20 de septiembre de 2020
20.09.2020
La Nueva España

La "edad dorada" y los dirigentes del futbol-base del Oriente en la nueva normalidad

Los mayores de 60 años edad "aconsejados" a dejar de colaborar en sus clubes al ser personas de riesgo por el Covid-19

20.09.2020 | 16:13
La "edad dorada" y los dirigentes del futbol-base del Oriente en la nueva normalidad

La nueva normalidad motivada por el protocolo de seguridad sanitaria podría causar un cataclismo al futbol modesto, al menos en el Principado de Asturias. Me refiero, al menos, a las entidades deportivas más pequeñas, sobremanera aquellas de las alas (Oriente y Occidente), donde sobreviven a duras penas gracias al esfuerzo, tesón y perseverancia de algunos hombres, gran parte de ellos jubilados, sin olvidar alguna que otra mujer, que pasan sus buenos ratos por y para sus clubes del alma, echando las horas necesarias para que todo ruede de la mejor manera posible y restándoles buena parte de su tiempo de ocio a sus respectivas familias, con el objetivo de los niños y niñas, chicos y chicas, puedan disfrutar del balompié federado en sus pueblos, villas o ciudades.

La sugerencia que sobrevuela en referencia a las personas de más de 60 años de edad y que, lógicamente, son vulnerables o de riesgo a la pandemia del Covid-19 podría desencadenar una verdadera hecatombe en el futbol-base y, por extensión, para la inmensa mayoría de las disciplinas en la comunidad autónoma. "Espero que no nos arrinconen", me decía hace poco y con no cierta preocupación un directivo, bregado en miles de batallas, de uno de los históricos clubes de la zona del Oriente, pensando ya en la inminente temporada futbolística 2020/21, la de la nueva normalidad y la incertidumbre, con recientes rebrotes al alza por todas las esquinas del suelo patrio, incluyendo Asturias. Un gran problema, sí señor, además de grave.

En estos momentos me vienen a la memoria nombres como Toño Calvo, José Miguel Toraño, Pipi Díaz Queipo, Luisón González Sarmiento, entre otros, activos y seguro que atando cabos sueltos cara a la inminente campaña. Siempre a disposición de los chavales; siempre ofreciendo lo mejor de sí mismos; siempre aconsejando y a veces también "riñendo". Gente que lo ha dado todo por decenas y decenas de jugadores, desde categorías inferiores hasta llegar al primer equipo. Grandes "amantes" del futbol aficionado o amateur, quienes en muchas ocasiones han tenido que poner dinero de su propio bolsillo para solventar cualquier imprevisto. Personajes, al fin y al cabo, que se merecen el reconocimiento de todos sus convecinos por lo que dieron y siguen dando, mientras la salud acompañe.

El enorme dilema que se presenta en estos precisos instantes es que estamos centrándonos en dirigentes o colaboradores con más de 60 años de edad, curtidos en miles de batallas y apagando "fuego" inesperado a lo largo de infinidad de temporadas al pie del cañón. Si ellos están destinados a abandonar el barco, debido a las actuales circunstancias, me temo que se les presenta muy crudo el horizonte a muchos clubes. Ser directivo hoy en día no es grato; ser directivo hoy en día es estar a disposición del club casi todos los días de la semana; ser directivo de un club es renunciar a parte del fin de semana en detrimento de la familia; ser directivo de un club es partirte el alma buscando recursos; ser directivo de un club es dar "la tabarra" al Ayuntamiento de turno para que aporte ayudas.... En definitiva, son parte fundamental del organigrama del club.

No sé si se tomará al pie de la letra esa sugerencia o consejo que planea para las personas mayores de 60 años vinculadas a clubes o entidades deportivas. Cierto es que la salud es lo primero, pero también apartarles de golpe y porrazo es como "matarlos" poco a poco, partido a partido, jornada a jornada. Los que conozco más de cerca no son de pasarse las tardes sentados y meditando en cualquier banco del parque de su lugar de residencia, sino todo lo contrario. Son personas con ganas, con dotes de mando e ilusión, con experiencia y sabiduría, en la etapa dorada de la vida. Son los primeros en entrar en un campo municipal y los últimos en salir y apagar la luz de las instalaciones deportivas. Lo son todo, antes y ahora. Sin ellos, nada sería igual. Al menos en la comarca del Oriente.

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