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José Antonio Anca, el arqueólogo de la memoria de Llanes: así se veía el concejo en 1917

El recuperador del patrimonio del concejo llanisco recuerda los hallazgos de las películas que pusieron las primeras imágenes filmadas de Asturias, en la V edición del festival de cine asturiano

Jose Antonio Anca

Jose Antonio Anca / M.T.N.

María Terente Nicieza

Cangas de Onís

El antiguo locutor que lleva casi cuatro décadas rescatando papeles, objetos y que encontró las dos películas más antiguas conservadas en Asturias, echa la vista atrás aprovechando que el cine asturiano ha tomado la villa, en la V edición del festival de cine asturiano Oriéntate. Su deseo, que la memoria no vuelva a quedar a oscuras.

José Antonio Anca empezó hace casi 40 años la labor que sigue ocupando, a día de hoy, su tiempo y su memoria. La cantidad de objetos que ha redescubierto es abrumadora, pero lo es más la cantidad de historias que guarda en la cabeza: un archivo vivo que no cabe en estanterías y que, sin embargo, necesita de espacios para no desvanecerse.

Pocos en Llanes conservan como él el hilo fino de lo que ocurrió y dónde. Hay quien lo busca por un apellido que se perdió en un padrón, por una foto sin fecha, por un libro que alguien juraría haber visto en la casa de los abuelos. Anca escucha, pregunta, enlaza pistas cuál detective del Londres victoriano, y vuelve con una respuesta o, al menos, con un camino. En los altillos y desvanes de las casas llaniscas, en esos lugares donde se guardan cosas “para algún día”, ha aprendido a detectar lo que para otros es trasto y para él es relato.

Los comienzos

Aunque ya desde su adolescencia le apodaban “papelinos” por su afán de anotar lo que no quería olvidar, la chispa investigadora prendió con un objeto mínimo y una pregunta grande. Un marinero que hacía obras en la capilla de Santa Ana encontró un artilugio extraño que le dio a Anca para que averiguara su procedencia. Aquella pieza resultó ser un cortador de ballenas. El primer objeto descifrado, y cedido después al Aula del Mar, fue también un primer aviso: si se pierde el significado, se pierde la historia. Y Anca decidió que no.

Desde entonces, cada hallazgo se le fue convirtiendo en tarea. No solo por lo que aparecía, sino por lo que lo rodeaba: la persona que lo guardó, el motivo, la fecha aproximada, el silencio familiar. Así, sin hacer ruido, fue hilvanando la historia del concejo con retazos que estaban a punto de romperse. Su forma de trabajar y su manera de estar en el mundo lo han convertido en arqueólogo de la memoria.

La lata y el león

El salto del papel al celuloide llegó, como tantas cosas en Llanes, a través de una conversación. Pilar Junco le confió una vieja lata de película que al principio despistó a Anca. «En la lata ponía "Llanes 1917" pero tiré hacia arriba y veía al león de la Metro. Pensé que estaba equivocada. Es que la película estaba descabezada y habían pegado un trozo del león de la Metro para tirar de la película. Seguí tirando y ya apareció una aldeana», recuerda.

Aquella escena , la aldeana emergiendo después del león, fue también la entrada a un túnel del tiempo. El hallazgo abrió la puerta a una relación decisiva: la que mantuvo con Juan Mariné, figura clave de la restauración fílmica en España. «Lo que decidimos fue llevarla a Madrid. Yo tenía un conocido allí, Ramón Rubio, que trabajaba en la Filmoteca y me dijo, hombre, pues tenemos aquí un manitas, que es Fran Mariné», cuenta Anca, reconstruyendo el tipo de cadena humana que hace posible que un patrimonio frágil llegue vivo al presente.

“Llanes 1917” se asoma a la villa de hace más de un siglo, con escenas que hoy reflejan la vida y el paisaje de entonces. «Es recuperar la memoria de la localidad de Llanes, de la gente, cómo vivían. En “Llanes 1917” se ven los críos en la playa, la gente saliendo de misa», resume Anca. La película, considerada la segunda más antigua conservada en Asturias, no solo enseña calles, enseña identidad.

Un año y medio para dos minutos

Tiempo después llegó otra caja. Esta vez, el portador fue un médico. Y al abrirla, el diagnóstico fue inmediato: fragilidad absoluta. «La abrí, y era como una hoja de otoño, frágil», asegura Anca. Aun así, decidieron intentarlo. «Mariné tardó un año y medio. Eran dos minutos de película, pero la restauró», afirma.

En esos dos minutos estaba la estación de ferrocarril de Llanes poco después de su inauguración en 1905. El ferrocarril como promesa de modernidad y como escena cotidiana, capturada cuando el cine todavía era una novedad y Asturias apenas tenía imágenes en movimiento. Con esa restauración, Llanes recuperaba un espejo. Asturias, la película más antigua hasta la fecha.

Un espacio para que no se apague

La historia de estas dos películas, encontradas por Anca y salvadas con paciencia, cobra un sentido especial justo ahora que Llanes se llena de pantallas y conversaciones sobre cine con la V edición del Festival de Cine Asturiano Oriéntate, que se celebra estos días en la villa. El presente cultural ayuda a mirar el pasado: lo conecta, lo actualiza, lo vuelve necesario.

Pero Anca insiste en lo esencial, la memoria no se conserva sola: “Hace falta cuidado, un lugar, un espacio para que objetos, documentos y cintas no vuelvan a quedar en cajas, ni dependan solo del recuerdo de una persona.” Mantener viva la historia de Llanes, parece decir su trayectoria, no es un gesto nostálgico, es una responsabilidad compartida.

Recoger el testigo

Precisamente ahora que la localidad acoge el festival de cine, es importante poner en valor estos hallazgos que recuperan parte de la memoria del concejo y permiten a los llaniscos conocer cómo eran sus antepasados y los lugares que ahora habitan. La edición de este año del festival, deja la esperanza de nuevas generaciones dispuestas a mirar hacia atrás para entenderse, que valoran trabajos como el de Anca y que impulsados por las nuevas formas de difusión, le dan continuidad al legado de la memoria local.

En la pieza “Mi patrimonio en un minuto”, Javier Gutiérrez explora junto al alumnado del IES de Llanes identidad, memoria y paisajes en relatos breves que redescubren la historia del concejo. Esta es otra forma, más contemporánea, de hacer lo mismo que Anca lleva décadas intentando, que nada se pierda sin que al menos quede contado.

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