Infiesto y Besançon se entienden, aunque... "ellos son más serios y nosotros un poco más gritones"
Alumnas de Piloña y Francia comparten un mes de aprendizaje y amistad en un intercambio europeo que el instituto local mantiene desde hace un lustro

Por la izquierda, Cathy García, Mélyne Flenet, Clara Prudhomme, Adriana García, Soraya Ordiales, Faustine Delaforge, Margareth Schneider, Paloma Marano, Lucía Pruneda, Alba López, Antonella Solorzano y Covadonga Fernández / J. Quince
J. Quince
En los pasillos del IES de Infiesto ya no sorprende escuchar voces con acento francés. Desde hace cinco años, el intercambio con la ciudad de Besançon, al este de Francia, se ha convertido en una cita esperada que deja huella en cada promoción. Este curso, un nuevo grupo de alumnas francesas ha llegado a Piloña para compartir aulas, comidas y vivencias con sus compañeras asturianas, como parte de un programa europeo que une a la Académie de Basançon y al Principado de Asturias.
El instituto piloñés es uno de los seleccionados de los ocho centros asturianos seleccionados para participar. Al igual que el año pasado, solo cinco alumnas han conseguido una de las 30 plazas disponibles, algo que el centro vive con entusiasmo: "Llevamos años participando y los alumnos cada vez lo tienen más normalizado. Solemos tener mucha solicitud, pero no todos pueden participar porque hay un máximo de cinco plazas por centro que se asignan en función del expediente académico", señala la profesora de francés Cathy García. "Hemos tenido suerte otra vez".
Intercambio en dos etapas
Las afortunadas en esta ocasión, con edades entre 14 y 16 años, son Lucía Pruneda, Soraya Ordiales, Adriana García, Antonella Solorzano y Alba López, acompañadas por las estudiantes francesas Clara Prudhomme, Paloma Marano, Faustine Delaforge, Mélyne Flenet y Margareth Schneider.
El intercambio se desarrolla en dos etapas: las asturianas viajaron a Francia el pasado septiembre, donde convivieron cuatro semanas con sus compañeras de Besançon. Ahora, tras un mes en Asturias, las galas regresan a casa después de una estancia intensa, llena de convivencia, aprendizaje y descubrimientos mutuos.
Durante su paso por la región, el grupo participó en diversas actividades culturales y deportivas. Una de las más destacadas fue una jornada de surf en Gijón, que encantó a las visitantes acostumbradas a una ciudad sin mar. También disfrutaron de una excursión en Oviedo, con visita a la Junta General del Principado y una yincana por el casco histórico.
Diferencias culturales
No todo fue fácil al principio. La barrera del idioma se hizo notar, aunque pronto se convirtió en una oportunidad para aprender a relacionarse: "De primeras fue muy duro, luego mejoró porque nos acostumbramos. Aprendimos mucho francés porque no quedaba otra", cuentan las alumnas asturianas. Del otro lado, las francesas coinciden: "Hablar español es muy difícil que entenderlo", señalaban entre risas.
Compararse, descubrirse y mirarse en el espejo del otro forma parte del viaje. Las diferencias culturales no tardaron en aparecer. Las españolas aseguran que lo más complicado fue adaptarse a los horarios: "Se levantan muy temprano, comen antes y salen de clase más tarde que nosotros". Las jóvenes de Besançon, en cambio, subrayaban "la cercanía de la gente" y lo mucho que les sorprendió "la relación tan próxima con los profesores".
"Creíamos que era una cultura muy parecida, pero no lo es tanto", reconocían. Aun así, las diferencias no fueron un obstáculo: con el paso de los días, las rutinas se mezclaron y la convivencia fluyó con naturalidad.
Desmontar tópicos
También hubo espacio para desmontar tópicos y derribar estereotipos: "Nos habían dicho que nos preparáramos porque las clases en España eran como un zoo, pero no es para nada así", confesaban las francesas. "Pensábamos que siempre llegaban tarde y tampoco es verdad", añadían. Las asturianas se sorprendieron del tono más tranquilo de nuestros vecinos europeos: "Ellos son más serios y nosotros un poco más gritones".
La gastronomía fue otro de los grandes descubrimientos para las de Besançon, quienes disfrutaron de la sidra, las croquetas, los polvorones y hasta los pinchos del instituto; mientras que las de Infiesto confesaron que durante su estancia en Francia echaron de menos los sabores de la tierrina.
Más allá del idioma o la comida, el intercambio ha sido, en palabras de todas, "una experiencia vital muy bonita y enriquecedora": "No es fácil salir de casa y de tu país a esta edad pero te ayuda a madurar y a comunicarte con otras personas", cuentan. Varias ya piensan en su futuro universitario y en repetir la experiencia con un Erasmus: "Conoces más mundo y ves que eres capaz de arreglarte sola si algún día tienes que trabajar en otro país", afirma una de las participantes. Incluso Clara, una de las alumnas francesas, se plantea venir a estudiar a Oviedo y convertirse en profesora de español.
"Merece mucho la pena"
El balance final es unánime: "Nos hemos sentido muy bien acogidas, tanto en las familias como en el instituto, y nos llevamos amigos para toda la vida", aseguran. Y a quienes se lo estén pensando, les dan un consejo claro: "Aunque parezca difícil o dé un poco de miedo, merece mucho la pena".
Después de dos meses compartiendo rutinas, idioma y costumbres, la despedida no fue fácil. Pero, como reconocen las chicas, este tipo de experiencias no se acaban al hacer la maleta: dejan nuevas amistades, recuerdos imborrables y una mirada distinta sobre el mundo que las rodea.
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