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Adolfo Mariño Gutiérrez | Abad de Covadonga

“Supe por la prensa que el Principado celebra aquí los 1.300 años de la batalla de Covadonga”

“Si otra comunidad tuviera la hermosura de este entorno, junto a la Virgen y a la historia que tenemos, echaría el resto con un lugar así”

Adolfo Mariño, con la basílica de Covadonga al fondo. | María Villoria

Adolfo Mariño Gutiérrez lleva cuatro años y medio como abad de Covadonga. Junto a otros dos canónigos atiende la gestión del día a día del cabildo, que ha pasado momentos duros en la pandemia. También se ocupa de la Escolanía, la que denomina la gran obra sociorreligiosa del santuario.

–¿Qué supuso para usted el nombramiento como abad?

–Me causó un cambio grande de vida, pero la experiencia es única. Siempre fui sacerdote de parroquia. Esto es otro mundo. Ser custodio de la Virgen y acoger a un millón y medio de personas cada año en el mayor santuario que tiene Asturias es una riqueza grande.

–La pandemia generó graves problemas económicos al Santuario. ¿Cómo están ahora las cosas en este sentido?

–Han sido muchos meses de incomunicación con el resto del mundo desde Covadonga y ha sido duro. Ha sido más duro todavía tener que enviar al ERTE a nuestros trabajadores y no tener recursos económicos para hacer frente a toda la situación. Fue un bofetón grande de una dureza tremenda.

–¿Pidieron ayuda a alguien?

–Algunas personas, a título personal, nos ayudaron económicamente, pero era tanto a lo que teníamos que hacer frente que no llegábamos. El único recurso que tiene Covadonga es el de la tienda de objetos religiosos y las ofrendas que la gente hace. Y aquí quiero aclarar que no tenemos nada que ver con el billete de subida a los Lagos. Muchas personas nos hacen comentarios sobre el precio porque piensan que sí. No tenemos ayuda de ninguna institución pública ni civil. Los recursos que tenemos son para el mantenimiento, los trabajadores y la Escolanía.

–Todo esto contradice eso que a veces se escucha de que Covadonga es un negocio.

–No es así. Covadonga tiene muchos agujeros que cada día tenemos que tapar. Los inviernos son muy duros, este mismo hemos tenido inundaciones y hay que reparar muchas cosas, retejar casi todos los años, se revientan tuberías... Nuestros recursos van ahí y a la Escolanía, que es una obra socio religiosa maravillosa de la iglesia que lleva 76 años funcionando. Tenemos niños a los que ayudar, darles una cultura y transmitirles la fe de la iglesia. Son chavales que comen, visten y tienen que tener calefacción y agua caliente, una formación musical y eso lo asume todo el Cabildo.

–¿Qué se hace con las monedas del pozón de Covadonga que la gente tira espontáneamente?

–Por una tradición inmemorial la gente cuando pasa por el pozón echa una moneda. Nadie se la pide, no hay ningún cartel o indicación que provoque eso. Lo hacen de forma espontánea, como pasa en otros sitios del mundo como la Fontana di Trevi, en Roma. Hacía siete años que no se recogía, este año se ha hecho y la gente debe saber que ese dinero se destina íntegramente a la obra sociorreligiosa de la Escolanía.

–¿Tampoco reciben apoyo para la Escolanía?

–Nos vemos y deseamos para llegar a hacer frente a todos los gastos que tenemos: cocineros, limpiadora, el director del coro, el organista, profesores de música... Los 20 escolanos vienen de economías inestables, humildes y sencillas. Los chicos pagan 50 euros al mes y algunos no pueden. Por nuestras manos no pasa ni un euro. Si esta obra social tuviera buenos recursos de las instituciones asturianas no tendríamos ese problema. Me ofrezco a que la gente que habla con desconocimiento sobre el destino de este dinero contacte conmigo y yo les explicaré a dónde va el dinero y les mostraré la Escolanía y a los escolanos.

–El próximo año se conmemoran los 1.300 años de la batalla de Covadonga. El Principado ha anunciado una gran exposición aquí en el santuario. ¿Qué se va a hacer exactamente?

