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Una vida entre tubos y caballos

El piloñés Luis Cuevas prepara una escuela de equitación en Cabranes tras 35 años dedicado a construir gasoductos en Argelia y Marruecos

Luis Cuevas, durante la construcción de un gasoducto en Argelia. | Reproducción de B. G.

En una finca apartada, a diez minutos de la carretera por un camino sin asfaltar que da a la parroquia de Naveda, perteneciente a Cabranes, Luis Cuevas se entretiene diseñando y construyendo lo que será en un futuro una escuela de equitación junto a su hijo, que es jinete y prepara caballos. Este piloñés de 65 años de edad tiene en este emplazamiento majestuoso, con vistas a Peñamayor, a los Picos de Europa y al Sueve, una veintena de caballos, además de ovejas y cabras. A todo ello quiere dedicar su futuro, aunque tampoco descarta del todo volver atrás, a lo que ha sido su gran pasión: la construcción de gasoductos.

Cuevas ha dedicado gran parte de su vida a los gasoductos. Empezó en España, pero pronto saltó a África, trabajando en toda la zona de Argelia y Marruecos durante 35 años, hasta hace tan solo unos meses. En la cabeza de este piloñés se dibuja un mapa que refleja un auténtico entramado de tuberías repartidas por todo el territorio nacional y por el Magreb. Un mapa que repasa desde lo alto de Cabranes, entre la niebla y el frío característico del mes de noviembre. “Los gasoductos de Argelia los conozco prácticamente todos. Estuve veinte años allí, hacíamos la ingeniería y la obra. Participé en la construcción del gasoducto del Magreb, en el tramo de Argelia, en el de Marruecos y en el de España”, afirma.

Esa faraónica obra consistió en el gasoducto que cruzó el estrecho de Gibraltar para surtir desde las costas gaditanas a la zona oeste y norte de España, así como a Portugal. Recientemente ha sido cerrado, fruto de las malas relaciones entre Argelia y Marruecos. Los nuevos contextos mundiales inclinan la balanza hacia la zona de los países árabes, en un contexto en el que entran en juego intereses geopolíticos y en el que las conexiones entre Argelia y Marruecos no son las mejores, mientras España tantea el terreno para ver cómo reaccionar al cierre de gasoducto. Cuevas tiene claro hacia dónde habría que tirar y barre para casa. “La ventaja del cierre del Magreb es que se active la regasificadora de El Musel. Para Asturias sería una ventaja. Entrarían barcos a Gijón a cargar combustible. El que carga combustible, carga suministros de aguas, comidas...Sería un revulsivo para la economía asturiana”, señala.

Pese a estar volcado en los caballos y a emplear horas en la construcción de una nave que haría las veces de oficina en esa futura escuela de equitación que va cogiendo forma, a Luis Cuevas se le ve esa chispa en los ojos característica cuando algo apasiona a una persona, sobre todo en el momento en el que explica su trabajo y habla de las entrañas de esas construcciones gigantescas que cruzan continentes. “Lo que más me gusta de siempre son las tuberías. El petróleo y el gas. Cada tubo tiene su código, tiene escritos todos los controles que pasó hasta que se colocó. Cuando instalas un tubo con su número sabes dónde está. Si haces un gasoducto de 400 kilómetros y te preguntan por un tubo concreto, sabes exactamente donde está y con cual está soldado”, apunta.

Luis Cuevas, en su finca de Naveda (Cabranes). | Reproducción de B. G.

Pero dentro de ese trabajo y en estancias prolongadas en países con una importante inestabilidad, también, en ocasiones, se pagan caros peajes. Cuevas tiene grabado en su retina uno de los momentos más difíciles durante todos estos años trabajando a tres mil kilómetros de distancia de su Asturias natal. “Durante la segunda guerra del Golfo, estábamos haciendo una explotación de petróleo para Cepsa en Ourhoud (Argelia). Teníamos turnos de 35 días allí y luego estábamos dos semanas de vacaciones. Una de las veces que veníamos a España llegamos al aeropuerto con el pasaporte y con las maletas, y al lado del avión, de repente, a tres compañeros y a mí nos separaron para un lado y nos apuntaron con una metralleta. Nos obligaron a desnudarnos ahí mismo. Entonces, miro al militar que me estaba apuntando con el arma y le pregunto en francés que qué estaba haciendo, si había sido compañero mío en el campamento de la obra y había dormido en nuestra habitación. Eran los militares que nos vigilaban en el trabajo. Me dijeron que cogiera los pantalones, me vistiera y subiera al avión. Los otros quedaron. Dos americanos y un inglés. Conmigo no hubo problema”, afirma.

Ese es uno de los episodios que con más fuerza guarda en su memoria Luis Cuevas. Una memoria en la que se acumulan recuerdos de una persona que, naciendo en un concejo como Piloña, ha trabajado prácticamente en todos los rincones del planeta: “Empecé de chaval en la mar, estuve embarcado. Luego, trabajé en una empresa de Bilbao haciendo los viaductos de la autovía vascoaragonesa y, después, pasé a las explotaciones de madera de Guinea Ecuatorial. Cuando estaba en Guinea nació mi hijo, al que conocí a los ocho meses. Ya cuando acabé ahí, me contrataron en el gasoducto”, rememora.

Con todo, su primera experiencia en gasoductos fue en Asturias, en 1984. Desde ahí, ya no probó otra cosa. “Me contrató una empresa alemana cuando se hizo el gasoducto en Asturias en mantenimiento, en 1984. Entré y, desde ahí, seguí. Fui por primera vez a Argelia en 1988, en un lapsus que no había obras de gas en España, a hacer unos pozos de petróleo para Cepsa. No tenían relaciones con ningún país, solo con España. Hicimos cuatro pozos y un pequeño oleoducto”, recuerda Cuevas.

Ahora, ha llegado el tiempo de volver a asentarse en el Principado, ya con 65 años cumplidos y volcado en el mundo de los caballos, aunque la pasión que desprende por la actividad que le ocupó durante 35 años de su vida es tal que no descarta del todo volver a hacer las maletas. “Aparqué hace un año, pero cualquier día marcho otra vez, lo mismo me da. Nada más que me llamen. Yo voy de freelance. Pero bueno, ahora estoy entretenido haciendo esto de los caballos con mi hijo, que aquí hay mucho que trabajar y hay que cuidar a los animales. Llevo mucho dinero invertido en esto”, asegura Cuevas mientras observa a sus caballos.

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