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Listo el cocodrilo que anuncia la Navidad en Arriondas: así es la famosa pieza de más de 200 kilos que une a generaciones nostálgicas

"La gente se para para mirar y nos hace gracia que días antes espíen, que miren por si está o no está", cuenta entre risas la gerente, María Agüeira

María Agüera en su escaparate.

María Agüera en su escaparate. / R. A. S.

J. M. Carbajal

Arriondas (Panes)

En Arriondas hay un lugar donde la Navidad no empieza con luces ni villancicos, sino con el olor dulce del mazapán recién hecho y con vecinos que se detienen frente a un escaparate como quien se asoma a un recuerdo. Es una confitería (Campoamor) de las de antes, de las que forman parte del alma del pueblo, y que desde 1944 no ha faltado a su cita con las fiestas.

"Sentimos como si la Navidad empezara con esto", confiesan desde el obrador su actual gerente, María Agüeria. Y no exagera. Cada diciembre, "generaciones tras generación" repite el mismo ritual: "pararse frente al escaparate y hacerse la foto de rigor" cerca de los numerosos mazapanes, con distintas formas, que pueblan este rincón. "Son abuelos, padres e hijos que hacen lo mismo, que se sacan la foto fuera para que se vea el escaparate", explica Agüeria con una mezcla de orgullo y emoción.

El gran protagonista

El gran protagonista vuelve a ser este año un espectacular cocodrilo de mazapán que supera los 200 kilos. Una pieza monumental que atrae miradas curiosas día tras día. "La gente se para para mirar y nos hace gracia que días antes espíen, que miren por si está o no está", cuenta entre risas. Y es que ese ir y venir frente al cristal ya forma parte de la tradición navideña de Arriondas.

Mazapanes en el escaparate.

Mazapanes en el escaparate. / J. M. Carbajal

El secreto del éxito no ha cambiado en ocho décadas: un mazapán artesanal, "sin conservantes, elaborado durante cuatro días con paciencia" y oficio. Se vende rápido, casi siempre todo. El kilo cuesta 30 euros, pero quienes lo compran aseguran que el precio queda en segundo plano. "Lo que se valora es la calidad y los recuerdos que te trae", dice Agüeria, consciente de que los clientes no se llevan solo un dulce, sino un pedazo de memoria.

Una historia que nació en 1944

La confitería nació en 1944 de la mano de dos Josés y fue pasando de generación en generación. En 1987 dio el relevo a sus trabajadores y hoy está regentada por María, la mujer de uno de ellos, tras la jubilación de su marido y del último socio que compartió aquella aventura empresarial. Los demás ya no están. "Estoy muy orgullosa de continuar", afirma, recordando lo duro y lo especial de una carrera dedicada a mantener vivo un negocio tradicional, de los que dieron trabajo a familias de la zona y sostuvieron costumbres que hoy son patrimonio sentimental.

Además del famoso cocodrilo, el obrador sorprende cada año con figuras de mazapán que van desde piraguas hasta un K1 en homenaje a su hijo, el olímpico Javier Hernanz Agüeria, y otras formas que prefieren no desvelar para no romper la magia. Porque aquí la sorpresa también es parte del encanto.

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