Las razones que hacen de Cangas de Onís un referente turístico desde hace décadas
De la visita del Papa Juan Pablo II y a la llegada de la Vuelta, a la apertura del Parador de Villanueva

La Cruz de la Victoria, en Covadonga. / J. M. Carbajal / J. M. C.
La ciudad canguesa permaneció engalanada, y con incontables pancartas de bienvenida al Pontífice repartidas por las calles, durante los dos días de la estancia de Juan Pablo II en el concejo, entre fuertes medidas de seguridad. Mientras que el trayecto de ida desde las inmediaciones del campo Santa Cruz hasta el real sitio de Covadonga Su Santidad lo hizo en un vehículo Mercedes, cedido por la Casa Real, el de retorno, el 21 de agosto de 1989, lo realizó en “Papamóvil”, en tanto recibía vítores de cientos de fieles y devotos, algunos de ellos llegados desde las Islas Canarias y Cracovia (Polonia), a lo largo de su recorrido desde el Santuario mariano hasta Cangas de Onís. Aquella visita de Su Santidad fue el espaldarazo que marcó el devenir de lo que hoy en día es Cangas de Onís, entre el majestuoso río Sella y los míticos Picos de Europa.
A ello debe sumarse el final de etapa en los Lagos de Covadonga de la Vuelta Ciclista a España, en el mes de mayo de 1983, superando en el transcurso del tiempo todos los obstáculos que le habían impuesto desde el denostado Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA). El 23 de abril de 1987, Cangas de Onís secundó una huelga general que paralizó todos los sectores, impulsada en aquellos instantes por la asociación de comerciantes e industriales cangueses, en defensa de la etapa de La Vuelta. Era la lucha de David contra Goliat; el pequeño contra el gigante. Al final, reinó la cordura por la insistencia de todo el pueblo. Primó el sentido común, bajo el mandato de un regidor, Toño Vega, que peleó lo indecible por conseguirlo.

Ciclistas a su paso por Cangas de Onís en una etapa de la Vuelta a España. / J. M. Carbajal
Como tercer eslabón de ese impulso en estas décadas de boyante apuesta por el sector turístico, no se puede obviar la importancia que ha tenido en la comarca de Picos de Europa la reconversión del ex benedictino monasterio de San Pedro de Villanueva en uno de los Paradores de Turismo más notorios de toda la red estatal, auténtico buque-insignia de la hotelería comarcal, inaugurado en 1998. Atrás queda el impulso que dio en su momento el que fuera secretario de Estado de Turismo, José Manuel Fernández Norniella, para que estuviese construido –la inversión supuso más de 1.300 millones de las antiguas pesetas- con quince meses de adelanto sobre el plazo de ejecución previsto. Y tampoco debe obviarse el indudable papel despachado por César Álvarez Montoto, con raíces en el núcleo rural de Zardón, que defendió a capa y espada aquel proyecto, siendo el primer director de la citada instalación hotelera de Cangas de Onís.
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