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Premio nacional en la cuna del caballo para un criador asturiano: "Antes teníamos mucha ilusión con los animales, ahora los jóvenes prefieren una moto o una bici"

Juan Antonio Tamés Allende, llanisco de 77 años afincado en el concejo de Parres, recibe en Sevilla el galardón "Ganadero del Año" y reivindica una vida de esfuerzo, humildad y amor por los animales

Juan Antonio Tamés y su nieta Lara en la ganadería La Toya, en Parres

Juan Antonio Tamés y su nieta Lara en la ganadería La Toya, en Parres / J. Quince

J. Quince

Parres

Por las manos de Juan Antonio Tamés Allende, de 77 años de edad, ha pasado toda una vida de trabajo, ligada a la tierra, al ganado y, sobre todo, a los caballos. Su pasión por estos animales que lo acompañan desde la infancia y su dedicación incansable le valieron el pasado mes de octubre el premio "Ganadero del Año" 2025, otorgado en Sevilla por la Asociación Española de Criadores de Caballos Anglo-árabes. Un reconocimiento nacional que celebra no solo la calidad y excelencia de su ganadería La Toya, ubicada en Parres, sino también la historia de esfuerzo, pasión y constancia que hay detrás.

El campo ha sido para él una constante que ha marcado su vida. Nacido en 1948 en un remoto caserío de Ardisana, en el concejo de Llanes, Juan Antonio Tamés Allende creció sin carretera, sin agua corriente ni luz eléctrica, "hasta los años setenta". De aquella infancia austera nació también su vínculo con los caballos: "Siempre monté mucho a caballo, pero por necesidad. Entonces se utilizaba como vehículo porque no había coches ni otro medio para ir al mercado, a los entierros o al médico", recuerda.

Un sueño infantil

Desde niño, Juan Antonio Tamés soñaba con tener sus propios caballos. De hecho, el primer regalo importante que pidió a los Reyes Magos fue precisamente una montura. Aquel pequeño que recorría los caminos de Llanes montado en un caballo humilde, sin imaginar razas ni pedigríes, acabaría cumpliendo su sueño décadas después. Hoy, es un referente nacional en la cría del caballo anglo-árabe, fruto del cruce entre pura sangre inglés y pura sangre árabe: "Son animales muy bellos, con buenos movimientos y adecuados para varios deportes. El anglo-árabe es un caballo fuerte, resistente y veloz", explica.

Juan Antonio Tamés, su nieta Lara, su hija Begoña, su yerno Eduardo y su mujer Begoña

Juan Antonio Tamés, su nieta Lara, su hija Begoña, su yerno Eduardo y su mujer Begoña / J. Quince

Tras casarse con su mujer, Begoña, vecina de la localidad llanisca de Caldueñu, el matrimonio, continuó con la tradición que ambos habían heredado, ya que ambos procedían de familias ganaderas. Con el tiempo decidieron trasladarse al concejo de Parres, buscando una vida más cómoda y mejor comunicada para sus tres hijos, Javier, Alberto y Begoña, y allí levantaron una de las explotaciones más importantes de la región: "Montamos una ganadería de leche, la mayor de Asturias desde finales de los años ochenta y hasta principios del 2000. Se ordeñaban 130 vacas mañana y tarde. Trabajamos mucho", cuenta con orgullo.

"Llegamos a tener 170 vacas"

Pasados los años, la actividad de la finca fue adaptándose a las circunstancias: "Quitamos las vacas de leche y metimos ganado de carne. Eso fue una comodidad muy grande, menos dinero, pero trabajamos mucho menos. Llegamos a tener 170 vacas", recuerda. Los caballos, que siempre formaron parte de su vida y del paisaje de la ganadería, fueron ganando terreno hasta convertirse en los verdaderos protagonistas de las 40 hectáreas de terreno que tienen en el concejo de Parres.

Su ganadería La Toya produce cada año entre diez y quince potros, todos nacidos y criados en casa. Los resultados hablan por sí solos: en la cuna del caballo, Sevilla, uno de sus animales fue proclamado como el mejor potro de España con una puntuación histórica de 8,96, "la más alta jamás otorgada en la categoría". Además, a título personal, recibió el reconocimiento como "Mejor Ganadero del Año", un premio que ha permitido situar a Asturias en el mapa en este ámbito: "Era la primera vez que acudíamos a este evento y vinimos muy contentos".

Caballos de la ganadería La Toya, Parres

Caballos de la ganadería La Toya, Parres / J. Quince

Juan Antonio Tamés dedica sus días a la cría, el cuidado y el disfrute de sus animales. En sus terrenos, cuenta con una treintena de caballos, entre ellos una docena de potrillos, catorce yeguas y varios sementales, que viven al aire libre, en un entorno natural y privilegiado. "No cebo ni tengo boxes para meterlos. Cuando los desteto, entonces ya los cebo con forraje de alfalfa alta en proteína para que generen estructura y crezcan. Si los engordas, no crecen", detalla.

Numerosos premios

Además de los recientes galardones, el ganadero llanisco ha cosechado numerosos premios en certámenes de Cangas del Narcea, Sevares (Piloña) o Cangas de Onís, donde sus potros y yeguas han destacado por su calidad.

Pero más allá de los trofeos, Tamés mantiene una filosofía clara: apoyar este tipo de eventos. "Hay que ayudar porque, si no, la cosa va para atrás. La afición está muy baja aquí en Asturias", puntualiza, y señala sobre todo a la gente joven: "Antes teníamos mucha ilusión con los animales, pero parece que ahora los jóvenes tienen más ganas de una moto o una bici que de un caballo. Costará lo mismo, pero requiere más esfuerzo y no se quieren implicar", lamenta.

Juan Antonio Tamés y su nieta Lara junto al premio recibido en Sevilla

Juan Antonio Tamés y su nieta Lara junto al premio recibido en Sevilla / J. Quince

En sus palabras se asoma cierta preocupación por el futuro del campo y la pérdida de población rural. Aun así, la esperanza se llama Lara, su pequeña nieta, que ya apunta maneras y parece seguir los pasos de sus abuelos en La Toya. Allí, donde un bello paisaje y sencillez de la cotidianidad acompañan, es donde está la felicidad para este ganadero: "No soy una persona que vaya al bar, a ver el fútbol o a jugar a las cartas. Este es mi entorno. La felicidad es muy barata, pero hay que buscarla cada uno a su manera, y esta es la mía".

En su sabiduría, humildad y constancia, Juan Antonio encarna la esencia del campo asturiano. Un mensaje que él mismo quiere transmitir y que resume su forma de entender el mundo rural: "Es importante que se escuche a las personas mayores de los pueblos, que tienen mucho que decir". Una lección de vida que aprendió de niño y que sigue pregonando y, sobre todo, practicando con el ejemplo: la del trabajo, la sencillez y la felicidad de quien, familia aparte, encuentra en los animales su mejor compañía.

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