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La Santina vuelve a lucir un manto clásico, “más acorde a su majestuosidad sin estridencias”

La Virgen de Covadonga ya no viste el atuendo “verde prau” donado por una devota y que causó opiniones encontradas entre los fieles

Alejandro Pérez, en la Santa Cueva, ayer,  con la imagen y su manto clásico al fondo

Alejandro Pérez, en la Santa Cueva, ayer, con la imagen y su manto clásico al fondo

La Virgen de Covadonga atesora un vestidor que supera, con creces, el medio centenar de mantos. Van desde los que se cosen sobre telas delicadas a los que llevan bordados en oro. Las donaciones son numerosas, “cada año las hay procedentes de todas las partes del mundo”, señala Javier Remis, el director del Museo de Covadonga. Entre ellas se encuentra uno de los últimos atuendos que ha lucido la Santina, de color “verde prao” y abundantes y coloristas motivos en pedrería. No ha durado mucho sobre la imagen, pues ayer mismo, ya lucía otro, más sobrio y de tonalidad más apagada, con un diseño clásico en verde botella.

La Santina conjuga “sencillez, humildad, majestuosidad sin estridencias” y los colores de su manto “deberían de ir en esa línea”. Al menos esa es la opinión de Juan José Hernández, sacerdote del Santuario que ayer apuntaba que el último manto donado a la Virgen de Covadonga, en “verde prao” con flores en tonos rosas, tal vez “no encajase del todo con lo que nuestra Virgen representa”. Es, asume, “una cuestión de gustos, está claro, y éste es sólo el mío”, que coincide con una imagen más tradicional para la Virgen de Covadonga.

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El vistoso manto que estrenó la Santina Eva San Román

“Las vírgenes del Sur de España suelen ir más engalanadas, más recargadas, con anillos, pulseras o collares. No sucede así con nuestra Santina, a quien nunca se le ponen adornos, ni broches, ni colgantes, y no es porque no los tenga”, apunta Hernández, “simplemente es que no va con lo que representa y es”, zanja.

A su juicio, “el manto es un aditamento que le ponemos a la Virgen porque es una imagen a vestir propia del siglo XVII, pero nunca el vestido que se le ponga ha de prevalecer sobre Ella”, subraya. Las donaciones “siempre han ido en esa línea, nunca habíamos recibido una tan llamativa y aunque a muchos no les ha gustado, otros lo han aplaudido”, reconoce el clérigo, que veía en el último manto “quizá un diseño muy recargado para lo que estamos acostumbrados”. Por eso ayer la Virgen lucía ya un manto tradicional, clásico y más oscuro, que “asociamos más a su imagen”.

El atuendo que la Virgen de Covadonga vistió hasta el pasado martes, donación de una devota

El atuendo que la Virgen de Covadonga vistió hasta el pasado martes, donación de una devota

La frecuencia con la que la Virgen de Covadonga recibe mantos como donación –por una ofrenda para hacerle una petición o simplemente como una muestra de devoción– ha hecho que incluso se han subido a internet los patrones de costura para que la indumentaria encaje a la perfección en los 72 centímetros que mide la imagen.

Estos días La Santina estrenaba el manto en “verde prao” que la modista Marisa Antequera envió junto a otros dos. Y aunque la recepción de su creación se recibió con gratitud y la Virgen estrenó regia la nueva indumentaria, el revuelo y la disparidad de opiniones por lo diferente de la creación hizo que el manto se cambiara en la noche del martes por otro, sólo dos días después de habérselo puesto.

El sacerdote José Juan Hernández, ante la Basílica.

Alejandro Pérez, un vecino de Langreo que ayer, por trabajo, se trasladó a Cangas de Onís y “porque es casi visita obligada” acudió a ver a la Virgen a en su cueva, aplaudía también el cambio de imagen. “La Santina siempre ha sido sobria, elegante”, decía frente a su manto verde botella, muy distinto al de intensa paleta que lucía desde el domingo pasado. “A mí me parece que con colores menos vivos, más serios, da sensación de entereza y calma”, valoró.

Piezas para vestir a la Santina hay muchas. Y algunas de enorme valor. El director del Museo de Covadonga explica que existen mantos muy especiales, como el donado por Isabel II o el que lució en la última visita Real, el donado por Alfonso XIII. También hay donaciones de particulares, muchas, que deben ser conservadas con sumo cuidado” porque el entorno en donde se colocan, en una cueva húmeda, hace que corran el riesgo de degradarse.

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