Un pastor cangués de 17 años, harto de los ataques de los lobos, vende todas sus cabras

"Tomé una decisión difícil, pero es que iba a seguir matando; no sé si merece la pena seguir en la ganadería", clama Kike Huerta

Kike Huerta, pastoreando a sus cabras en Cangas de Onís.

Kike Huerta, pastoreando a sus cabras en Cangas de Onís. / K. H.

J. Quince

Kike Huerta, pastor de 17 años de la localidad de Santianes de Ola, en Cangas de Onís, ha perdido la esperanza, al menos por ahora. Después de haber visto en varias ocasiones cómo los lobos atacaban a sus cabras y mataban a buena parte de ellas, el joven ha decidido deshacerse de su rebaño, renunciando así a "seguir sufriendo" por las constantes pérdidas.

Desde el mes de diciembre, en su explotación familiar de Santianes de Ola, Kike ha visto cómo el cánido se llevaba por delante a más de una veintena de sus animales, unos ataques que cada vez han sido más constantes y violentos. 

Uno de los episodios más traumáticos que vivió este joven ganadero ocurría el pasado mes de abril, cuando, según denunció, tuvo que subirse a un árbol para salvar su vida mientras escapaba de dos lobos que estaban devorando a uno de sus animales: "Les voceé para que se marcharan, pero empezaron a gruñir y venir hacia mí. Pude subirme a un árbol de milagro", relataba entonces.

Tras el suceso, la familia llegó a presentar una denuncia con el objetivo de llamar la atención del Gobierno del Principado, al que le pedía "medidas preventivas". En su declaración, tanto Kike como su padre, Vicente Huerta, sostenían que parecía tener más valor la vida de un animal salvaje que la de una persona.

Semanas después y, ante la falta de contención del cánido que según asegura ha continuado campando a sus anchas y cebándose con su rebaño, el joven pastor decidió deshacerse del resto de su ganado caprino, vendiendo sus ejemplares en la Feriona de Corao, celebrada el pasado 26 de mayo: "El lobo acabó con la mayoría de mis cabras y decidí vender las que me quedaban. Tomé una decisión difícil, pero es que iba a seguir matando", lamenta.

Con la labor ganadera a un lado de momento, Kike asegura que no sabe "si merece la pena" continuar en un sector al que quería dedicarse hasta hace escasos meses ante el riesgo de seguir perdiendo animales. El joven continúa estudiando un módulo de Formación Profesional en el Instituto de Enseñanza Secundaria Rey Pelayo de Cangas de Onís, mientras espera que las autoridades tomen medidas para paliar la "dolorosa" situación que provocan los ataques de los lobos. En su ganadería familiar aún cuentan con medio centenar de vacas de la raza asturiana de los valles, así como una decena de ovejas, custodiadas por dos perros mastines. 

La denuncia de este pastor por el ataque de los dos lobos en abril provocó la intervención del alcalde de Cangas de Onís, José Manuel González Castro (PP), quien publicó un mensaje de apoyo con el encabezado "Lobos, no". También el presidente del Principado, Adrián Barbón, se pronunció entonces sobre los hechos y mostró su preocupación por al ataque del lobo en Cangas de Onís, al tiempo que exhibió su "sensibilidad y aprecio" hacia las personas afectadas por un "incidente, percance que pudo ser más grave".

Los ataques de lobos a seres humanos son infrecuentes: según expertos en la especie, no había ninguno documentado en este siglo, por lo que el de Santianes de Ola sería el primero en décadas.