La Feria de Invierno de Cangas de Onís, un refugio para el pequeño comercio tras la Navidad
Dieciséis comercios locales se dan cita en La IV edición de la Feria De Invierno, en una iniciativa que combina rebajas, cercanía y apoyo al comercio de proximidad tras la campaña navideña

Feria de Invierno Cangas de Onís / M.T.N
María Terente Nicieza
En pleno mes de enero, cuando las luces navideñas ya se han apagado y el pulso comercial suele desacelerarse, Cangas de Onís vuelve a demostrar que el comercio de proximidad sigue teniendo músculo, público y sentido social. La IV Feria de Invierno, instalada este fin de semana en la carpa de la plaza Camila Beceña, junto al Ayuntamiento, se ha convertido en un punto de encuentro entre comerciantes, vecinos y visitantes que comparten algo más que compras: conversación, cercanía y apoyo mutuo.
La iniciativa, impulsada por el Ayuntamiento de Cangas de Onís y respaldada por dieciséis comercios locales, celebra este año su cuarta edición con una acogida que confirma su consolidación en el calendario local. La feria permanecerá abierta hasta las cinco de la tarde de este domingo y se espera una mayor afluencia durante la tarde del sábado y la mañana dominical, coincidiendo con la actuación de un grupo de música local que amenizará la sesión vermú.
Centralizar, visibilizar y facilitar
La concejala de Festejos, Contratación y Comercio, Mónica Gutiérrez, resume con claridad la filosofía que dio origen a la feria y que sigue guiando su desarrollo cuatro años después. “Se trata de centralizar un poquitín, reunir el pequeño comercio y que la gente lo tenga más fácil. Darle visibilidad, y animar a la gente a salir de casa y que vean que no hace falta irse al Parque Principado para ver una gran oferta”, explica.
La frase condensa el espíritu de una iniciativa que busca competir en un terreno desigual. Enero es tradicionalmente un mes complicado para el pequeño comercio: el gasto navideño ha dejado las carteras resentidas, las grandes superficies despliegan agresivas campañas de rebajas y el comercio online mantiene su presión constante. Frente a ese escenario, la Feria de Invierno ofrece una alternativa basada en la proximidad, el trato directo y la concentración de oferta en un mismo espacio.
Dieciséis comercios y un mismo objetivo
En esta cuarta edición participan dieciséis comercios de la localidad, entre ellos negocios con una larga trayectoria en Cangas de Onís y otros proyectos más recientes que encuentran en la feria una oportunidad para darse a conocer. La diversidad es una de las claves del éxito: ropa, calzado, productos artesanales y artículos hechos a mano conviven bajo la misma carpa.
Los puestos que más público congregan son, sin sorpresa, los de ropa y calzado, donde las rebajas actúan como reclamo inmediato. Las perchas se vacían a buen ritmo y las bolsas se acumulan en manos de los visitantes, que recorren el recinto con calma, comparan precios y charlan con los comerciantes.
Pero la feria va más allá del descuento. Para muchos negocios, supone una forma de dar salida a stock tras la campaña navideña y, al mismo tiempo, de mostrar su oferta a un público que quizá no cruza habitualmente la puerta de su establecimiento durante el resto del año.
Una infraestructura al servicio del comercio local
La feria se celebra en la misma carpa que, semanas atrás, acogió el mercado navideño y el parque infantil de Navidad, una reutilización de la infraestructura municipal que permite optimizar recursos y alargar la vida útil de un espacio pensado para dinamizar la villa durante los meses de invierno.
El Ayuntamiento de Cangas de Onís se encarga de la infraestructura y la seguridad, liberando a los comerciantes de esa carga organizativa. El recinto está calefactado, un detalle nada menor en enero en Asturias, y cuenta con servicio de bar, lo que invita a los visitantes a alargar su estancia y convertir la compra en un plan más relajado.
Comprar, pero también encontrarse
Uno de los rasgos más visibles de la Feria de Invierno es su dimensión social. No es solo un espacio de compra, sino también un lugar de encuentro. Los clientes habituales de los comercios participantes se acercan estos días para saludar, charlar y ponerse al día con quienes les atienden durante todo el año.
Ese ambiente se percibe en los pasillos de la carpa, donde los saludos se repiten y las conversaciones se alargan más allá de la transacción. La feria crea comunidad, refuerza vínculos y devuelve al acto de comprar una dimensión humana que se pierde con facilidad en otros formatos de consumo.
