Así fue el adiós de las monjas del Hogar de Cangas de Onís: "La residencia no corre peligro"
"Las hermanas pueden estar orgullosas, porque dejan el centro mejor, en todos los ámbitos, de como estaba cuando llegaron", destaca el alcalde, José Manuel González

La despedida de las cuatro monjas del Hogar Beceña González, ayer, con la presencia del párroco local, Diego Macías –quinto por la izquierda–, la hermana Ana Paola –sexta–, la integrante del patronato Berta Escandón –octava–, el Alcalde –primero por la derecha– y los sacerdotes João y Modesto. | CEDIDA A LNE
Ramón Díaz / Almudena Iglesias
Las monjas abandonaron ayer definitivamente el Hogar Beceña González de Cangas de Onís, poniendo fin a años de atención y dedicación social y asistencial en el municipio, tal y como había adelantado LA NUEVA ESPAÑA. La salida de las cuatro religiosas de las Carmelitas Mensajeras del Espíritu Santo, que llegaron al Hogar hace dos años, tras pasar catorce en Covadonga, supone no solo el adiós a una comunidad religiosa, sino la pérdida de un proyecto asistencial profundamente arraigado en la historia del concejo. Las monjas se incorporarán a otras misiones que la congregación tiene en España, Italia y Francia.
El inesperado adiós de las monjas no implica el cierre del centro, ni afecta a sus más de 100 residentes. "La residencia no corre peligro", subrayó el alcalde cangués, José Manuel González Castro, que agradeció a las religiosas la "gran labor y el trabajo" que han realizado durante estos años. "Las hermanas pueden estar orgullosas, porque dejan la residencia mejor en todos los ámbitos de lo que estaba cuando llegaron. Y ha sido gracias a su trabajo, a su implicación, a su interés y a su dedicación", resaltó el regidor, quien aseguró que los residentes y sus familiares pueden estar "tranquilos", porque el centro seguirá abierto.
Despedida discreta
La despedida de las monjas se produjo a primera hora de la mañana, de manera discreta, fiel al carácter de una labor silenciosa y constante que ha marcado la historia del centro. Acudió a la despedida de las monjas la hermana Ana Paola, delegada de la congregación para Europa, quien agradeció el trato que recibieron las hermanas del patronato.
La residencia está siendo gestionada en la actualidad por la Fundación Summa Humanitate, por orden del patronato de la Fundación Beceña González. Un patronato en el que hay dos representantes de la Iglesia y dos del Ayuntamiento.
Honda tristeza
La decisión había sido comunicada el miércoles a los trabajadores del Centro por el presidente de la Fundación Beceña González y párroco de Cangas de Onís, Diego Macías Alonso. La salida de las monjas ha provocado honda tristeza entre los residentes y sus familias, así como entre los trabajadores del centro. El sentimiento de pena se extiende también muchos vecinos de Cangas, que reconocen la cercanía y la dedicación de las religiosas.
Desde el ámbito eclesial se reconoce que esta situación no es exclusiva del Hogar Beceña González: la mayoría de las congregaciones atraviesan una grave falta de relevo generacional, con comunidades muy envejecidas y una práctica inexistencia de nuevas vocaciones. El propio párroco de Cangas de Onís ha tratado sin éxito de encontrar otras religiosas que puedan hacerse cargo de la residencia, una tarea que se está revelando casi imposible en el contexto actual.
El recuerdo de la hermana Marcelina
El Hogar Beceña González nació en los años cuarenta del pasado siglo gracias a la generosa iniciativa del matrimonio formado por Camila Beceña y Ramón González, que donaron sus bienes para acoger a las familias más pobres y necesitadas de la zona. Desde sus inicios estuvo dirigido por religiosas y, desde 1978, por la congregación de las Franciscanas de la Madre del Divino Pastor, a la que perteneció la recordada hermana Marcelina Martínez Paniagua, directora del Hogar durante más de veinte años, cargo que ocupó hasta poco antes su fallecimiento, en agosto de 2019.
Cuando las Franciscanas asumieron la dirección del Hogar, el centro se encontraba en condiciones muy precarias y contaba con pocos residentes. Sin embargo, bajo el impulso de sor Marcelina la residencia experimentó una profunda transformación. Se ampliaron las instalaciones, se levantaron nuevos pabellones y se profesionalizó el servicio, hasta el punto de ser reconocida por instituciones del Principado como Centro de Referencia.
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