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Clamor contra el Principado de los guías de montaña: “Tiene paralizado el turismo activo”

Los profesionales asturianos pierden la campaña navideña, con abundancia de nieve, mientras sus colegas de otras provincias sí pueden trabajar

Joaquín Álvarez, con varios clientes, realizando esquí de travesía en Peña Maín (Cabrales), en los Picos de Europa. | Reproducción E. S. R.

Joaquín Álvarez, con varios clientes, realizando esquí de travesía en Peña Maín (Cabrales), en los Picos de Europa. | Reproducción E. S. R.

Los guías de alta montaña asturianos quieren trabajar, igual que hacen sus homólogos en otras provincias, pero no les dejan porque, según denuncian, la Administración regional tiene “el turismo activo paralizado”. Esta podría haber sido “una gran campaña, ya que ha habido nieve en Navidad, pero hemos tenido que rechazar

La nieve ha llegado, pero los guías no han podido rentabilizar su profesión. “No hemos podido hacer raquetas en Lagos o las Vegas de Sotres, o corredores de hielo y nieve en la canal de Jierru y Escamellau; ni tampoco pudimos hacer cursos de alpinismo o esquí de travesía que podían darse cualquier parte de la zona asturiana de los Picos de Europa”, enumera. Son todas, “actividades en alza que muy pocos guías podemos hacer por titulación, y que resultan además el salvavidas de mucha gente que compra el material y se inicia en las montañas queriendo hacer un curso previo para evitar accidentes”. Todo eso “sí han podido hacerlo los guías cántabros, porque se les permite pasar a trabajar”, se queja Álvarez.

Han sido decenas las llamadas, y el mismo número las respuestas: “Explicamos a nuestros clientes que la Administración nos tiene paralizada la actividad, medida que no entendemos, pero tenemos que respetar. Y para ser justo con el cliente me veo obligado a pasarles teléfonos de guías de León o Cantabria para que realicen la actividad que deseaban contratar conmigo”, explica.

La Secretaría de Estado de Turismo dio luz verde el pasado mes de mayo al inicio de la actividad de estos profesionales. Consideró que tanto el medio en el que se realiza la actividad como el reducido número de clientes que gestionan a la vez, no más de 6 u 8 en los casos más numerosos, no supone riesgo epidemiológico. Es, además de un servicio deportivo “excelente” para garantizar la seguridad tras los muchos meses de confinamiento, una práctica a desarrollar al aire libre, con un seguro que se hace cargo de todo y sin costo para la Administración. Por eso “nos cuesta mucho entender cómo ahora una subsecretaría autonómica nos prohíbe trabajar”, afea.

Joaquín Álvarez, practicando escalada en hielo en la Canal de Jierru (Cabrales), en el parque nacional de los Picos de Europa. | Reproducción E. S. R.

“Tenemos una situación mucho mejor, un protocolo elaborado por la AEGM que se ha demostrado eficiente y, la experiencia de los meses de primavera, verano y otoño sin un solo contagio ni de un guía, ni de un cliente”, destaca. Por todo ello se pregunta “qué habrá pasado para que el Principado adopte una medida tan drástica que afecta directamente a la economía de los guías, y de forma más peligrosa a su estado psicológico, ya que siendo autónomos y buenos conocedores del funcionamiento de su mercado, saben que una experiencia negativa en un cliente (como es decirles que “no” pueden hacer la actividad con guía) supondrá “la búsqueda de otras posibilidades”. Y ésta, lamentan, “es la situación que desde el mes de noviembre sufren los guías de montaña del Principado”.

No entienden qué ha cambiado, pero apuntan a que la época del año puede ser una causa. “Ya no es verano y a nadie le importa el turismo, a nadie salvo a los profesionales obviamente. La profesión de guía de montaña no tiene estación; se practica en roca, nieve, hielo y esquí de montaña”. Únicamente “necesitamos una mochila con el material específico que demande la actividad y una mascarilla. Unas cuantas horas en campo abierto y se habrá cumplido la jornada con todas las posibilidades de mantener las distancias de seguridad”.

La “magia” de la profesión

Cuenta Álvarez que el trabajo de guía de montaña “tiene un alma oculta, una magia, una capacidad de hacer sentir a las personas ricas y dichosas a través de una actividad que es, a priori, perfectamente inútil”.

Porque “las montañas por sí solas no valen nada. Sólo tienen valor económico sus maderas, sus pastos o sus entrañas para la explotación minera”. Pero el oficio de guía consigue “sin perjuicio para el medio ambiente” generar un valor mucho mayor cuando enseña la ruta en una escalada, indica las grietas buenas para seguir, una repisa escondida en la que colocar los pies o una presa para agarrarse con solidez. Así, a medida que asciende, y ayuda a ascender, construye un camino para sus clientes, sin valor económico ni capacidad de transportar, pero que, visto con ojos humildes, construye un enorme edificio de valores humanos. “Allí –continúa Álvarez– se experimenta la sencillez de las mejores emociones humanamente: la amistad, la responsabilidad, la solidaridad, la voluntad, la honestidad, la humildad…”, enumeran. Y también “el respeto a las montañas y a la naturaleza al descubrir en ellas y mediante ellas la mejor esencia de uno mismo”, añade.

Para quien ha formado parte de alguna expedición de este tipo sabe que “el guía transforma lo inútil en valorado, en apreciado, en pretendido” y al mismo tiempo “genera una sana ambición por ostentar aquello que no se puede transportar, ni poseer, ni acumular al menos de forma material”. Pero, además, cuando se va, todo quedó como estaba, resalta el guía asturiano.

En invierno, en el mundo de los hielos y las nieves, el guía y sus acompañantes ascienden la ladera con sus esquíes, “no necesitan remontes, ni infraestructuras, ni aglomeraciones”, advierte. Y cuando alcanzan la cima, comienza el descenso “ladera abajo hasta las pequeñas aldeas, conjuntos etnográficos que componen por si mismos una experiencia intelectual”. Y así, cerrado el círculo, se mezclan deporte y cultura tradicional, “un simposio de buenas prácticas”, concluye.

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