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Los apicultores piden formarse para eliminar la velutina, hartos de una gestión “ineficaz”

Los productores, alarmados por el descenso en el número de colmenas, advierten de que es una “época crucial” para contener al insecto invasor

Anita Merino mira las trampas junto a sus colmenas. | Eva San Román

Anita Merino mira las trampas junto a sus colmenas. | Eva San Román

Los apicultores de Cangas de Onís, Onís y Amieva piden al Principado encargarse ellos mismos de la eliminación de los nidos de la temida avispa asiática, que está acabando con sus colmenas y, por ende, con su producción de miel. Los productores aseguran que la gestión establecida por el Principado “es del todo ineficaz” y piden formación para hacerse cargo de la destrucción del principal enemigo de las abejas. Explica Anita Merino, vecina de San Martín (Cangas de Onís) que ejerce de portavoz de los apicultores, que el proceso actual “no lleva un proceso ordenado, no tiene ningún control y no siempre se desarrolla cuando debe”.

Merino cuenta que en el verano de 2019 tenía 40 colmenas y la invasión de las velutinas -llegó a contar hasta doce nidos en los alrededores- redujo el número a tres. Ya solo le quedan dos. Ella producía miel en La Caxigosa y El Polledal, entre los concejos de Cangas de Onís y Onís. Ahora se afana en rodear su par de colmenas de decenas de trampas, en las que llegaron a caer hasta 50 velutinas al día durante el mes de septiembre.

“Avisap -la aplicación móvil por la que rige la destrucción de los nidos la empresa contratada por el Principado- no sirve, o no la utilizan como deberían hacerlo”, sentencia Merino. Como ejemplo, detalla, “hace más de un mes notifiqué la presencia de tres nidos en el monte de Cuerres y aún no han venido ni a saber de ellos” y ésta es una “época crucial” en donde deben eliminarse todos los nidos. Pero no solo no han descendido con respecto al año pasado, sino que han aumentado. “En 2019 notifiqué la existencia de ocho nidos y este 2020, en el mismo período, he dado cuenta de 20”, indica. La proliferación “aumenta de forma muy peligrosa” y la consecuencia será “el fin de la producción de mieles autóctonas, por un lado, y por otro, nos quedaremos sin polinizadores”.

Velutinas muertas.

Los apicultores creen que el Gobierno debería delegar en ellos la eliminación de los nidos. Al fin y al cabo, tal como defienden, son ellos quienes los encuentran, quienes avisan a la empresa, quienes tienen que controlar si efectivamente el nido ha sido eliminado de forma efectiva y quienes tienen que hacer un seguimiento en la zona con el fin de garantizar la supervivencia de sus especies. “Aquí llegan cuando llegan, eliminan lo que eliminan y nadie vuelve a mirar si han quedado dentro de los nidos las velutinas, como pasa con mucha frecuencia”, lamenta Merino. El problema de eso es que “si había 100 y quedan 50 reinas, eso se traducirá en los mismos nidos al año siguiente”.

“Los apicultores estamos abandonados”, sostiene Merino, que asegura que lo único que piden es que “nos formen igual que lo hicieron cuando decidimos hacer miel, que nos den el material que utiliza la empresa y nosotros nos encargamos de eliminar cada nido”. Lo hacen porque son ellos “los grandes perjudicados” en cuanto a la producción de miel, pero también porque son quienes más entienden de los procesos y vida de las velutinas.

Los afectados agradecen la ayuda prestada por el Ayuntamiento de Cangas de Onís. “Nos ayudó mucho en el trampeo”, apuntan, y llegaron a capturarse 7.000 insectos con la ayuda de una red de voluntarios que se dividió el territorio. Pero el trabajo de la administración local y de los vecinos que se encargan de acotar su territorio “de poco sirve” si los nidos no se eliminan de facto. La producción de miel había caído el pasado año “en un 80%”, asegura la apicultora, y el problema puede agravarse. “A la velutina no le interesan ni el polen ni el néctar, no tiene depredadores y su reproducción y su acción son alarmantes”, subraya.

Baleares anunció ayer que se ha convertido en el primer territorio europeo que logra declarar erradicada la avispa asiática. Ha sido gracias a la colaboración de distintos organismos públicos, (bomberos y agentes forestales incluidos) y varias asociaciones de apicultores y cazadores.

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