–Pues me he enterado por la prensa. Me llama la atención que se quieren hacer aquí una programación cultural sobre Covadonga y covadonguismo y nosotros, que somos los que habitamos este Santuario, no estemos enterados absolutamente de nada. Con nosotros nadie ha contado y me extraña.

–¿Y acerca del proyecto de la ruta de los santuarios estaban informados?

–De esto sí he tenido alguna información, no mucha, a través del Ayuntamiento de Cangas de Onís e incluso desde el propio Principado. Todo turismo, el religioso y el que no lo es, pasa por delante de la Santina, una Madre que los acoge. Calculo que este año han pasado por aquí más de 900.000 personas de mayo a octubre. El turismo religioso es muy importante y ha de entrar siempre en diálogo con los sacerdotes en los santuarios, con la realidad de la Iglesia para dar calidad a ese turismo. Pero de los actos de los 1.300 años de la batalla no sé absolutamente nada.

–¿Hay poca relación con el Principado?

–Todo lo contrario. Además un abad y un cabildo tienen que estar siempre para tender puentes. No es por problema de tensiones con el Principado. Programamos la coronación canónica de la Santina en 2018 y siempre hemos tenido una relación fluida con el Principado y con el Ayuntamiento de Cangas de_Onís, las partes que conformamos el patronato real. Habíamos quedado en centrar ahí todas las celebraciones. Ahora salen otras y lo respetamos. Me ha extrañado esta información sin haber tomado contacto con nosotros. Nos llevamos muy bien.

–¿Está abierto a reunirse para este asunto?

–Sí, por supuesto, pero queremos saber qué personas vendrán y con qué mensaje, porque si el mensaje sobre Covadonga es negativo ciertamente no tiene sen­tido.

–Ha vuelto el turismo tras la pandemia y con ello también el problema de la falta de aparcamiento ¿Qué solución hay?

–Covadonga es el lugar identitario de Asturias. Naturaleza, historia y fe se dan aquí la mano. Sin embargo el entorno está muy mal tratado. Veo a los peregrinos que a veces tienen que bajarse de las aceras, porque está roto todo. Se hacen esfuerzos, pero tenemos que dar más calidad a este entorno, porque eso agrada al visitante y es un reclamo para que vengan mucho más tiempo. Este verano me puse un día a contar coches y bajaron sin aparcar más de seiscientos. Eso es malo para Asturias, para Cangas y para Covadonga.

–La explanada está totalmente renovada y parece que se retoma la idea del remonte desde Les Llanes.

­–El Principado nos ha ayudado con una gran subvención para que la explanada esté en las mejores condiciones. Lo está y es de agradecer. El aparcamiento es la asignatura pendiente. Teníamos un proyecto detrás del edificio del museo, sin impacto visual, que propuso el arzobispo emérito Gabino Díaz Merchán. Los vehículos entrarían por Muñigu y saldrían por delante de la Santina. Se rechazó. El Principado había hablado de un gran aparcamiento en Les Llanes y un remonte, que parece que se retoma ahora. Urge recuperar el diálogo de antes de la pandemia en el patronato de Covadonga en busca de soluciones. Tenemos que ponernos las pilas con Covadonga. Si otra comunidad tuviera la hermosura de este entorno, junto a la Santina y la historia que tenemos nosotros aquí, ciertamente Covadonga no la íbamos a conocer. Echarían el resto. 

–¿Por qué no tiene la atención que se merece el santuario?

–Creo que no hay mala voluntad por parte de nadie. Hay que sentarse y buscar soluciones a todo esto. Me consta que todas las instituciones quieren lo mejor para Covadonga y para Asturias. Covadonga es la casa de todos los asturianos creyentes y no creyentes. La Santina es de puertas abiertas. Queremos acoger a la gente y hacer la estancia agradable. Es un santuario mariano, el pulmón espiritual que sostiene a la iglesia de Asturias. No es un parque temático, no es Disneylandia, es la casa de la Virgen y tenemos que tratarla bien y cuidarla entre todos. Aquí llega gente, con tantos problemas a veces... Y encuentran la paz. En la última guerra que hubo en España la Santina era tan de todos que fue llevada a París por un anarquista y custodiada en la embajada de España, en manos de la República. La Virgen no tiene ideología.

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