Fidalgo Sánchez (San Juan de Duz, Colunga, 1939) ama, entre otras muchas cosas, la poesía. Por eso tiene un verso para cualquier respuesta mundana. Es simpático y muy sabio. Ha aprendido a canalizar el pasado para encarar un mejor futuro. Ha sido muchas cosas y ahora será también hijo predilecto de Colunga.

- Era ya cronista oficial de Colunga y ahora es hijo predilecto. ¿Se puede pedir más al lugar en el que hemos nacido?

-Es una especie de objetivo soñado que todos tenemos por alguna razón. Para mí es el "summum". Desde que me lo comunicaron no vivo en la tierra, vivo en una nube de felicidad.

- ¿Cómo ha celebrado la noticia?

-Sigo un régimen por la prediabetes y el colesterol, con el ácido úrico presente. Así que lo celebramos con cariño y comprensión. Atendiendo más de 4.000 felicitaciones. Tengo la suerte y el orgullo de haber sembrado bien.

- El título se le otorga a quien destaca de forma extraordinaria y alcanza consideración indiscutible en el ámbito de lo público. ¿Cuál ha sido su mayor logro?

-Yo fui profesor de Física hasta que me jubilé. Al principio fui profesor de todo, hasta de Latín. Fui un enamorado de la enseñanza. Me gustaron la docencia y la física, aunque fui químico. Tuve la oportunidad de escribir textos de física, de mecánica, de tecnología... Escribí y sigo escribiendo. Los textos científicos pasan de 120. Y sumados a los gastronómicos, pasan de 200. He escrito sobre la incidencia en la cultura de un plato porque todos se asocian a una historia, un baile... Creo que esos han sido mis logros. Y también el de ser un hombre de ciencias dudando de la verdad de forma continua.

- ¿Qué echa de menos de la Colunga de antes?

-A principios del siglo XX sobrepasaba los 10.000 habitantes. Tenía una gran industria que incluía una fábrica de sidra, conserveras, producciones agroalimentarias y agroganaderas... Hoy la población se ha reducido a 4.000, apenas si hay dos o tres industrias ganaderas y la agrícola se queda en plantar cuatro patatas para bajar al mercado los jueves. Lastres pasó de tener más de 50 embarcaciones a tener cuatro o cinco que venden en Avilés o Gijón. Todo se perdió para dar paso al auge turístico, y tampoco ha repuntado, salvo en dos meses en verano.

- ¿Qué sumaría?

-Colunga tiene que mejorar su turismo. El mar y la montaña, sí, pero aquí no hay nada que hacer cuando llueve. Hay que fomentar infraestructuras de servicios alternativos. Hay que fomentar la industria agroalimentaria, incluso la agrícola. ¡Pero si ahora no hay ni cuchu porque no hay casi vacas...!

- ¿Si tuviera que escoger entre la Colunga de su niñez y la de ahora?

-La Colunga de mi niñez era festiva. Los críos hacíamos una pelota con cuatro trapos y ya éramos felices. Ahora tienen que tener no sé qué versión de Android con cinco memorias externas. Vete a decir ahora a los guajes que vayan a tocar una gaita al prau para amenizar un amagüestu. Pero la Colunga de ahora me gusta muchísimo aun con sus deficiencias.

- Usted representa, en cierto modo, la memoria viva del Asilo de Colunga.

-Yo nací en San Juan de Duz y me crié en el asilo, sí. Tal vez sea quien más recuerda de este lugar tan importante. Conozco el asilo desde 1939 y no creo que los acogidos allí entonces sigan vivos. Es una institución señera que nació en respuesta a la prohibición de la mendicidad impuesta por Alfonso XII. Que en 1927 se inauguraran una serie de casitas para que unos residentes vivieran en libertad atendidos en todo fue histórico. Los lugares que se conocían hasta el momento para atender a los que no tenían techo eran pabellones, poco menos que cárceles. Colunga fue el único sitio de España donde se hizo aquel asilo. Viene a subrayar que a la gente que tiene necesidades hay que prestarle una ayuda digna. Hoy se llama Unión Social Católica en un tiempo donde parece que lo social y lo católico está enfrentado, cuando en realidad son sinónimos.

- Es usted historia viva del concejo.

-Tal vez. Yo sé que trabajé por Colunga con muchísima ilusión, todo lo que pude. Y seguiré haciéndolo con el corazón y con la cabeza.

- ¿Le queda algo por hacer?

-He logrado ya todo a lo que podía aspirar.

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