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Las monjas dejan este jueves el Hogar Beceña tras años de atención a los mayores de Cangas de Onís

La salida de las monjas, pertenecientes a la orden de las Carmelitas Mensajeras del Espíritu Santo, no implica el cierre del centro ni afecta a sus cerca de 120 residentes

Entrada principal del Hogar de la Fundaciín Beceña González.

Entrada principal del Hogar de la Fundaciín Beceña González. / Arzobispado de Oviedo

Almudena Iglesias

Cangas de Onís

Las monjas abandonarán definitivamente este jueves la residencia de mayores de Cangas de Onís, poniendo fin a décadas de atención social y asistencial en el municipio. La salida de las cuatro religiosas de las Carmelitas Mensajeras del Espíritu Santo, que llegaron al Hogar hace dos años, tras pasar catorce en Covadonga, supone no solo el adiós a una comunidad religiosa, sino la pérdida de un proyecto asistencial profundamente arraigado en la historia de Cangas de Onís. Las monjas se incorporarán ahora a otras misiones que la congregación tiene en España, Italia y Francia.

La decisión fue comunicada ayer a los trabajadores del Centro por el presidente de la Fundación que rige la institución, y párroco de Cangas, Diego Macías Alonso, entidad privada heredera del legado de Camila Beceña. La salida de las monjas ha provocado una honda tristeza entre los residentes y sus familias, así como entre los trabajadores del centro. El sentimiento de pena se extiende también muchos vecinos de Cangas de Onís, que reconocen la cercanía y la dedicación de las religiosas.

Despedida discreta

La despedida de las monjas se produce de manera discreta, fiel al carácter de una labor silenciosa y constante que ha marcado la historia del centro. Desde el ámbito eclesial se reconoce que esta situación no es exclusiva del Hogar Beceña: la mayoría de las congregaciones atraviesan una grave falta de relevo generacional, con comunidades muy envejecidas y una práctica inexistencia de nuevas vocaciones. El propio párroco de Cangas de Onís ha tratado sin éxito de encontrar otras religiosas que puedan hacerse cargo de la residencia, una tarea que se está revelando casi imposible en el contexto actual.

El Hogar Beceña González nació en los años cuarenta del pasado siglo gracias a la generosa iniciativa del matrimonio formado por Camila Beceña y Ramón González, que donaron sus bienes para acoger a las familias más pobres y necesitadas de la zona. Desde sus inicios estuvo dirigido por religiosas y, concretamente, desde 1978 por la congregación de las Franciscanas de la Madre del Divino Pastor, a la que perteneció la recordada hermana Marcelina Martínez Paniagua.

Profunda transformación

Cuando las Franciscanas asumieron la dirección del Hogar, el centro se encontraba en condiciones muy precarias y contaba con pocos residentes. Sin embargo, bajo el impulso de sor Marcelina –directora durante más de veinte años, cargo que ocupó prácticamente hasta su fallecimiento en agosto de 2019–, la residencia experimentó una profunda transformación. Se ampliaron las instalaciones, se levantaron nuevos pabellones y se profesionalizó el servicio, hasta el punto de ser reconocida por instituciones del Principado como Centro de Referencia.

La figura de la hermana Marcelina quedó además estrechamente ligada a Asturias. Fue nombrada Hija Adoptiva de Llanes, localidad donde desarrolló una parte fundamental de su labor religiosa y social. La religiosa falleció en León a las pocas horas de recibir dicho nombramiento; se encontraba ya retirada y gravemente enferma. Sus restos descansan en Cangas de Onís, su último destino, al que permaneció unida hasta el final.

Una labor callada

El prestigio alcanzado por el Hogar Beceña se apoyó en la calidad asistencial, el trato humano a los mayores y la formación del personal. La residencia ha mantenido además un modelo solidario fiel al espíritu de sus fundadores: cada residente paga según sus posibilidades económicas, evitando que nadie tenga que marcharse por no poder afrontar el coste del servicio. El boca a boca de familiares e internos ha sido siempre la principal vía de llegada de nuevos residentes. 

Este adiós cierra una etapa marcada por una labor callada, compasiva y constante, ejercida durante décadas sin apenas hacer ningún ruido. Como su marcha...

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