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La avellana resiste en Piloña a una temporada "floja"

"Hay poca cantidad, pero el tamaño es algo mayor", dicen los cosecheros, que no faltarán a la gran cita del domingo en Infiesto

Isolina Lobeto, con parte de su cosecha de avellanas. | A. L.

Isolina Lobeto Sutil tiene memoria de los años en los que su familia recogía ochocientos o novecientos kilos de avellanas de la plantación que tienen en Pedroso (Piloña). Sin embargo, el año pasado la producción se quedó en unos 170 kilos y el domingo tiene previsto llevar al Festival de la Avellana de Infiesto tan solo unos 40 kilos, lo que le queda de una cosecha que ha sido "muy escasa".

Que esta temporada haya sido floja se puede explicar por el clima: un tiempo demasiado seco y un calor pocas veces conocido en la zona, con temperaturas que estuvieron cerca de alcanzar los 40 grados. Pero las razones de que la producción haya menguado tanto en las últimas décadas, en opinión de Isolina Lobeto, están relacionadas con el despoblamiento de la zona rural. "En los tiempos de mi abuelo nos pasábamos tres o cuatro semanas recogiendo avellanas, pero la juventud se marchó y la gente mayor recogemos solo lo que está más cerca", explica en la puerta de su casa de Espinaréu (Piloña).

Isolina Lobeto: "Cuando no estemos ni mi hermano ni yo, nadie recogerá ya el fruto"

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Es su hermano Raúl el que vive ahora en Pedroso y se encarga de cuidar la plantación familiar, que se recoge cada año a finales de agosto y después se deja secar al sol. "Lo fuimos dejando, yo me vine a Espinaréu y ahora solo vive mi hermano en Pedroso, cuando ya no estemos ni él ni yo las avellanas no las recogerá nadie, mis hijos ya tienen su trabajo y su casa propia y no se dedican a recogerlas", lamenta. Junto a su casa de Espinaréu, Isolina tiene dos avellanos y una panera en la que guarda lo que le queda de la cosecha de este año. A estas alturas del año, toca podar los árboles y el siguiente momento importante llegará "en diciembre y enero, cuando los abonamos con cuchu de vaca". Para Isolina Lobeto este ha sido "un año malo". "Bajaré al festival unos 40 kilos y el año pasado fueron 170, vendo mucha aquí en casa de gente que viene a comprarla. Para nosotros esto es un complemento económico, hace 40 años teníamos mucha más cantidad", insiste.

El gran problema que ha detectado Isolina Lobeto es el abandono de los pueblos y, sobre todo, del estilo de vida rural: "En los pueblos está todo el mundo igual, quedan muchos árboles sin recoger, se van cayendo las avellanas y se las terminan comiendo los jabalíes". En el pueblo en el que vive, Espinaréu, calcula que habrá "unos 25 vecinos y la mayoría tiene de 80 años para arriba, apenas hay gente joven".

Isolina Lobeto, con parte de su cosecha de avellanas. | A. L.

El Festival de la avellana de Infiesto es un momento señalado en el calendario para ella y por eso trata de guardar algo de su producción para estar presente. "Viene mucha gente", celebra. Y es que, explica, "hay mucha demanda, a la gente le gustan mucho las avellanas". En su caso, es curioso que a pesar de haber estado toda la vida rodeada de este fruto apenas lo ha probado. "No comí una avellana en mi vida, de críos no nos dejaban porque era para venderlas y nunca las comí", asevera.

Otra de las productoras que estará el domingo en el Festival de la Avellana de Infiesto es Verónica Longo-Faza, que tiene su producción en El Texedal y coincide en que el año ha sido "bastante flojo". "Hay muy poca cantidad, el tamaño ha sido algo mayor que otros años, de sabor ya no sé qué decir", explica. Ella tiene previsto llevar el domingo a Infiesto entre 50 y 75 kilos de avellana, la mitad de lo que solía presentar otros años. Achaca esta baja cosecha a un año muy seco y caluroso. "En julio hubo una tormenta seca que tiró lo bueno y lo malo, este año no hay casi producción", explica.

A pesar de todo, Longo-Faza sigue apostando por este fruto y por eso en 2016 plantó una hectárea con avellanos, aunque de momento la mayoría de la cosecha la sigue sacando de los árboles que plantó su abuelo: "Es un complemento al trabajo habitual, yo trabajo en el punto limpio de Infiesto, vendo también algo de miel y tengo las avellanas; hay que ser polifacética y sacar un poco de todos lados", señala.

También ella tiene señalado en rojo en el calendario la cita del domingo: "El festival nunca se dejó de hacer, se mantuvo hasta en los años del covid, este año somos 38 cosecheros, muy pocos, llegamos a ser 80. La cita es muy importante para visibilizar este fruto con tanto arraigo en la zona", concluye.

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