Jaime García preside la Asociación de Alojamientos Rurales de Asturias (Arca) desde hace tres años, pero lleva más de veinte al frente de La Casa del Tesoro, en Triongo (Cangas de Onís). En Arca, de la que forman parte alrededor de 200 alojamientos, están asociados establecimientos ubicados en pueblos de menos de 500 habitantes. Tras el fin del estado de alarma, esperan a los turistas del verano como agua de mayo.

–¿Cuáles son los mayores atractivos del Oriente?

–El más grande es el Parque Nacional de los Picos de Europa, y eso favorece mucho la tendencia “eco-friendly” de buscar actividades en la naturaleza y sostenibles. Desde hace veinte años, en el Oriente se reivindica la vinculación de los inicios del turismo con la pesca deportiva en los ríos Sella o Cares. Fue un recurso que no cuidamos lo suficiente y que fue desapareciendo. Es una región muy dinámica por la movilidad de sus visitantes. El punto fuerte del Oriente es su gran biodiversidad.

–¿Hay unión entre los alojamientos del Oriente?

–Es una zona que aprobó fórmulas como la Fundación Turística y Cultural del Oriente, que favoreció una gestión conjunta del Oriente aglutinando a todas las asociaciones. Hubo una colaboración pública-privada de la que surgió, por ejemplo, el Plan de Acceso a Lagos. Recientemente, Otea organizó una reunión con las asociaciones del Oriente y los ayuntamientos para dinamizar en torno a distintos núcleos, trabajar con la población local, escuchar las reclamaciones y ver qué se puede hacer. Hay proyectos, aunque quedaron paralizados con el covid.

–Este año se quedaron sin la temporada de Semana Santa.

–Estuvimos cerrados a todos los efectos. Para que sea rentable un negocio debería tener alrededor de cien días de ocupación al año, este año hemos tenido cero.

–¿Hay ahora más turistas asturianos en casas rurales?

–Sí, ahora a nosotros nos llega gente de Llanera, de Gijón... Además, el Principado presenta una campaña de bonos de descuento dirigidos a los asturianos para que conozcamos la región.

–¿Se notó el impacto de los cierres de los concejos?

–Claro. Por ejemplo, en la época de nieve, en Aller veían a gente subir a esquiar, bajar y para su casa, no podían quedarse a pernoctar. Quien venga por aquí es normal que quiera ir a conocer Llanes o Cangas de Onís. Si están cerrados, se complica la temporada.

–¿Cómo soportan gastos acumulados tras tanta inactividad?

–Aguantamos este cierre brutal por la cantidad de años que llevamos trabajando, por tener casi todos los gastos cubiertos en las casas de aldea. Trabajamos para unirnos con otras asociaciones de España de turismo rural, e incluso de Portugal, y, a la vez, con empresas de turismo activo, de sidra, de alimentos asturianos...

–¿Qué expectativas hay para este verano?

–Se espera un repunte, pero para volver a la normalidad absoluta ya hablamos de 2022. A ver cómo organizan los cierres a partir de ahora. Esta es la segunda desescalada para nosotros, ya hay mucho trabajo hecho. Tenemos más previsión, reservas distanciadas, mascarillas, gel hidroalcohólico, máquinas de ozono... El año pasado hicimos un acopio fuerte de material, una compra centralizada que nos unió mucho al sector.

–Confían en un buen verano.

–Hay clientes que no fallan. Después de veinte años aquí, el 40% de los clientes son repetidores, los hay que vienen desde hace trece años. Son una garantía. Además, sabemos que el verano siempre va a ir bien. Si no funcionase el verano, sería catastrófico.

–¿Está cambiando el modelo?

–Está creciendo mucho el interés por las rutas, por hacer recorridos, salir a caminar... Es curioso. Ahí sí que hubo un cambio. La gente viene a hacer rutas, y sé de ayuntamientos que van a hacer inversiones importantes en recuperar pistas forestales que quedaron abandonadas o en desuso por la desaparición de la ganadería. La gente viene con ganas de respirar. En ese sentido, creo que vamos a ser objetivo de muchos clientes, va a funcionar el turismo de naturaleza.

–¿Y el turismo de naturaleza solo funciona en verano?

–Para que nos venga alguien en otoño tenemos que apostar por ese tipo de clientes, dando el enfoque hacia la sostenibilidad y apostar por los potenciales clientes del norte y, sobre todo, extranjeros cuando puedan viajar; que vengan buscando esto, el avistamiento de osos en la zona del Occidente, los recursos del Parque Nacional... Aquí tenemos de todo.

–¿Y el mal tiempo?

–En Asturias debemos desterrar la idea de que cuando llueve hace mal tiempo. Esto es verde porque se riega y en algún momento hemos comentado la posibilidad de regalar chubasqueros para decir: ”Ven, que no te mojas”. Y organizar salidas al monte con chubasquero y un buen equipo, sin miedo, a disfrutar de todos los tonos de verde que tenemos aquí.

–¿Hay más colaboración?

–Tenemos una situación privilegiada y hay mucha oferta complementaria a los establecimientos. Todo eso de la cadena de valor es cierto. Si no funcionan el bar o la parrilla, si no están abiertas las canoas y funcionando los paseos a caballo, no tendríamos negocio. Lo que de verdad mueve es que estemos todos conectados. Siempre ofrecemos oferta complementaria, la tenemos digitalizada y se la enviamos a la gente antes de que venga. Es un apoyo entre todos los negocios de la zona buscando la idea de comarca. Lo que busca la gente cuando viene a Asturias de turismo rural es ir a la quesería a comprar un queso y después montar a caballo, ir al bar, comer cachopo...

–¿Y con otras comunidades?

–Estamos pensando en buscar mercados emisores fuera como, por ejemplo, con Canarias. También queremos alcanzar nuevos mercados aprovechando eventos como el World Cheese Awards 2021, que se celebra en Oviedo, para atraer gente al resto de Asturias. Existe también la opción de hacer cosas en común con Cantabria, para compartir los recursos de Cabárceno o Fuente Dé, que favorecen mucho a los alojamientos del Oriente. De aquí la gente se va siempre a ver esos lugares y también llega mucha gente del Aeropuerto de Santander.

–¿Les faltan servicios por estar en zona rural?

–Nuestras reivindicaciones son las exigencias de los clientes, como por ejemplo la instalación de contenedores de reciclaje. Ayudan a que estén mejor los pueblos y las casas, a cuidar el entorno. La conectividad sigue sin ser la que desearíamos. Yo ahora tengo buen internet aquí, pero llega a través de una cooperativa de Villaviciosa. Es una incógnita lo que pasará en los pueblos, por ejemplo, con la gestión del 5G. El servicio wifi es indispensable, aunque los clientes busquen silencio, tranquilidad y apartarse del mundo, lo primero que piden, sobre todo los niños, es la clave del wifi.

–Internet es clave.

–Ahora también es necesario para darnos visibilidad sin pasar por el filtro de las grandes plataformas, como Booking o Airbnb, y poder rentabilizar el negocio. El turismo rural no se puede deslocalizar, es algo fijo. No puedo mover la casa a otro sitio donde me vaya mejor. Aquí, al lado, cerró una casa y es una pena; es difícil aguantar si no hay una gran inversión. Se cierran los negocios y el monte está para los jabalíes.