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Cierra Casa Delfina, uno de los grandes referentes de la hostelería de Cangas de Onís

El local, con décadas de historia, estaba regentado desde 2000 por Esther Blanco, considerada la "tabernera mayor" de la localidad

Esther Blanco, a las puertas del negocio. | J. M. C.

Casa Delfina, uno de los establecimientos hosteleros con más solera de la vieja capital del Reino de Asturias, localizado en la Calzada de Ponga, en pleno corazón de la ciudad de Cangas de Onís, acaba de cerrar sus puertas al público. El vetusto local era toda una reliquia, como si el tiempo se hubiese quedado estancado en la década de los cuarenta del siglo pasado, además de encontrarse ubicado en una de las zonas más transitadas de la antigua Cánicas.

Desde mediados del año 2000, el local estaba regentado por Esther Blanco, considerada la "tabernera mayor" de Cangas de Onís. Se había hecho cargo del conocido negocio después de fallecer su madre, Delfina Alea del Cueto, que lo había cogido en su día en régimen de arrendamiento, concretamente en el año 1938, a Venturina García. Era la hija de Baldomero García Rionda, entonces veterinario titular de Cangas de Onís.

En su momento, se trató de un negocio hostelero con fonda y chigre, aunque previamente había funcionado tan solo unos meses como frutería. En los años sesenta y setenta de la anterior centuria, fue cita cotidiana de grupos de jóvenes cangueses, algunos de ellos interesados por el mundo de la cultura. Incluso, allí, entre sus robustas paredes, se fundó la revista "La Línea", la cual no tuvo mucho recorrido.

Esther, viuda desde 2013 de Jesús Ania Meré, con quien estuvo casada durante casi 47 años, es una persona muy querida y conocida en Cangas de Onís, historia viva de todo cuando aconteció en ese concejo del oriente de Asturias.

La hostelera rememora infinidad de anécdotas y curiosidades con una pasmosa facilidad. Hasta llegó a protagonizar una tertulia televisiva en compañía de su vecina y amiga, Alicia Muñiz, encarnando con gracia a "las Koplowitz de Cangas de Onís".

Orgullosa

En la hora de decir adiós al emblemático local hostelero, Esther Blanco subraya que siempre se mostró orgullosa de la clientela que tuvo en estas décadas de intensa actividad. "Algunos de los jóvenes que venían por aquí hoy ya son abuelos. Jamás me faltaron al respeto y siempre me tuvieron como una hermana mayor. Solían hablar mucho de moces. Lo que nunca se habló fue de política, porque mi madre siempre lo prohibió", sentenciaba en un reportaje publicado en LA NUEVA ESPAÑA la tabernera mayor de Cangas.

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