La voz de los visitantes
La respuesta del público es uno de los indicadores más claros del éxito de la iniciativa. Natalia Priede y sus amigas salen de la feria con varias bolsas en la mano y una sonrisa que delata satisfacción. “Nos mereció la pena”, aseguran, una valoración sencilla que resume el sentir de muchos visitantes.
La feria no atrae únicamente a público local. Un grupo de amigas procedentes de Burgos, que visitan Asturias este fin de semana, confiesa haber caído en la tentación. “Ya hemos picado. He comprado dos vestidos”, comentan entre risas. Para ellas, la iniciativa tiene un valor añadido: “Nos parece muy bien, sobre todo para ver pequeños comercios que de otra forma nos pasarían desapercibidos”.
Este tipo de testimonios refuerza la idea de que la feria amplía su impacto más allá del ámbito local, convirtiéndose también en una ventana al comercio de Cangas de Onís para quienes están de paso.
El papel de las redes y el boca a boca
La promoción del evento recae en gran medida en los propios comercios participantes, que utilizan sus redes sociales para anunciar su presencia y movilizar a su clientela. El boca a boca sigue siendo igualmente eficaz. “Yo soy de Arriondas y vine porque alguien me lo dijo”, comenta una visitante, reflejando cómo la información circula de manera natural entre municipios cercanos.
Esta implicación directa de los negocios refuerza el carácter colaborativo de la feria. No se trata de competir entre ellos, sino de sumar esfuerzos para atraer público y fortalecer el tejido comercial local.
La experiencia de los comerciantes
Para los comerciantes, la Feria de Invierno es algo más que un fin de semana de ventas. Isabel Rimada lo sabe bien. Vende productos hechos a mano con cera de abeja natural y participa por segundo año consecutivo. “El año pasado me fue bien”, afirma, una frase breve que explica por sí sola su regreso.
Rimada también destaca el ambiente que se respira en la feria. “Ojalá se haga muchos años más, porque ayuda mucho al emprendedor”, exclama con una sonrisa. Sus palabras apuntan a una realidad compartida por muchos pequeños negocios: la dificultad de ganar visibilidad y la importancia de contar con espacios que respalden el trabajo artesanal y local.
Competir con las grandes superficies
La Feria de Invierno nace, en parte, como respuesta a las rebajas de las grandes superficies y al peso creciente del comercio online. Sin pretender competir en volumen, sí lo hace en cercanía, atención personalizada y experiencia.
Mientras Amazon o los centros comerciales ofrecen rapidez y anonimato, la feria apuesta por el contacto directo, el asesoramiento y la confianza construida con el tiempo. Para muchos consumidores, esa diferencia sigue siendo determinante.
Incentivos, música y solidaridad
El componente lúdico también forma parte de la propuesta. Entre las personas que realicen una compra en cualquiera de los comercios participantes se sorteará un premio de 300 euros para gastar en los propios establecimientos de la feria. El ganador se dará a conocer este domingo a las dos de la tarde y deberá estar presente para reclamar el premio.
La música en directo durante la sesión vermú del domingo añade un atractivo más y refuerza la idea de la feria como un plan completo, no solo comercial.
A ello se suma la dimensión solidaria. Un puesto recauda fondos para la iniciativa “El ángel de Javi”, que busca reunir 1.500.000 dólares para que Javi, un niño con síndrome de NedAMSS, pueda acceder a una terapia génica experimental. La feria vuelve así a mostrar su lado más humano, integrando la solidaridad en un evento centrado en la comunidad.
Cuatro años de crecimiento sostenido
Desde su primera edición, la Feria de Invierno ha ido afianzándose y creciendo de forma progresiva. Cada año suma comercios y público, consolidándose como una cita esperada tanto por vendedores como por clientes.
La repetición de los negocios participantes es una prueba clara de que la fórmula funciona. Da salida a stock, genera ventas en un mes complicado y, sobre todo, refuerza la visibilidad del comercio local.
Mucho más que ventas
Más allá de los datos y las cifras, la Feria de Invierno de Cangas de Onís deja una imagen difícil de medir pero fácil de percibir: la de un comercio vivo, cercano y con capacidad de adaptación. Un comercio que no se resigna a desaparecer ni a quedar diluido entre grandes marcas.
La feria demuestra que el pequeño comercio sigue siendo un elemento vertebrador de la vida local, un espacio de relación y un motor económico que merece apoyo institucional y ciudadano.
En un contexto de cambios profundos en los hábitos de consumo, Cangas de Onís ofrece, un año más, una respuesta sencilla y eficaz: reunirse, colaborar y abrir las puertas para que la gente vuelva a encontrarse. Porque comprar, aquí, sigue siendo también una forma de hacer comunidad.
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