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Cangas de Onís pide un retén en la zona para evitar que vuelva a arder el monte Priena

“El Parque no destina recursos a limpieza y mantenimiento”, denuncia el regidor, tras el incendio que ha modificado el paisaje de Covadonga

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Vista de Covadonga tras la quema de parte del monte Priena

El perfil de la Basílica de Covadonga ya no se bordea con un fondo verde de arboleda y matorrales. Ahora, el monte trasero es, en parte, negro. El color que le ha dejado a la ladera el efecto de las llamas del fuego que se inició en la tarde del pasado lunes en la zona. Arrasó el monte Priena y el suceso, afirma el alcalde de Cangas de Onís, José Manuel González Castro, podría haberse evitado. Al menos, haberse aminorado su impacto si “en el Parque Nacional hubiera un mantenimiento y se contara con un retén de incendios”. El regidor lleva años pidiendo que el organismo invierta en personal que se encargue de la la limpieza del área.

“Crecen los arbustos, crece la maleza y al secarse todo ello se convierte en el combustible perfecto para los incendios”, evidencia el Alcalde, igual que lo hacía estos días el regidor de pastos de la Montaña de Covadonga, José Antonio García.

¿Qué pasa con el retén de incendios? ¿Cuántos se contrataban antes y cuántos ahora? Estamos cansados de plantearlo al Patronato. Hasta que se dote de recursos y se le dé la importancia que merece tanto al espacio natural como al aprovechamiento de pastos de los ganaderos, no podremos avanzar. Al Gobierno no le puede sorprender ahora que se queme esta cuesta, y del resto del monte, porque los recursos para su mantenimiento son nulos”, se queja González. “Yo no quiero disculpar al pirómano, si es que en este caso lo hubiera, que no se sabe, y no se debe prender fuego en un día de viento sur, pero la gasolina de ese incendio es la maleza que se reparte seca por el monte”, subraya.

A la derecha, en primer término, Pedro Ordóñez, junto a su sobrino Félix Ordóñez y su hermano Pedro Ordóñez, ayer, en Covadonga. Eva San Román

Un monte en el que, por cierto, “se ha gastado mucho dinero en repoblar”. La Cuesta Ginés, como se conoce a parte de este espacio, había sido repoblada en 2017 con robles, castaños, abedules “y otras especies autóctonas”, después de que otro incendio arrasara este punto en 2013. Antes de esa fecha también se habían hecho labores de repoblación, pero el fuego volvió a devorar el trabajo realizado sobre siete hectáreas. En esta ocasión las llamas devastaron casi 120 hectáreas. “De nada sirve invertir en este tipo de actuaciones si no hay conservación, si no se limpia, si no se hacen cortafuegos o desbroces”, censura el regidor.

Ahora “habrá que esperar 5 o 6 meses para recuperar únicamente el maorral”, aunque determinar tiempo exacto es complicado pues “influirá mucho la climatología”, señalan los guardas.

Lo cierto es que la imagen en negro del monte impresiona. Julita García y María Puente llegaron ayer para participar en la eucaristía con motivo del Miércoles de Ceniza. “Al mirar alrededor desde la explanada te quedas impactado, aún huele a quemado. Es una verdadera pena ver arder el parque nacional, aquí junto al Santuario, ahora seguramente le queden muchas labores para restaurar la zona”, advierten las canguesas.

En la última reforestación, que pretendía devolver la vida a esta parte asturiana del parque nacional, se mitigaron los daños recuperando la estructura, la diversidad y la dinámica del ecosistema original del bosque atlántico. Previos a esos trabajos de recuperación, entre los años 2005 y 2007, se habían hecho obras para restaurar la ladera, poblada entonces de eucaliptos.

Juan Carlos Ordóñez Cosío, que llegaba junto a su hermano Pedro y su hijo Félix al Santuario desde Infiesto, recordaba que hace un mes “subí hasta la Cruz de Priena por este lugar y ahora es un dolor verlo así, negro”, subraya. “Es un atentado a la naturaleza y una verdadera pena que no pudieran apagar el fuego ante de que acabara con todo este monte”, indica.

Fernando Pérez, un peregrino de Llanes, se acercó a recoger a una amiga que fue a Covadonga cumpliendo una promesa. “Lo habíamos visto en fotos, pero quise acercarme e impresiona. Tendrán que reforestar otra vez”, augura.

Será un retroceso importante para la zona. “Estaban los árboles creciendo”, recuerda el sacerdote José Juan Hernández Deniz. “Seguro reverdecerá pronto, con las lluvias el tapiz irá recuperando el color, pero el daño ha sido terrible”, lamenta. “El incendio empezó en un foco muy pequeño pegado a Llerices y luego empezó a extenderse, las llamas siempre impresionan y aquella tarde había viento cálido, con lo que podía tirar ascuas a cualquier lado”, recuerda Hernández. “No se entiende que hagan esto, no se entiende nunca, pero en este lugar menos”, dice.

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