Homenaje póstumo en Parres al cura Eugenio Campandegui: un puente llevará su nombre

La iniciativa del PP fue apoyada por PSOE y Foro, mientras que IU y Cs votaron en contra

Eugenio Campandegui.

Eugenio Campandegui. / LNE

Ramón Díaz

Ramón Díaz

El Ayuntamiento de Parres ha acordado dar al puente que une Arobes con Llames de Parres el nombre del sacerdote Eugenio Campandegui, fallecido en 2008, a los 71 años. La razón de este homenaje, además de su implicación en asuntos sociales, culturales y deportivos, es que la intervención del cura fue determinante para la construcción de ese paso sobre el río Piloña. Ecónomo de Viabaño y encargado de Llerandi, en Parres, de 1966 a 1970, posteriormente fue párroco de San Juan de Ávila, en Avilés, durante 23 años, y 15 años de Ribadesella. Natural de Pimiango, recibió el "Premio Ribadedeva" a título póstumo.

Era conocido como "El cura del mus", por su afición a este juego. Eugenio Campandegui Estudió bachillerato con los Padres Salesianos en Astudillo (Palencia), Arévalo (Ávila) y Madrid. A los quince años ingresó en el Seminario Metropolitano de Oviedo, donde cursó Filosofía y Teología. Ordenado sacerdote en la capilla del Palacio Arzobispal el 26 de junio de 1960, con dispensa de dieciocho meses de edad canónica, cantó su primera misa en su pueblo natal el día 27 siguiente.

Fue coadjutor en Cocañín (El Entrego), y ecónomo en Sobrecastiello y encargado de Tarna y Pendones (Campo de Caso), donde construyó la iglesia parroquial, la casa rectoral y las escuelas. Restauró la iglesia de Tarna y la capilla de San José, de Soto de Caso.

En 1966 fue nombrado ecónomo de Viabaño, encargado de Llerandi (Parres) y profesor del Instituto de Arriondas. Allí organizó la construcción de varias carreteras y un puente, la reconstrucción del cementerio y la restauración de las iglesias de Llerandi y Romillo. En 1970 fundó la parroquia de San Juan de Ávila, de Avilés, donde estuvo 24 años.

A petición propia, Campandegui llegó a Ribadesella el 10 de octubre de 1993. Realizó importantes obras, como la restauración de la iglesia, las capillas de Santa Ana y Guía, la rectoral, el reloj de la torre o el órgano. Entusiasta de su pueblo natal, publicó el libro «El mansolea. Una jerga gremial de los zapateros ambulantes de Pimiango».

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