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Sobrepiedra, el "belén" de Parres, un pueblo cuidado con mimo que presume de vida y unión vecinal: "La mayoría somos gente joven y hay muchos niños"

La localidad, enclavada junto al río Sella y con espectaculares vistas a los Picos de Europa, ha sido reconocida como "Pueblo ejemplar" del concejo por su aspecto impecable, su historia y la hermandad entre los vecinos

J. Quince

Sobrepiedra (Parres)

Sobrepiedra, asentado sobre un montículo rocoso a orillas del río Sella y con vistas majestuosas a los Picos de Europa, es un ejemplo vivo de cómo la vida rural puede conservarse con mimo, orgullo y sentido de comunidad. Sus 45 vecinos lo mantienen impecable, sin caminos o fachadas descuidadas, ni viviendas abandonadas, un esfuerzo colectivo que ha hecho que esta joya de Parres haya sido reconocida como "Pueblo ejemplar" del concejo, un galardón que premia también su historia, su hospitalidad y el compromiso de sus habitantes con su tierra.

Los miembros del jurado lo tuvieron claro al visitarlo: "Sobrepiedra es un pueblo de nacimiento". La expresión no fue casual y no hace falta más que patear sus calles, alzar la vista al paisaje, visitar cada rincón y saludar a sus amables vecinos, que, cada vez son más: "No hay ninguna vivienda que esté vieja o vacía. Todo está arreglado y con mucha vida. La mayoría somos gente joven y hay muchos niños", cuenta Elena Prieto con orgullo. "De aquí salen críos como churros", bromea Ana Fondón. Y es que, entre primeras y segundas residencias, alojamientos rurales y hoteles, el pueblo bulle y rebosa vitalidad, especialmente en verano.

La fiesta del patrono, el 24 de agosto

Muchos de sus habitantes son familia, y los que no lo son, actúan como si lo fueran. Entre sus anécdotas, numerosas historias compartidas en un pueblo que ha visto a muchos nacer y a otros crecer. Una de las casas perteneció al fotógrafo Gabriel Cualladó, Premio Nacional de Fotografía, que inmortalizó a generaciones de vecinos: "Las fotos que tenemos de cuando éramos pequeños son todas de él; gracias a su cámara podemos ver cómo cambió el pueblo y nuestras familias", recuerdan. No descartan, incluso, organizar una exposición con sus imágenes para poner en valor esa memoria visual.

Por la izquierda, Luis Antonio Prieto Cueto, José Luis Fondón Pérez, Esther del Bustio, Elena Prieto, Silvia Caldevilla, Celia Fernández del Bustio, Ana Fondón Martínez, Eduvita Rivera, Aquilina Martínez y la perrita "Gala".

Por la izquierda, Luis Antonio Prieto Cueto, José Luis Fondón Pérez, Esther del Bustio, Elena Prieto, Silvia Caldevilla, Celia Fernández del Bustio, Ana Fondón Martínez, Eduvita Rivera, Aquilina Martínez y la perrita "Gala". / Julia Quince

El patrimonio de Sobrepiedra es otro de sus grandes tesoros. Su capilla de San Bartolomé, del siglo XII, se levanta sobre una pequeña isla rodeada por el Sella y constituye uno de los templos más singulares del concejo. Cada 24 de agosto, el patrón se celebra con la tradicional procesión del santo y una fiesta con música y reencuentros que refuerzan los lazos vecinales.

Pero el premio no solo reconoce lo que se ve a simple vista: "Es cierto que ganamos por lo que vieron cuando vinieron: que el pueblo está muy cuidado, pero también destacaron que tenemos proyectos comunes, que hay hermandad, que gestionamos juntos el agua... Y que encarnamos lo que es un pueblo", explica Celia Fernández del Bustio, hija de Esther del Bustio, una de las vecinas más veteranas, de 90 años: "Llevo aquí desde que me casé, más de sesenta años, y aquí estamos fenomenal"; asegura con una sonrisa.

El hórreo de Pepe

Y es que la buena relación que hay entre los vecinos de Sobrepiedra y su cooperación es, sin duda ejemplar. En 1974, los propios habitantes de la localidad construyeron la traída de agua desde un manantial en Arenes de Parres: "Fue la primera gran obra que se hizo, porque antes no teníamos agua. Había que bajar a Las Rozas con cubos", recuerda Luis Antonio Prieto. Después llegaron el saneamiento, el asfaltado de caminos y la instalación de la luz pública, siempre con la implicación del Ayuntamiento y, sobre todo, con el esfuerzo conjunto de todo un pueblo.

El corazón de Sobrepiedra late en su gente, diversa y trabajadora: maestros, médicos, ganaderos, o albañiles conviven en armonía, manteniendo un ritmo tranquilo y solidario. El hórreo de José Luis Fondón, conocido como Pepe el alcalde, es el centro neurálgico de la localidad: "Si hay que hacer una reunión o preparar una fiesta, quedamos siempre en el hórreo de Pepe", cuenta Silvia Caldevilla, señalando lo que todos consideran el "centro social" de los vecinos. Allí se charla, se toman decisiones, se organizan tareas y se celebran las pequeñas alegrías cotidianas.

Pepe cuida además su huerto con mimo: tomates, pimientos o berzas que crecen al ritmo de las estaciones, bajo la atenta y curiosa mirada de los animales del pueblo: caballos, vacas, un gallo demasiado cantarín o perros como Gala, que saludan cariñosos en un entorno donde la sencillez es sinónimo de bienestar.

"Los cinco de Sobrepiedra"

La memoria también tiene su espacio. En el pueblo se levanta un monolito que recuerda a "Los cinco de Sobrepiedra": José Castaño Pandiella, José Luis Cofiño Sánchez, Arturo Fontela Fernández, César Meré Sánchez y Pelayo Norniella García. Cinco defensores de la República procedentes de los concejos de Parres y Cangas de Onís que fueron fusilados durante la Guerra Civil. Su fosa común sigue cuidada y mantenida con flores de colores como símbolo de respeto a aquellas víctimas que dieron su vida por la libertad y la democracia.

Aunque no se esperaban el reconocimiento de "Pueblo ejemplar" de Parres, al que se presentaban por primera vez, el premio valorado en 6.000 euros llega cargado de ilusión y proyectos para seguir mejorando la imagen del Sobrepiedra. Su intención es invertirlo en la entrada de la localidad, su iluminación y el acondicionamiento de los contenedores. Además, y, como reivindicación, piden tener una parada propia de autobús y un arreglo en la peligrosa curva de acceso al pueblo "para darle más visibilidad y seguridad".

Mientras tanto, la vida continúa en Sobrepiedra, donde los turistas llegan atraídos por el paisaje y muchos se quedan por la calidad humana de sus vecinos. Un pueblo "de nacimiento", cuidado, acogedor y solidario, lleno de vida y de historia compartida, donde cada vez hay más niños y donde el visitante es recibido con los brazos abiertos. Un auténtico pueblo ejemplar.

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