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Socueto, el retiro equino de Peñamellera Baja

Un alemán y una madrileña han convertido un caserío del siglo XVII en un “santuario” que acoge caballos en la etapa final de su vida

Sole Martínez, con la yegua “Furiosa”. | Á. F.

Sole Martínez, con la yegua “Furiosa”. | Á. F.

En mitad de la nada, cerca de todo y rodeados de bosque y de pastos. Así llevan quince años Sole Martínez y Rudy Schmid. Una madrileña y un alemán que dejaron toda su vida en la ciudad para irse a vivir a un imponente caserío del siglo XVII y rodeado de una finca de trece hectáreas en la que albergan un santuario de caballos. Es un lugar de historia desconocida casi por completo y situado en el barrio de Socueto, en Abándames (Peñamellera Baja).

Comparten ese espacio con doce caballos retirados a los que les ofrecen una jubilación digna. Un a especie de “residencia de mayores” equina, en el que uno puede encontrar ejemplares llamativos. Algunos de ellos llevan en el lugar una década, como “Sofía”, una yegua de salto que tiene 30 años, o “Hizan”, un caballo español de paseo de 34 años. “Ver un caballo de 40 años es como ver a una persona de cien”, explica Sole Martínez, enamorada de estos animales desde pequeña.

Cuenta que siempre tuvo dos pasiones, la danza y los caballos. Se dedicó a la primera buena parte de su vida con una academia en Madrid, ahora cumple su otro sueño desde la finca de Socueto. Allí, entre otros, tiene a “Furiosa”, una yegua retirada que pasea entre sauces y pasta a la orilla del Arroyo de los Molinos, que bordea la finca de manera natural. “A los 16 o 17 años el destino más habitual de los caballos es el matadero; aquí permitimos que lleguen a la vejez rodeados del mejor entorno posible”, asegura la responsable de esta especie de santuario. Muchos de los animales llegan aquí de la mano de sus dueños, que evitando el sacrificio, se hacen cargo de un pupilaje y los gastos de mantenimiento del caballo hasta su muerte natural, con la posibilidad de venir a visitarlos siempre que deseen.

Los caballos están acompañados por diez perros –todos ellos también recogidos–, un pony rescatado que “estaba en malas condiciones y con falta de mantenimiento”, y además hay gatos, gallinas y hasta una cabra enana. Esta peculiar cabra se llama “Monty” y cree que es un caballo, “se comporta como tal, los persigue, se tumba y se mueve con ellos y quiere entrar a sus boxes en las cuadras”, cuenta Sole Martínez.

La propietaria de la finca, con algunos animales. | Á. F.

A través de esta actividad de recogida de animales es como ha nacido la Asociación Manantial de Socueto, una iniciativa que pretende difundir el respeto por el medioambiente y la convivencia y ayuda hacia los animales.“El núcleo de todo es este lugar, aquí surge la idea de compartir el proyecto”, cuentan sus responsables.

Desde el barrio de Socueto organizan mercados de productos orgánicos de huertas de la zona y recogidas de “basuraleza” en enclaves cercanos. Quieren concienciar y “acercar a la gente algo que es cotidiano para nosotros”, explican. Aseguran no haber parado desde que llegaron hace quince años. Sin lugar para el aburrimiento no paran de reparar y renovar las instalaciones. “Lo hemos levantado casi de cero, cuando lo compramos estaba todo en ruinas”, comentan.

A través de la asociación recaudan la ayuda necesaria para el mantenimiento de los animales recogidos que no tienen dueño.

Ofrecen así la posibilidad de apadrinar a un animal y aportar a su cuidado, colaborando con los gastos de comida o veterinario. En el santuario, donde ahora están al tope de su capacidad, disponen de varios establos equipados con mantas y todos los utensilios necesarios. “Gracias a estos cuidados van cumpliendo años”, aseguran. Todos los animales son muy dóciles. Por eso se organizan visitas para grupos familiares y amigos.

En este espacio planean acoger pronto otras actividades como paseos a caballo, además de la práctica de origen japonés Shinrin Yoku, conocida como “baños de bosque”. “Se trata de potenciar la energía positiva del baño verde, que puede relajar y transmitir energía positiva al igual que uno en la playa”, explica Martínez. También quieren colaborar con artesanos de la zona y atraer a otros profesionales.

En esta finca ya existe un espacio dedicado a la artesanía y una exposición permanente llamada “Arte y naturaleza” en la que se puede disfrutar de las pinturas en vidrio de Rudy Schmid.

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