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Juan Ignacio Noriega Autor de “El concejo de Onís (Asturias) en el siglo XVII”

“Sirviella fue el núcleo más importante de Onís, tenía la mejor fragua, sastres y barberos”

“La casa de Cebos, la más poderosa y a la que se arrendaba ganado, condicionaba y controlaba la vida de muchos vecinos”

Juan Ignacio Noriega

Juan Ignacio Noriega es el autor de “El concejo de Onís (Asturias) en el siglo XVII”, una obra de investigación concienzuda que supuso siete años de trabajo. Cuenta 1.600 páginas distribuidas en 3 volúmenes que reúnen datos de la historia del municipio no conocidos hasta el momento. El profesor y escritor ha querido rellenar un vacío histórico y documental sobre un territorio en el que tiene vínculos familiares.

–¿Por qué Onís y por qué el siglo XVII?

–Con Onís tengo vínculos familiares. Es un concejo en el que prácticamente no hay nada investigado a fondo y menos del siglo XVII. Y pensé en rellenar ese vacío. Son 3 volúmenes y 1.600 páginas. Me gusta investigar, ya he hecho otras investigaciones previas y quise intentar rellenar ese vacío. Afortunadamente encontré no todo lo que quisiera en cuanto a documentación notarial o eclesiástica, pero sí bastante como para escribir estos tres volúmenes. Hay algunas anécdotas que no se pueden perfilar del todo porque siempre falta algo de documentación.

–¿Qué documentos quedan de esa época?

Una fuente de documentación importante son los protocolos de un escribano del concejo que había en Onís, que estuvo activo 32 años. De él, que además tenía una letra bastante buena, que es algo poco común en la época, sólo se conservan 10 protocolos (10 mazos de escrituras) entre los años 1666 y 1678 y con vacíos de por medio. Si se hubiera conservado su trabajo a lo largo de 32 años, la documentación sería increíble y permitiría muchas más comparaciones, conexiones y deducciones. De todas las escrituras que consulté, unas 1.400, sólo hay un testamento.

–¿Qué supone eso?

–Los testamentos son una fuente documental importantísima. No solo dan información sobre economía familiar y social de la época, también vínculos familiares y puedes reconstruir más facilmente árboles genealógicos.

–En esta investigación ha reconstruido setenta árboles genealógicos, ¿cómo se hace eso?

–A base de años. Contrastando mucho, comparando cada vez que aparece alguien, equivocándote, rectificando. A veces cuando abuelo, padre e hijo se llaman de igual manera es complicado. A base de leer y relacionar deduces quién es uno u otro. Por ejemplo con cosas como si uno sabe firmar y el otro no. Costó bastante trabajo.

–¿Qué tal se han conservado los topónimos de Onís?

–Se conservan muchísimos, aunque lo que no podemos saber es la forma de pronunciar los nombres. Hoy día se pronuncian en el concejo con “h” aspirada los que la tienen. A la hora de ver la escritura sí aparecía esa “h” pero no sabemos si era pronunciado así. Nos queda la duda, pero en general se conservan muy bien.

–En el apartado que dedica a las profesiones en el concejo aparecen cosas como muriadores, albañiles, barberos y llaman la atención los cirujanos...

–No es la misma idea de cirujano de ahora. El de entonces era capaz de hacer una incisión, era de cortar o amputar en casos dramáticos, pero no con los conocimientos médicos de ahora, claro. A veces barberos y cirujanos eran la misma persona, pero en el caso de Onís se habla concretamente de un señor que vivía en Benia que sí era tratado como cirujano y no era barbero.

–¿La importancia de cada pueblo era similar a la de ahora en población y vitalidad?

–Entonces Sirviella era el lugar más importante del concejo. La prueba de ello es que la fragua más importante estaba en Sirviella, como el mayor número de barberos y sastres, que vivían alli. El párroco, los curas, aunque al principio residían en Talaveru, luego vivieron en Sirviella, nunca en Benia. Además tenía al lado un lugar entre Sirviella, Villar y Sierra, que es la bolera, un sitio de concurrencia de gente de muchos lugares del concejo. Allí se hacían unas cuantas escrituras aprovechando la jornada dominical de ocio. Salían de misa y se iba allí a jugar. Se convocaba al escribano y era fácil encontrar allí a los tres testigos legales que se necesitaban para hacer la escritura.

–¿Pagos aplazados y préstamos cortoplacistas también estaban a la orden del día?

–Forman parte del trasiego de dinero entre particulares. No había banca, la única forma de que algunas personas en momentos determinados pudieran disponer de capital en efectivo, en plata o en oro, era suscribiendo censos que eran como los préstamos hipotecarios actuales. Ponías de garantía tus propiedades y le ibas pagando unos intereses del 5 por ciento, en un plazo de cuatro años, aunque en algunos casos se ampliaba. Los préstamos cortoplacistas era cuando había urgencia por el dinero, que el prestamista daba una cantidad pero la devolución se producía en el plazo de un año.

–Hay un capítulo titulado “Hijos ilegítimos”.

–Eso ya forma parte de la anécdota un poco amarilla de la historia. Los hijos ilegítimos era relativamente frecuentes, que los curas tuvieran hijos que luego reconocían. Es el caso de un rector del colegio de San Gregorio de Oviedo que era hijo natural de un cura natural de Talaveru.

–La casa de Cebos es citada varias veces en el libro. ¿Era la de más poder?

–Mucha gente cree que historia de Onís es la la historia de la Casa de Cebos, pero no es solo eso, sino la historia de mucha gente anónima que tenían condicionada su vida por la casa de Cebos, que era la casa más poderosa. Hay vecinos de Demués y La Robellada que se enfrentan a eso cuando hay que luchar por el poder en el Ayuntamiento. La mayoría de la gente aún siendo hidalgos no tenía dinero para tener una cabaña ganadera para mantenerse y alquilaban el ganado a la casa de Cebos. Tenían arrendatarios de ganado, con lo que tenían controlados a estos vecinos y su comportamiento y condicionaba su vida. Y en las luchas de poder se nota esto.

–Las unidades de medidas en las erías o las fincas son curiosas...

–Para los terrenos donde se sembraba normalmente la superficie se medía en carros de cuchadura (carros de cucho) o en mueras de bueyes. En prados, las medidas eran carros de hierba o números de segadores.

–Anécdotas habrá muchísimas en estos tres volúmenes. Cuente alguna.

–Pues por ejemplo reconstruyo los habitantes de sitios que están hoy día despoblados. Por ejemplo quienes vivían en un lugar llamado Sopaderne, entre la iglesia del Buen Suceso y Demués. Ahora no hay nada y hubo casería con hórreo y vivía gente. Luego, en Fresneu, entre la Candanosa y el Pedrosu, no vive nadie. En su día vivía allí bastante gente y doy relación de todos los vecinos que vivían.

–¿A quienes recomendaría estos volúmenes?

–El que tenga interés por Onís y la historia, e incluso algo de historia de Asturias, va a encontrar muchos datos ahí. 

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