Vacas, ovejas, cabras, burros y yeguas tuvieron ayer su protagonismo en la feria ganadera de Sellaño, en Ponga, cuyo recinto, si bien concentró gran afluencia de visitantes, este año flojeó en la presencia de animales. Se trata de una tendencia que empeora cada año debido a la complicada situación a la que se enfrentan los ganaderos, especialmente los de este concejo, donde la falta de ayudas al medio rural, aseguran, asfixia al sector.

"Intentamos seguir manteniendo la feria, pero es complicado, no solo por la falta de relevo generacional, sino porque muchas veces no compensa tener ganado", lamenta la alcaldesa, Marta Alonso, quien aludió, entre otras cosas, a la subida de los costes y a la proliferación del lobo, circunstancia que ha repercutido, sobremanera, en el escaso número de cabezas presentadas a la feria este año.

Un grupo de ganaderos junto a unas cabras.

La sensación entre los asistentes fue similar: Poco ganado, menos ganaderos, precios moderados y una ausencia importante. "Esta siempre fue la feria del cabrito, la gente venía a comprarlo para Navidad, pero nos hemos quedado sin ellos por culpa del lobo", explica Ovidio González, tratante caprino de Ferrera, en Pola de Siero. "Antes era un evento potente, pero va a menos. Somos menos ganaderos, aquí en Ponga quedamos tres o cuatro", cuenta Joaquín Martínez.

Con todo ello, el sector quiere imponerse y reivindicar el respeto que se merece. Una manera de hacerlo ayer fue asemejar el tradicional arrastre de los bueyes con la carga que arrastra el medio rural por sus carencias y por las leyes poco beneficiosas para el sector. La falta de telecomunicaciones, las escasas ayudas de la PAC, el problema demográfico (despoblamiento y envejecimiento), la carencia de infraestructuras, el deficiente estado de las carreteras y los ataques del lobo al ganado fueron algunas de las quejas y problemas por resolver que se expusieron ayer en el recinto ferial.