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Fogones solidarios en el Instituto de Llanes

Los alumnos de cocina del centro elaboran menús para repartir entre los necesitados del concejo: “Es una iniciativa muy bonita”

Celia Arce y Héctor Martínez, elaborando y envasando. | Eva San Román

Celia Arce y Héctor Martínez, elaborando y envasando. | Eva San Román

Reciben educación y a la vez ofrecen ayuda. Los alumnos del departamento de Hostelería del Instituto de Enseñanza Secundaria de Llanes hicieron ayer realidad uno de los sueños de su profesor Jaime Llano: elaborar 60 menús para personas necesitadas del concejo llanisco. Es la forma que tiene el proyecto “IESolidario”, que ayer se puso en marcha con la idea de prolongarse hasta final de curso. Los voluntarios de Protección Civil cerraron el círculo repartiendo, casa a casa, las bolsas con el menú, compuesto por macarrones con bechamel, escalope de lomo con patatas y tartaleta de hojaldre con crema pastelera y pera.

Han pasado meses desde que a Llano se le ocurrió la manera de compatibilizar la programación que ha de cumplir la disciplina que imparte en los grados básico y de grado medio de Cocina y Gastronomía con la necesidad de prestar una ayuda social cuya necesidad se ha hecho patente durante la pandemia.

Así lo confirma Servicios Sociales de Llanes. Desde que el coronavirus paralizó el ritmo de la vida, explican sus trabajadoras, “se ha propiciado que emergieran situaciones de soledad, sobrecarga y desborde familiar o dificultades de alojamiento y empleo” . Conscientes de esa radiografía social, en el departamento de hostelería llanisco buscaron el modo de “promover la solidaridad como un valor fundamental en la vida académica y su transición al mundo laboral”, explicaba ayer otro profesor, Juan García, que junto a Loles Díaz y Celia Crespo completan la plantilla de docentes implicados al máximo en esta iniciativa.

Celia Crespo, Nacho Fernández y Ansatou Diaw, con el postre.

El trajín en los fogones era ayer más que evidente. Y los alumnos, nerviosos unos, ilusionados otros y concentrados todos, daban cuenta de la responsabilidad que tenían frente a ellos. “Venga, chicos, que es el primer día”, les decían los profesores animándoles y relajando un ambiente que olía a comida rica, llena de cariño. “Tenemos que aprender y ésta es una muy buena manera de hacerlo”, apuntaba Veli Fernández. Y se refería a la parte más humana del proyecto, además de a la educativa. Porque esta segunda parte también es importante. “Normalmente la teoría se centra en enseñar a cocinar y uno suele pensar en un restaurante, pero aquí, elaborando sesenta menús, vemos cómo es cocinar para la colectividad. Pienso por ejemplo en la cocina de un colegio, de una cárcel, de lugares donde haya muchos comensales, los ritmos son distintos y esto está siendo muy válido en ese aspecto”, apuntaba Iván Grande, alumno de segundo.

“Lo mires por donde lo mires, es una iniciativa muy bonita”, subrayaba Cecilia Arce mientras ultimaba el escalope antes de que Héctor Martínez lo envasara en su lugar correspondiente. Porque otra cosa importante es “aprender a trabajar en equipo”, resaltaba Llano, mientras observaba la cadena humana que cocinaba a su alrededor sin detenerse.

Y así, personas en situación de soledad, con dificultades para contar con apoyos familiares y afectivos, familias sin empleo y con incertidumbre, menores en situaciones difíciles, personas en situaciones de conflicto de convivencia ” recibieron ayer un menú nutritivo y muy necesario.

El fondo más humano del proyecto es lo que le da sentido. Porque, apuntan desde los Servicios Sociales, “la pandemia ha generado la posibilidad de reconocer y apoyar a nuevas personas y colectivos vulnerables e invisibles anteriormente”. Es, a todas luces, “una oportunidad para generar redes de solidaridad y apoyo a nivel comunitario por parte de todos, así como de trabajar en red y coordinación a nivel local tanto administración, como entidades sociales e iniciativa privada”.

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