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Clamor por un matadero: "La comarca más ganadera de Asturias está sin él"

Los carniceros y los criadores del Oriente reclaman un servicio cerrado hace ya tres años l Deben ir a Gijón o a Mieres, lo que dispara los costes

Aida Gutiérrez atiende a la clientela en una carnicería de Panes.

Aida Gutiérrez atiende a la clientela en una carnicería de Panes. EVA SAN ROMÁN

Hace tres años cerró el único matadero del Oriente. Desde entonces, el sector ganadero clama por su apertura. Junto con los ataques del lobo, la comercialización de la carne es un quebradero de cabeza que impide cuadrar los números de quienes se dedican a criar para vender animales. Aún con

Los ganaderos de Ganagri han pedido abrir de una vez por todas un matadero comarcal porque, entre otras cosas, el desplazamiento "incrementa enormemente los costes finales". A ellos se suman los carniceros. El objetivo es ir quitando lastres al sector primario, pero también a toda la cadena que éste genera.

En la carnicería El Rubio de Cangas de Onís José Luis Niembro se traslada a Gijón a llevar xatos, cabritos? "Muchos días dos veces", para surtir su comercio, en el que ha llegado a matar en un mes de agosto bueno 46 xatos culones y 1.264 animales entre corderos y cabritos. Aunque aquellos "son tiempos que ya no vuelven, la necesidad sigue siendo la misma". En Cangas de Onís necesitan sacrificar para satisfacer la demanda entre "siete u ocho xatos y una media de 160 corderos a la semana" y tienen que hacerlo fuera de la comarca completando un recorrido de más de 200 kilómetros entre la ida y la vuelta. Se gastan en cada viaje una media de 1.200 euros en el sacrificio, "porque lo que cuesta matar no es ninguna broma". Al menos, dice Niembro, "nosotros tenemos camión y furgón frigorífico, pero no todos lo tienen y el servicio ha de ser para cuantos más mejor porque no se nos olvide que los precios al final acaban repercutiendo en el cliente".

Sin embargo, Niembro asume que "es muy difícil que se abra el macelo de Margolles porque habría que gastar tanto en esa instalación para ponerla al día como hacer una nueva, pero es muy importante contar en la comarca, la más ganadera de Asturias, con un matadero propio, no podemos mantener un mercado que se recrudece aún más por los costes que genera matar los animales".

Pero esto afecta también a los particulares. "Si alguien de Panes quiere matar un animal tiene que atravesar media Asturias, no le trae a cuenta lo mires por donde lo mires", evidencia.

En Panes (Peñamellera Baja) precisamente, aunque también en Cabrales, tiene su sede la Carnicería Urriellu. Su gerente, Manuel Collado Gómez, lamenta la ausencia de un macelo porque, entre otras cosas, "antes era más barato matar, ahora o vas a Gijón o Mieres o no puedes hacerlo en ningún otro sitio, los portes son más caros y eso encarece el producto final. Cada animal menor nos cuesta 11 o 12 euros, súmale la compra al ganadero y el viaje y los costes añadidos que se generan en el proceso, si te paras a pensar?".

Abunda en esa necesidad de contar con una instalación cercana. "Ya no sólo por abaratar el producto final, sino a la hora de comprar nosotros el animal. A mí un ganadero me ofrece un lote pequeño y a veces no puedo comprárselo porque tengo que esperar a otro lote y así amortizar el porte de llevarlos" y recorrer los casi 250 kilómetros preceptivos. Claramente, apuntan dos de los carniceros que más compran, y venden en la comarca interior "es perentoria" la apertura de un matadero, en Margolles o en cualquier otro punto del oriente de Asturias.

Los ganaderos de Ganagri indican a esa necesidad global del sector primario, pero focaliza aún más el problema en la reciella porque el "ganadero de ovino y caprino tiene que tener una salida rápida al mercado de sus producciones". Los ganaderos de la cabaña mayor manejan una horquilla más amplia en los tiempos, los pastores que crían cabras y ovejas tienen un intervalo más limitado ante el crecimiento de corderos y cabritos.

Fue por eso que Collado compró recientemente para sus carnicerías "58 animales pequeños a particulares porque los necesitaban quitar". Fue un gesto de ayuda a un sector que, pese a haber sido esencial, ha notado de lleno la dificultad en las ventas -en parte por el cierre de la hostelería- y la caída de precios.

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